Saturday, August 13, 2005

Capítulo 10: La Casa de Gaunt por ely

Durante el resto de las clases de Pociones de esa semana, Harry continuó siguiendo las instrucciones del Príncipe Mestizo siempre que estas difirieran de las de Libatius Borage, de forma que para la cuarta clase Slughorn estaba entusiasmado con la habilidad de Harry, diciendo que pocas veces había dado clase a alguien con tanto talento, cosa que no entusiasmaba ni a Ron ni a Hermione. Aunque Harry se había ofrecido a compartir su libro con ellos, a Ron le costaba más descifrar la caligrafía que a Harry, y no podía pedirle a éste que lo leyera en voz alta porque podría parecer sospechoso. Mientras tanto, Hermione seguía con determinación lo que ella llamaba las ‘instrucciones oficiales’, pero se ponía cada vez de peor humor conforme veía que obtenía peores resultados que el Príncipe.
Harry se preguntó vagamente quién había sido el Príncipe Mestizo. Aunque la cantidad de tarea que habían recibido le impidió leer todo su libro de ‘Fabricación de Pociones Avanzado’, le había echado un vistazo lo suficiente como para darse cuenta de que el Príncipe apenas había hecho notas adicionales en algunas páginas, y no todas ellas relacionadas con Pociones. Aquí y allá habían instrucciones de encantamientos que el Príncipe se había inventado.
‘O ella,’ dijo Hermione irritada, oyendo a Harry señalar a Ron algo fuera del salón común el sábado por la noche. ‘Podría haber sido una chica. Pienso que la escritura a mano parece más de una chica que de un chico.’
‘El Príncipe Mestizo, él fue elegido,’ dijo Harry. ‘¿cuántas chicas han sido Príncipes’?
Hermione no tuvo respuesta para esto. Ella simplemente lo miró con ceño y tiró bruscamente de su ensayo ‘Los Principios de Materialización’ fuera de la vista de Ron, quien estaba tratando de leerlo cabeza abajo.
Harry miró su reloj y rápidamente puso la antigua copia de ‘Pociones Avanzadas’ de vuelta a su mochila. ‘Son las ocho menos cinco!, mejor me voy, llego tarde con Dumbledore.’
‘¡Ooooh!’ dijo Hermione jadeando, mirando hacia arriba de inmediato. ¡’Buena suerte! ¡ Esperaremos, queremos oír lo que él te enseña!’
‘Espero que te vaya bien,’ dijo Ron, y observaron a Harry salir directo por el hueco del retrato.
Harry atravesó los pasillos desiertos, aunque tuvo que dar un salto precipitadamente detrás de una estatua cuando la profesora Trelawney apareció girando por una esquina, mascullando para sí misma, barajando unos naipes e interpretando lo que estos le decían:
‘Dos de espadas: el conflicto,‘ se quejó. Cuando ella pasó por el lugar dónde Harry estaba escondido y encorvado, dijo: ‘Siete de espadas: un mal presagio. Diez de espadas: la violencia. La sota de espadas: un joven oscuro, posiblemente preocupado, uno a quien le desagradan las preguntas ...‘
Ella se paró en seco, delante del otro lado de la estatua donde estaba Harry.
‘Pues bien, esto no puede ser correcto,’ dijo molesta, y Harry la oyó reorganizar los naipes vigorosamente cuando se puso en camino otra vez, despidiendo nada menos que olor de jerez detrás de ella. Harry esperó hasta que estuvo realmente seguro de que la profesora se había ido, luego fue deprisa otra vez hasta que alcanzó el lugar en el séptimo corredor del piso donde había una gárgola contra la pared.
‘Palomitas Ácidas’ dijo Harry, y la gárgola brincó a un lado. La pared de detrás se deslizó aparte, y una escalera espiral de piedra en movimiento fue revelada, encima de la cual Harry dio un paso, y fue ascendido en círculos suaves hasta la puerta con la aldaba del latón que le indicaba la Oficina de Dumbledore.
Harry llamó a la puerta.
‘Entra,’ dijo Dumbledore.
‘Buenas noches, señor,’ dijo Harry, entrando en la oficina del director.
‘ Ah, buenas noches, Harry. Siéntate,‘ dijo Dumbledore, sonriendo. ‘Espero que hayas tenido una primera semana de regreso en la escuela agradable!’
‘Sí, gracias, señor,’ dijo Harry.
‘Has debido estar ocupado, ya has estado castigado una vez.’
‘Er,’ empezó a decir Harry torpemente, pero Dumbledore no le dejó terminar.
‘He llegado a un acuerdo con el Profesor Snape. Cumplirás tu detención el sábado siguiente en lugar de este.’
‘Bien,’ dijo Harry, que había estado pensando el problema de la detención de Snape, mirando alrededor para encontrar alguna indicación de lo que Dumbledore pensaba hacer con él esa tarde. La oficina circular estaba como siempre, los instrumentos de plata delicados estaban de pie sobre mesas, echando humo y zumbando, los retratos de los directores y directoras anteriores de la escuela dormitaban en sus marcos, y el magnífico fénix de Dumbledore, Fawkes, estaba de pie sobre su percha detrás de la puerta, observando a Harry con mucho interés. Aún no entendía como Dumbledore había hecho lugar para las sesiones de duelos.
‘Entonces, Harry,’ dijo Dumbledore, con voz seria. ‘has estado preguntándote, estoy seguro, qué he planificado para ti durante estas – por falta de una mejor palabra – clases.’
‘Sí, señor.’
‘Pues bien, he decidido que es hora -ahora que ya sabes que Lord Voldemort ha intentado matarte desde hace quince años- ... que es hora de que recibas cierta información.’ Hizo una pausa.
‘Usted dijo, al final del último curso, que me lo iba a contar todo,’ dijo Harry intentando que no se notara una nota de acusación en su voz. ‘Señor,’ añadió
‘y así hice,’ dijo Dumbledore plácidamente. ‘te dije todo lo que sé. De ahora en adelante, peregrinaremos conjuntamente a través de los pantanos lóbregos de la memoria en matorrales de conjeturas descabelladas. De aquí en adelante, Harry, puedo estar tan tristemente equivocado como Humphrey Belcher, quien creyó que era hora para hacer un caldero de queso.’
‘¿Pero piensa que está en lo correcto?’ dijo Harry.
‘Naturalmente, pero como ya te he demostrado, cometo errores como cualquier hombre. De hecho, siendo – con perdón – más inteligente que la mayoría de los hombres, mis errores tienden a ser correspondientemente más enormes.’
‘Señor,’ dijo Harry, ‘¿va a contarme algo que tiene que ver con la profecía? Algo que me ayudará a ... sobrevivir?’
‘Tiene algo que ver con la profecía,’ dijo Dumbledore, como si estuviera hablando del tiempo ‘y ciertamente espero que te ayude a sobrevivir.’
Dumbledore llegó a sus pies y paseó alrededor del escritorio, Harry se volvió a su asiento ansiosamente para observar a Dumbledore inclinándose sobre el gabinete al lado de la puerta. Cuando Dumbledore se enderezó, sujetaba una familiar copa poco profunda grabada con marcas extrañas alrededor de su cerco. Dumbledore colocó al Pensadero en el escritorio delante de Harry.
‘Pareces preocupado.’
Harry ciertamente había estado pensando en el Pensadero con aprensión. Sus experiencias previas con el dispositivo extraño que almacenó y reveló pensamientos y memorias, sin embargo altamente instructivo, también había sido incómodo. La última vez, Harry había disturbado su contenido, y había visto bastante más de lo que había deseado. Pero Dumbledore estaba sonriente.
‘Esta vez, entrarás en el Pensadero conmigo ... Y, aún más extraordinario, lo harás con permiso!’
’¿A dónde vamos, señor?’
‘Hacia la senda de la memoria de Bob Ogden,’ dijo Dumbledore, sacando de su bolsillo una botella de cristal que contenia una sustancia blanca con un plateado remolino.
‘¿Quién era Bob Ogden?’
‘Era un empleado del Departamento de Ejecución de la Ley Mágica,’ dijo Dumbledore. ‘Murió tiempo atrás, pero no antes de que le siguiera la pista y le persuadiera a confiarme estas memorias para mí. Estamos a punto de acompañarle en una visita que él hizo en el transcurso de sus tareas. Si te levantas, Harry ...’
Pero Dumbledore tenía dificultad para arrancar el tapón de la botella de cristal: su mano dañada parecida tiesa y dolorosa.
’¿Lo hago yo, señor?’
‘Déjalo, Harry –’
Dumbledore apuntó su varita en la botella y el corcho salió volando.
¡¿Señor – cómo se dañó la mano?’ preguntó Harry otra vez, mirando los dedos ennegrecidos con una mezcla de revulsión y piedad.
‘Ahora no es el momento para esa historia, Harry. Todavía no. Tenemos una cita con Bob Ogden.’
Dumbledore inclinó el contenido plateado de la botella en el Pensadero, dónde se formaron remolinos y brillaron tenuemente, ni líquido ni gas. ‘Tú primero,’ dijo Dumbledore, gesticulando hacia el tazón. Harry se encorvó hacia adelante, tomó aliento profundamente, y metió su cara en la sustancia plateada. Sintió sus pies dejar el piso de la oficina, estaba cayendo, viniéndose abajo y girando en la oscuridad y luego, muy repentinamente, parpadeó en la luz del sol deslumbrante. Antes de que sus ojos se ajustasen, Dumbledore aterrizó a su lado.
Estaban en un camino rural bordeado por setos vivos altos, enmarañados, bajo un cielo de verano tan brillante y azul como un nomeolvides. A unos diez pies delante de ellos vieron a un hombre pequeño, regordete, con gafas enormemente gruesas sobre unos ojos tan reducidos que parecían motas. Éste leía una señal de guía de madera que dejaba asomar del matorral en el lado izquierdo de la carretera. Harry supo que éste debía ser Ogden. Era la única persona a la vista, y llevaba también puesto el surtido de ropas extrañas tantas veces escogidas por magos inexpertos tratando de parecerse a Muggles: en este caso, una levita y riñas sobre un traje de baño de una sola pieza rayado. Antes de que Harry se diera cuenta, Ogden se había puesto en marcha con paso enérgico hacia debajo de la senda.
Dumbledore y Harry entendieron. Cuando pasaron la señal de madera, Harry contempló sus dos direcciones. El que partía de atrás que apuntaba la zona de la que habían venido decía: Gran Hangleton, 5 millas. La orientación del brazo que había seguido Ogden decía: Pequeño Hangleton, 1 milla.
Caminaron por un camino pequeño con nada para ver excepto los setos vivos, el cielo azul en lo alto y un sonido silbante, y las ropas que recubrían la figura de adelante. Luego la senda se curvaba hacia la izquierda y se inclinaba en pendiente hacia una ladera, hasta que al fin vieron repentina e inesperadamente un valle entero delante de ellos. Harry podía ver un pueblo, indudablemente el Pequeño Hangleton, acurrucado entre dos acantilados, su Iglesia y su cementerio claramente visibles. A través del valle, en la ladera opuesta, había una casa particularmente sustanciosa rodeada por un espacio ancho de césped verde aterciopelado.
Ogden había acelerado su trote debido a la cuesta descendente pronunciada. Dumbledore alargó su zancada, y Harry se apresuró para seguirle. Pensó que el Pequeño Hangleton debía ser su destino final y preguntándose, como lo había hecho en la noche que habían encontrado a Slughorn, por qué tuvieron que acercarse a esa distancia. Pronto descubrió que estaba equivocado en pensar que iban al pueblo. La senda giró hacia la derecha y cuando redondearon la esquina, vio el mismo borde de la levita de Ogden desapareciendo a través de una abertura en el cerco de protección.
Dumbledore y Harry lo siguieron tras un camino estrecho y sucio bordeado por setos vivos más altos y más agrestes que los que habían dejado atrás. El camino era más encorvado y rocoso, inclinándose cuesta abajo finalmente, y parecía dirigirse a un grupo de árboles oscuros uno poco más lejanos. Seguramente, el camino pronto se abriría.
Al llegar al bosquecillo, Dumbledore y Harry se pararon detrás de Ogden, que se había detenido y sacado su varita.
A pesar del cielo despejado, los árboles viejos de adelante lanzaban profundas sombras que parecían producir calma, y tuvieron que pasar algunos segundos antes de que los ojos de Harry percibiesen el edificio semioculto en medio del enredo de troncos. Le pareció un lugar muy extraño para edificar una casa, o sino una decisión extraña dejar que los árboles creciendo cerca, bloqueando toda luz y la vista del valle de abajo. Harry se preguntó si estaba habitada. Sus paredes eran musgosas y muchas tejas se habían caído del techo dejando a la vista los cabríos. Las ortigas habían crecido alrededor, alcanzando las ventanas, las cuales eran diminutas y gruesas, con mucha mugre. Tal como había pensado, creía que nadie podría vivir allí, sin embargo, una de las ventanas se abrió con un estrépito, y un chorrito delgado de vapor o humo fue expedido, como si alguien estuviera cocinando.
Ogden se adelantó y a Harry le pareció que lo hacía de manera cautelosa. Cuando las sombras que producían los árboles se deslizaron sobre él, se detuvo otra vez, clavando los ojos en la puerta principal, donde alguien había clavado una serpiente muerta.
Entonces hubo un susurro y una sacudida, y un hombre con la ropa hecha jirones se cayó del árbol más próximo, aterrizando en los pies delante de Ogden, quien brincó atrás tan rápido que pisó la cola de su levita y tropezó.
‘Usted no es bienvenido.’
El hombre se levantó ante ellos y tenía el pelo grueso y tan manchado con suciedad que pudo haber sido de cualquier color. Le faltaban varios dientes. Sus ojos eran pequeños y oscuros y se quedaron con la mirada fija al frente. Podría parecer cómico, pero de hecho no lo era. El conjunto daba miedo, y Harry no podía culpar a Ogden por echarse hacia atrás unos pasos cuando él habló.
‘Er ... buenos días. Soy del Ministerio de Magia.’
‘Usted no es bienvenido.’
‘Er ... lo siento ... pero no le entiendo,’ dijo Ogden nerviosamente.
Harry pensó que Ogden era sumamente duro de mollera. El desconocido lo dejaba muy claro en opinión de Harry, en particular porque blandía una varita en una mano y un cuchillo pequeño y más bien ensangrentado en la otra.
‘Tu le entiendes, estoy seguro, ¿no Harry?’ dijo Dumbledore.
‘Sí, claro,’ dijo Harry, ligeramente desconcertado. ‘¿por qué no puede Ogden ...?’
Pero como sus ojos se encontraron con la serpiente muerta en la puerta otra vez, repentinamente lo entendió.
‘¿Él está hablando Pársel?’
‘Muy bien,’ dijo Dumbledore, inclinando la cabeza y sonriendo.
El hombre con la ropa hecha jirones ahora se acercaba de modo amenazador a Ogden, con el cuchillo en una mano, y la varita en la otra.
‘Ahora, mira ...’ Ogden comenzó, pero era demasiado tarde: hubo un ruido de un golpe, y Ogden estaba en el suelo, agarrando firmemente su nariz, mientras un líquido amarillento sucio salió a presión en chorritos de entre sus dedos.
‘¡Morfin!’ dijo una voz fuerte.
Un hombre entrado en años había salido corriendo de la casa de campo, dando tal portazo detrás de él que los muertos se hubieran despertado. Este hombre era más bajito que el primero, y raramente proporcionado. Sus hombros eran de gran amplitud y sus brazos demasiados largos, de un color moreno brillante y lleno de pelos que parecían matorrales, su cara arrugada le daba la apariencia de un mono poderoso, envejecido. Se paró al lado del hombre con el cuchillo, que ahora cacareaba y reía con la vista fija en Ogden sobre el terreno.
‘¿Es usted del Ministerio?’ dijo el hombre mayor, mirando hacia Ogden.
‘¡Exacto!’ dijo Ogden coléricamente, tapando su cara.
‘¿Y usted?’ El otro, tomándolo del suelo, dijo ‘Soy el Sr. Gaunt.’
‘¿Lo que le pasa en la cara lo hizo él?’
‘¡Sí, él lo hizo!’ gritó Ogden.
‘Debería haberle dicho quién era, ¿no?’ dijo Gaunt agresivamente. ‘Ésta es una propiedad privada. Simplemente no puede caminar por aquí adentro y esperar que mi hijo no se defienda.’
‘¿Se defienda en contra de qué?’ dijo Ogden, acercándose hacia él.
‘Los intrusos, los sangre-sucia, Muggles y porquería‘. Ogden apuntó con su varita hacia su nariz, la cual todavía chorraba grandes cantidades de pus amarillo, y el flujo se detuvo de inmediato. El Sr. Gaunt se expresó por la comisura de la boca hacia Morfin. ‘Vuelve a casa. ¡No discutas!’
Esta vez, listo para esto, Harry reconoció el Pársel. Aun pudiendo entender lo que estaba diciendo, distinguió el ruido extraño del siseo que fue todo lo que Ogden podía oír. Morfin parecía estar a punto de discutir, pero cuando su padre lo miró con apariencia amenazadora, él cambió de parecer, cruzando los árboles hacia la casa de campo con un modo de andar extraño, y cerrando de un golpe la puerta principal detrás de él, con lo que la serpiente se meció tristemente otra vez.
‘Ese debe ser su hijo, Sr. Gaunt,’ dijo Ogden, limpiándose el último resto de pus de delante de su abrigo. ‘¿era Morfin, no?’
‘Sí, ese era Morfin,’ dijo el hombre viejo indiferentemente. ‘¿Es usted de sangre pura?’ Le preguntó repentinamente agresivo.
‘Eso no tiene nada que ver,’ dijo Ogden fríamente, y Harry sintió como su respeto por Ogden aumentaba. Aparentemente Gaunt sintió más bien indiferencia.
Él entrecerró los ojos y miró a Ogdens y masculló, en lo que fue claramente un tono ofensivo, ‘ahora que lo pienso, he visto narices como la suya abajo en el pueblo.’
‘No lo dudo, si ha dejado a sus hijos sueltos por ahí,’ dijo Ogden. ‘¿Quizás podríamos continuar este debate adentro?’
‘¿En el Interior?’
‘Sí, Sr. Gaunt. Ya le he dicho. He venido aquí por Morfin. Enviamos a un búho ... ‘
‘Tengo poco trato con los búhos,’ dijo Gaunt. ‘No abro las cartas.’
‘Entonces usted no puede quejarse de que no obtiene advertencias de las visitas,’ dijo Ogden agriamente. ‘Estoy aquí por una brecha seria que se hizo a la ley mágica, lo cual ocurrió aquí a horas muy tempranas de esta mañana ...’
‘¡Está bien, está bien, está bien!’ bramó Gaunt. ¡Entre en la casa si tanto bien le hace!’
La casa parecía tener tres cuartos diminutos. Dos puertas condujeron hacia afuera del cuarto principal, lo cual servía a su vez como el cuarto de cocina y sala de estar. Morfin estaba sentado en un sillón muy sucio al lado del fuego humeante, retorciendo un avivador del fuego sus dedos gruesos y canturreando suavemente en Parsel:

Hissy, hissy, pequeña serpiente,
Repta en el suelo
sé buena con Morfin
O te acorralaré para la puerta.

Hubo un ruido de rozamiento en la esquina, al lado de la ventana abierta y Harry, que había pensado que no había más nadie, vió a una chica cuyo vestido que era gris harapiento era del color exacto que las piedras sucias de la pared que había detrás de ella. Estaba de pie al lado de una cazuela llena de vapor en una estufa negra mugrienta, y perdía el tiempo con el estante de utensilios de cocina mirando por encima de él. Su pelo era lacio y desafilado y tenía una cara simple, y muy pálida. Sus ojos, como los de su hermano, se quedaron con la mirada fija al frente. Se quedó mirando claramente a los dos hombres, pero Harry pensó que nunca había visto a una persona que mirara de un modo tan derrotado.
‘Mi hija, Merope,’ dijo Gaunt a regañadientes, cuando Ogden miró interrogativamente hacia ella.
‘Buenos días,’ dijo Ogden.
Ella no contestó, pero le devolvió a su padre una mirada asustada y continuó en el lugar cambiando de posición las cazuelas en el estante que había detrás de ella.
‘Señor Gaunt,’ dijo Ogden, ‘vayamos directamente al grano, tenemos motivos para pensar que su hijo, Morfin, realizó magia delante de un Muggle ayer por la noche.’
Hubo un ruido metálico ensordecedor. Merope había dejado caer una de las cazuelas.
‘¡Recógela!’ bramó su padre dirigiéndose hacia ella. ‘No hay vuelta de hoja, limpia el suelo como un sucio Muggle, para qué te sirve la varita? ¡Eres tan inútil como un saco de cieno!’
’¡Sr. Gaunt, por favor!’ dijo Ogden con voz horrorizada, mirando como Merope, que ya había recogido la cazuela, cogió el asa de la misma y sacó temblorosamente la varita de su bolsillo, la dirigió hacia la cazuela, y mascullado uno hechizo apresurado e inaudible el rayo atravesó la cazuela para atravesar velozmente el suelo, le pegó a la pared opuesta, y se rajó en dos.
Morfin dejó escapar un cacareo alocado de risa. ‘¡Arreglala, zoquete inútil, arreglala!’
Merope tropezó accidentalmente, pero antes tuvo tiempo para levantar su varita. Ogden levantó la suya y dijo firmemente, ‘Reparo.‘ La cazuela se reparó a sí misma instantáneamente.
Gaunt miró por un momento como si fuera a gritarle a Ogden, pero al parecer cambió de opinión. En su lugar se mofó de su hija, ‘Afortunadamente el buen hombre del Ministerio está aquí, ¿no? Quizá él te quitará de mis manos, quizá a él no le importen los sucios Squibs ...’
Sin saber si mirar a alguien o agradecer a Ogden, Merope recogió la cazuela y la devolvió a su sitio, temblándole las manos. Luego permaneció realmente inmóvil contra la pared, entre la ventana muy sucia y la estufa, y parecía que no deseara nada más que hundirse en la piedra y dejar de existir.
‘Sr. Gaunt,’ Ogden comenzó de nuevo, ‘como he dicho: La razón para mi visita ...’
‘¡Le oí la primera vez!’ bramó Gaunt. ¡¿Y qué? ¿Morfin le dio a un Muggle un pedacito de a lo que venía, luego qué?’
‘Morfin ha quebrantado la ley mágica,’ dijo Ogden severamente.
‘Morfin ha quebrantado la ley Mágica.’ dijo Ogdens imitándolo con voz monotona y pomposa.
Morfin cacareó otra vez. ‘¿Le enseñé una lección a un Muggle muy sucio, eso es ilegal ahora, es eso?’
‘Sí,’ dijo Ogden. ‘Me temo que sí.’
Se sacó de un bolsillo interior un rollo de papel pequeño de pergamino y lo desenrolló.
‘¿Qué es eso?’ dijo Gaunt, su voz iba aumentando coléricamente.
‘Es una llamada del Ministerio para una audición ...’
‘¡Una citación! ¿Una citación? ¿Quién se piensa usted que es, exigiendo a mi hijo una citación?’
‘Soy jefe del Departamento de Ejecución de la Ley Mágica,’ dijo Ogden.
‘¿Y usted se piensa que somos escoria, no?’ dijo Gaunt gritando, acercándose de un modo amenazador a Ogden ahora, con un dedo con una uña amarilla y sucia apuntándole al pecho. ‘¿La escoria que irá corriendo cuando el Ministerio los llame? ¿Sabe con quién está hablando? Usted pequeño sangre-sucia, ¿lo sabe?’
‘Tuve la impresión de que estaba hablando con usted Sr. Gaunt,’ dijo Ogden, cautelosamente, pero queriendo mantener su posición.
‘¡Así es!’ dijo Gaunt a gritos.
Por un momento, Harry pensó que Gaunt hacía un gesto obsceno con la mano, pero entonces se dio cuenta que le mostraba un anillo feo, con una piedra negra, que tenía puesto en su dedo medio, agitándolo ante los ojos de Ogden. ‘¿Ve esto? ¿Ve esto? ¿Sabe qué es? ¿Sabe de dónde vino? ¡Los siglos que esto ha estado en nuestra familia, y ahora estamos de regreso! ¡Los sangre-pura hasta el final! Sabe cuánto me han ofrecido por esto, que lleva grabado el escudo de los Peverell en la piedra?’
‘No tengo realmente ni idea,’ dijo Ogden, parpadeando cuando el anillo navegó a poca distancia de su nariz, ‘pero vayamos al punto, Sr. Gaunt. Su hijo ha cometido ...‘
Con un aullido de furia, Gaunt corrió hacia su hija. En un abrir y cerrar de ojos, Harry pensó que iba a estrangularla cuando su mano voló hacia su garganta. Al instante, él la arrastraba hacia Ogden cogido a una cadena de oro alrededor de su cuello.
‘¿Ve esto?’ le gritó a Ogden, sacudiendo un guardapelo pesado de oro, mientras Merope balbuceaba y jadeaba.
‘¡Lo veo, lo veo!’ dijo Ogden precipitadamente.
‘¡De Slytherin!’ britó Gaunt. ‘¡De Salazar Slytherin! ¿Nosotros somos sus descendentes directos! ¿Qué dice usted al respecto?’
‘¡Sr. Gaunt, su hija!’ dijo Ogden alarmado, pero Gaunt ya había soltado a Merope; Ella se tambaleó alejándose de él, de regreso a su esquina, dándole masaje a su cuello y tragando aire como si fuera saliva.
‘¡Así es!’ dijo Gaunt triunfalmente, como si hubiera llegado a un punto complicado más allá de toda disputa posible. ‘¡No hable con nosotros como si fueramos la suciedad de sus zapatos! ¡Las generaciones de razas puras, todos magos ... es más de lo que usted puede decir, no lo dudo!’
Y escupió en el suelo a los pies de Ogden. Morfin cacareó otra vez. Merope, amontonada al lado de la ventana, inclinó su cabeza y escondió su cara con su cabello lacio, y no dijo nada.
‘Sr. Gaunt,’ dijo Ogden tenazmente, ‘me temo que ni sus antepasados ni nadie tienen nada que hacer en esta situación. Estoy aquí por Morfin, Morfin y el Muggle al que acosó anoche. Nuestra información ... ‘ –bajó la mirada en su rollo de papel de pergamino – ‘...es que Morfin realizó un encantamiento a un Muggle, causándole una erupción altamente dolorosa.’
Morfin rió nerviosamente.
‘Tranquilo chico, chico,’ dijo Gaunt en Pársel, y Morfin se silenció otra vez.
‘¿Y que ocurre si así lo hizo? dijo Gaunt provocativamente hacia Ogden, ‘supongo que usted ha limpiado totalmente la cara del sucio Muggle, y ha borrado su memoria ...’
‘Ese no es el asunto, Sr. Gaunt,’ dijo Ogden ‘fue un ataque provocado a un indefenso.’
‘Arj, me di cuenta que era un amante de los Muggles en el momento en que le vi a usted ahí fuera,’ dijo con desprecio Gaunt, y escupió en el suelo otra vez.
‘Este debate nos trae a ninguna parte,’ dijo Ogden firmemente. ‘Está claro que la actitud de su hijo demuestra que él no siente remordimiento hacia sus acciones.’
Miró de nuevo a su rollo de papel de pergamino. ‘Morfin asistirá a una audición el catorce de septiembre para contestar a los cargos de usar magia delante de un Muggle y el daño causante, y aflija para ese mismo mugl ...’
Ogden calló. El cascabeleo, los sonidos del trote de los caballos y las voces fuertes y risueñas se colaron a través de la ventana abierta. Aparentemente la senda sinuosa que iba hacia el pueblo pasaba muy cerca del bosquecillo donde la casa perduraba. Gaunt se congeló, oyendo, y ensanchando sus ojos. Morfin siseó y revolvió su cara hacia los sonidos, con su expresión hambrienta. Merope levantó su cuello. Su cara estaba rigurosamente blanca.
‘¡Dios mío, esta cosa ofende la vista!’ Se oyó fuera la voz de una chica, claramente audible a través de la ventana abierta, como si ella estuviera justo al lado de ellos.’¿Tu padre no puede tirar abajo esta casucha, Tom?’
‘No es de nosotros,’ dijo una voz joven. ‘Todo lo que hay al otro lado del valle nos pertenece, pero esta casa de campo pertenece a un viejo vagabundo llamado Gaunt y a sus niños. El hijo está realmente chiflado, deberías oír la cantidad de historias que dicen en el pueblo ...‘
La chica se rió. El cascabeleo y los ruidos galopantes iban en aumento más fuerte y más fuerte. Morfin hizo ademán de salir de su sillón. ‘Permanece sentado,’ dijo su padre como advertencia, en Pársel.
‘¿Tom?,’ dijo la voz de la chica otra vez, que ahora sí se oía realmente cercana a la casa, ‘puede que esté equivocada ... ¿pero ha clavado alguien una serpiente en esa puerta?’
‘¡Dios mío!, ¡tienes razón!’ dijo la voz del hombre. ‘Habrá sido el hijo, ya te dije que no está bien de la cabeza. No mires eso, Cecilia, querida.’
El cascabeleo y el trote apenas eran perceptibles otra vez.
‘Querida ...’ susurró Morfin en Pársel, mirando a su hermana. La ha llamado amorcito, así es que él no la desprecia.’
Merope estaba tan blanca que Harry pensó que iba a desmayarse.
‘¿Qué es eso?’ dijo Gaunt agudamente, también en Pársel, escuchando el miramiento de su hijo para su hija. ‘¿Qué dijiste, Morfin?’
‘A ella le gusta mirar a ese Muggle,’ dijo Morfin, con una expresión cruel en su cara como si estuviese clavando sus ojos en su hermana, quien ahora se vio aterrorizada.
‘Siempre en el huerto cuando él pasa, lo mira con atención a través de la valla. ¿No, Merope? Y la última noche ...’
Merope negó con la cabeza a sacudidas, suplicantemente, pero Morfin siguió cruelmente: ‘... se mantuvo en la ventana en espera de que él pasara montado en su caballo, ¿no Merope?’
‘¿Manteniéndose en la ventana para mirar a un Muggle?’ dijo Gaunt quedadamente.
Los tres Gaunts parecieron haber olvidado a Ogden, que los miraba desconcertado e irritado en este arranque renovado de siseo incomprensible.
‘¿Es cierto eso?’ dijo Gaunt con voz mortífera, adelantando un paso o dos hacia la chica aterrorizada. ‘¿Mi hija – descendiente de pura sangre de Salazar Slytherin – estando en busca de un sucio Muggle, que lleva la suciedad en las venas?’
Merope negó con la cabeza frenéticamente, presionándose contra la pared, aparentemente incapaz para hablar.
‘¡Pero traje a ese Muggle, padre!’ dijo Morfin cacareado. ‘¡Lo traje hasta aquí y no se vió tan bonito con erupciones y colmenas por todo su cuerpo! ¿O no, Merope?’
‘¡Estoy tan disgustado, pequeña Squib! ¡Eres una pequeña traidora sangre-sucia!’ Gaunt perdió el control y a gritos cerró sus manos alrededor de la garganta de su hija.
Harry y Ogden gritaron ‘¡No!’ al mismo tiempo; Ogden levantó su varita y gritó, ‘¡Relaskio!’
Gaunt fue tirado atrás, lejos de su hija. Tropezó con una silla y sintió el suelo en su espalda. Con un rugido de furia, Morfin se tiró del sillón y se lanzó contra Ogden, blandiendo su cuchillo ensangrentado y tirando rayos de fuego indiscriminadamente de su varita.
Ogden corrió para salvar su vida. Dumbledore indicó que debían seguirlo y Harry obedeció, mientras los gritos de Merope hacían eco en sus orejas.
Ogden se lanzó camino arriba y salió hasta la senda principal, con los brazos sobre la cabeza, donde chocó con un caballo marrón lustroso que estaba montado por un joven muy mozo, de pelo oscuro. Él y la chica bonita iban en coche al lado de él en un caballo pardo y se rieron a carcajadas al ver a Ogden, que rebotó de lado contra el flanco del caballo e hizo estallar otra vez, su levita volando, cubierto de pies a cabeza en polvo, andando confuso hacia arriba de la senda.
‘Pienso que esto servirá, Harry,’ dijo Dumbledore. Tomó a Harry del codo y tiró fuertemente de él. Al momento siguiente ambos estaban elevándose como si no pesaran nada en la oscuridad, hasta que aterrizaron de nuevo en el despacho ahora a media luz de Dumbledore.
‘¿Qué le pasó a la chica de la casa de campo? dijo Harry de inmediato, tan pronto como Dumbledore encendía las lámparas con un golpecito de su varita. ‘Merope, o como quiera que fuese su nombre.’
‘Oh, ella sobrevivió,’ dijo Dumbledore, sentándose de nuevo detrás de su escritorio y señalando que Harry se sentara también. ‘Ogden fue de regreso al Ministerio y volvió con refuerzos al cabo de quince minutos. Morfin y su padre intentaron pelear, pero ambos fueron avasallados, quitados de la casa de campo, y subsiguientemente condenados por el Wizengamot. Morfin, quien ya tenía un registro de ataques Muggle, fue sentenciado a tres años en Azkaban. Marvolo, quien había herido a varias personas empleadas del Ministerio para Ogden, recibió seis meses.’
‘¿Marvolo?’ repitió Harry dudosamente.
‘Así mismo,’ dijo Dumbledore, sonriendo con aprobación. ‘Me complace ver que te mantienes.’
‘¿Ese’ hombre viejo fue ...?’
‘El abuelo de Voldemort, sí,’ dijo Dumbledore. ‘Marvolo, su hijo, Morfin, y su hija, Merope, fueron los últimos Gaunts, una familia de magos muy antigua y notable pero con una vena de inestabilidad y violencia que floreció a través de las generaciones debido al hábito de casarse con sus primos. La falta de sentido se acopló con una gran afición pues la grandeza quiso decir que el oro familiar fuera malgastado varias generaciones antes de que Marvolo naciese. Él, como viste, se quedó escuálido y vivió en la pobreza, con un temperamento muy sucio, una cantidad fantástica de arrogancia y orgullo, y un par de reliquias familiares que él atesoró tanto como su hijo, y más bien más que a su hija.’
‘Así es que Merope ...’ dijo Harry, inclinándose hacia adelante en su silla y clavando los ojos en Dumbledore, ‘así que Merope fue ... Señor, eso significa que ella fue ... ¿La madre de Voldemort?’
‘Lo es,’ dijo Dumbledore. ‘Y da la casualidad de que también tuvimos un vislumbre del padre de Voldemort. Me pregunto si te fijaste.’
‘¿El Muggle al cual Morfin atacó? ¿El hombre en el caballo?’
‘Correcto,’ dijo Dumbledore, resplandeciendo. ‘Sí, ese era el señor Tom Riddle, el bello Muggle que solía ir montando a caballo y a pasear por la casa de campo desolada y a quién Merope apreciaba tanto en secreto, quemando pasión.’
‘¿Y acabaron casados?’ dijo Harry con incredulidad, incapaz de imaginar a dos personas que fueran menos probable que se enamorarsen.
‘Creo que olvidas algo,’ dijo Dumbledore, ‘que Merope era una bruja. No creo que sus poderes mágicos apareciesen para su mejor ventaja cuando ella estaba siendo aterrada por su padre. Una vez que Marvolo y Morfin estaban de forma segura en Azkaban, y ella estaba sola y libre por primera vez en su vida, estoy seguro de que pudo darle rienda suelta a sus habilidades y empezó a tramar su escapada de la vida desesperada que había llevado durante dieciocho años.’
‘¿Has pensado en alguna manera en la que Merope hizo que Tom Riddle olvidara a su compañera Muggle y se enamorara de ella?’
¿’La maldición Imperius?’ Harry sugirió. ‘¿O una poción de amor?’
‘Correcto. Personalmente, pienso que ella usó una poción de amor. Estoy seguro habría parecido más romántico para ella, y no pienso que fuera muy difícil, algún día caluroso, cuando Riddle iba en coche a solas, para persuadirlo a tomar un traguito de agua. En todo caso, dentro de algunos meses de la escena justamente que hemos presenciado, el pueblo Pequeño Hangleton sufrió un escándalo tremendo. Imagínate los murmullos que se oyeron cuando el hijo de un escudero se escabulló con la hija del vagabundo, Merope.‘
‘Pero la sacudida de los aldeanos no fue nada para Marvolo. Cuando él regresó de Azkaban, esperaba encontrar a su hija cumplidora esperando su regreso con una comida caliente lista en la mesa. En lugar de eso, encontró un montón de polvo y su nota de adiós, explicando lo que había hecho.’
‘De todo lo que pude descubrir, él nunca mencionó su nombre o su existencia de ahí en adelante. La sacudida de su deserción pudo haber contribuido a su muerte – o quizá simplemente nunca había aprendido a alimentarse bien. Azkaban había debilitado muchísimo a Marvolo, y no vivió para ver a Morfin regresar a la casa de campo.’
‘¿Y Merope? Ella ... ¿Ella murió? ¿No fue Voldemort llevado a un orfanato?’
‘Sí, ciertamente,’ dijo Dumbledore. ‘Debemos emplear un poco de adivinación aquí, aunque no pienso que sea difícil deducir lo que sucedió. Para que veas, al cabo de algunos meses de su matrimonio desbocado, Tom Riddle reapareció en la casa solariega en Pequeño Hangleton sin su esposa. El rumor voló alrededor del vecindario cuando él dijo que le habían ‘engañado’. Lo que él quiso decir, estoy seguro, es que había estado bajo un encantamiento del que ahora se había desquitado, sin embargo creo que él no se atrevió a pronunciar esas precisas palabras, porque tendría miedo de ser tachado de demente. Cuando los vecinos lo oyeron, sospecharon que Merope le había mentido a Tom Riddle, diciendo que ella iba a tener su bebé, y que él se había casado con ella por esta razón.’
‘Pero ella tuvo a su bebé.’
‘Pero no hasta un año después de estar casados. Tom la dejó mientras ella estaba todavía embarazada.’
‘¿Qué salió mal?’ preguntó Harry. ‘¿Por qué la poción de amor dejó de funcionar?’
‘Otra vez, son conjeturas,’ dijo Dumbledore, ‘pero creo que Merope, que estaba profundamente enamorada de su marido, no pudo soportar continuar esclavizándole por la manera mágica. Creo que ella eligió dejar de darle la poción. Quizá, tonta como ella era, se había convencido a sí misma que él, a esas alturas, se habría enamorado de ella de la manera natural. O quizá pensó que él se quedaría por el bien del bebé. Si fue así, estaba equivocada las dos veces. Él la dejó, nunca la volvió a ver y nunca se preocupó de lo que había sido de su hijo.’
El cielo de afuera estaba de color negro tinta y las lámparas en la oficina de Dumbledore parecieron resplandecer más brillantes que antes.
‘Pienso que esto es todo, por esta noche, Harry,’ dijo Dumbledore después de un momento.
‘Sí, señor,’ dijo Harry.
Llegó a la puerta, pero no salió.
‘¿Señor ... es importante saber todo esto acerca del pasado de Voldemort?’
‘De suma importancia, creo,’ dijo Dumbledore.
‘¿Y esto ... tiene algo que ver con la profecía?’
‘Tiene todo que ver con la profecía.’
‘Bien,’ dijo Harry, un poco confundido, pero reconfortado de todos modos.
Ya se marchaba cuando se le ocurrió otra pregunta, y se dio de nuevo la vuelta:
‘¿Señor, puedo decirle a Ron y Hermione todo lo que usted me ha dicho?’
Dumbledore lo consideró por un momento, luego dijo, ‘sí, pienso que el señor Weasley y señorita Granger han demostrado ser de confianza. Pero Harry, voy a pedirte que les digas que no le cuenten a nadie todo esto. No sería una buena idea que se propagase todo lo que sabemos o sospechamos acerca de los secretos de Lord Voldemort.’
‘No, señor, me aseguraré que simplemente lo sepan Ron y Hermione. Buenas noche.’
Se marchó dando media vuelta otra vez, y estaba frente a la puerta cuando lo vio. Estaba apoyado sobre una de las mesas zanquivanas y pequeñas que soportaban tantos instrumentos de plata, era un feo anillo de oro con una piedra grande, agrietada, negra.
‘Señor,’ dijo Harry, clavando los ojos en eso. ‘Ese anillo ...’
‘¿Sí?’ dijo Dumbledore.
‘Usted lo llevaba puesto cuando visitamos al Profesor Slughorn esa noche.’
‘Así es,’ acordó Dumbledore.
‘¿Pero no es ... señor, no es el mismo anillo que Marvolo Gaunt mostró a Ogden?’
Dumbledore dobló su cabeza. ‘El mismísimo.’
‘¿Cómo ha llegado ...? ¿Lo ha tenido usted siempre?’
‘No, lo tengo desde hace muy poco,’ dijo Dumbledore. ‘Unos días antes de ir a por tí a casa de tus tíos, de hecho.’
‘¿Eso es aproximadamente durante los días en los que usted se hirió la mano, ¿no, señor?’
‘Por esos días, sí, Harry.’
Harry vaciló. Dumbledore estaba sonriente.
‘¿Señor, exactamente cómo ...?’
‘¡Demasiado tarde, Harry! Oirás la historia en otro momento. ¡Buenas noches!’
‘Buenas noches, señor.’