Saturday, August 13, 2005

Capítulo 11: La Ayuda de Hermione por jj

Como Hermione había predicho, los períodos libres de los de sexto año no eran las horas de dichosa relajación que Ron había anticipado, eran momentos en los que intentaban mantenerse al día con la enorme cantidad de deberes que les estaban poniendo. No solo estaban estudiando como si tuviesen exámenes a diario, sino que además las propias clases se habían convertido en más exigentes que nunca. Harry apenas entendió la mitad de lo que la profesora McGonagall les dijo por aquellos días; hasta Hermione había tenido que pedirle que repitiera las instrucciones una o dos veces. Increíblemente, y para el creciente resentimiento de Hermione, Pociones se había convertido de repente en la asignatura favorita de Harry, gracias al Príncipe Mestizo.
Los hechizos no-verbales eran ahora de esperar, no sólo en Defensa Contra las Artes Oscuras, sino también en Encantamientos y Transformaciones. Harry examinaba a sus compañeros de clase frecuentemente en la sala común o en las horas de comer para verlos con la cara púrpura y esforzándose como si hubiesen tenido una sobredosis de U-No-Poo; Pero él sabía que realmente estaban esforzándose en hacer que los conjuros funcionasen sin decir el encantamiento en voz alta. Era un alivio ir afuera a los invernaderos; estaban tratando las plantas más peligrosas que nunca habían tratado hasta entonces en Herbología, pero por lo menos les estaba permitido lanzar juramentos en voz alta si la Venomous Tentácula les agarraba a traición por detrás.
Un resultado de su enorme carga de trabajo y las frenéticas horas de práctica de hechizos no-verbales fue que Harry, Ron y Hermione todavía no habían sido capaces de encontrar tiempo para ir a visitar a Hagrid. Él había dejado de ir a las comidas en la mesa del personal, una señal de mal agüero, y en las pocas ocasiones en que se lo habían cruzado por los pasillos o fuera en los terrenos, había fallado misteriosamente en darse cuenta de su presencia u oír sus saludos.
‘Tenemos que ir y explicarle,’ dijo Hermione, mirando a la enorme silla vacía de Hagrid en la mesa de personal el sábado siguiente durante el desayuno.
‘¡Tenemos las pruebas de Quidditch esta mañana!’ dijo Ron. ‘¡Y se supone que tenemos que estar practicando ese hechizo, Aguamenti, para Flitwick! De todas formas, ¿explicar qué? ¿Cómo vamos a decirle que odiábamos su estúpida asignatura?’
‘¡No la odiábamos!’ dijo Hermione.
‘Habla por ti, yo no he olvidado los Escregutos,’ dijo Ron pesimistamente. ‘Y te lo digo ahora, nos hemos escapado por poco. Tu no le oiste hablar sin parar de su estúpido hermano – hubiésemos estado enseñando a Grawp cómo atarse los cordones de los zapatos si nos hubiésemos quedado.’
‘Odio no hablar con Hagrid,’ dijo Hermione que parecía disgustada.
‘Iremos después del Quidditch,’ le aseguró Harry. Él también echaba de menos a Hagrid, aunque Ron pensara que estaban mejor sin Grawp en sus vidas. ‘Pero las pruebas pueden durar toda la mañana, hay mucha gente que lo ha solicitado.’ El se sentía ligeramente nervioso por tener que enfrentarse al primer obstáculo de su capitanía. ‘No sé por qué el equipo se ha hecho tan popular de repente.’
‘Ay, venga ya, Harry,’ dijo Hermione, repentinamente impaciente. ‘No es el Quidditch lo que es popular, ¡eres tú! Tú nunca has sido más interesante y, francamente, nunca has sido más fascinable.’
Ron se atragantó con un gran trozo de arenque ahumado. Hermione le ofreció una mirada de desdén antes de volverse hacia Harry otra vez.
‘Todo el mundo sabe ahora que has estado contando la verdad, ¿no? Todo el mundo mágico ha tenido que admitir que tenías razón sobre la vuelta de Voldemort y que realmente has luchado con él dos veces en los dos últimos años y que ambas veces escapaste. Y ahora te llaman ‘el Elegido’. Bueno, venga ya, ¿no puedes ver por qué la gente está fascinada contigo?’
Harry sentía que en el Gran Comedor hacía de repente mucho calor, a pesar del hecho de que el techo seguía pareciendo frío y lluvioso.
‘Y has pasado por toda esa persecución del Ministerio cuando intentaban inventarse que eras inestable y un mentiroso. Aún se pueden ver las marcas donde esa malvada mujer te hizo escribir con tu propia sangre, pero tú, de todas formas, te mantenías fiel a tu historia …’
‘Aun se puede ver por dónde esos cerebros me atraparon en el Ministerio, mira,’ dijo Ron, moviendo hacia atrás sus mangas.
‘Y no hace daño el que hayas crecido alrededor de un pie durante el verano,’ terminó Hermione ignorando a Ron.
‘Yo soy alto,’ dijo Ron intrascendentemente.
Las lechuzas del correo llegaron, descendiendo en picada a través de ventanas salpicadas de lluvia, sembrando a todo el mundo de gotitas de agua. Muchas personas estaban recibiendo más correo del habitual; padres ansiosos estaban entusiasmados por saber de sus hijos, y para tranquilizarlos, a su vez, de que todo iba bien en casa. Harry no había recibido correo desde que empezase el curso; su único corresponsal estaba ahora muerto y aunque había esperado que Lupin le escribiese ocasionalmente, hasta ahora había sido decepcionado. Se sorprendió mucho, por lo tanto, de ver a una blanca-como-la-nieve Hedwig dando vueltas entre todas las lechuzas marrones y grises. Ella aterrizó delante de él portando un gran paquete cuadrado. Un momento después, un paquete idéntico aterrizó frente a Ron, aplastando bajo él su minúsculo y exhausto búho, Pidwidgeon.
‘¡Ja!’ dijo Harry, desenvolviendo el paquete para revelar una nueva copia de ‘Fabricación de Pociones Avanzada’ nueva de Flourish y Blotts.
‘Ah bien,’ dijo Hermione, encantada. ‘Ahora puedes devolver esa copia pintarrajeada.’
‘¿Estás loca?’ dijo Harry. ‘¡Me la voy a quedar! Mira, lo he pensado bien –’
Sacó la vieja copia de ‘Fabricación de Pociones Avanzada’ fuera de su bolsa y dio un golpecito a la cubierta con su varita, murmurando, ‘¡Diffindo!’ La cubierta se desprendió. Hizo lo mismo con el libro completamente nuevo (Hermione parecía escandalizada). Entonces intercambió las cubiertas y las golpeó a cada una diciendo, ‘¡Reparo!’
Allí estaba la copia del Príncipe, disfrazada de libro nuevo, y allí estaba la copia nueva de Flourish y Blotts, pareciendo sin duda de segunda mano.
‘Le devolveré a Slughorn el nuevo. No puede quejarse, cuesta nueve Galeones.’
Hermione apretó sus labios, parecía enfadada y con mirada de desaprobación, pero fue distraída por una tercera lechuza aterrizando frente a ella, la cual portaba la copia del día de ‘El Profeta’. Lo extendió apresuradamente y examinó la primera página.
‘¿Ha muerto alguien que conozcamos?’ preguntó Ron con una voz resueltamente despreocupada; Planteaba la misma pregunta cada vez que Hermione abría su periódico.
‘No, pero ha habido más ataques de Dementores,’ dijo Hermione. ‘Y un arresto.’
‘Excelente, ¿quién?’ dijo Harry, pensando en Bellatrix Lestrange.
‘Stan Shunpike’, dijo Hermione.
‘¿Qué?’ dijo Harry, sobresaltado.

‘Stanley Shunpike, conductor del popular transporte mágico ‘Autobús Noctámbulo’, ha sido arrestado por sospecha de actividad Mortífaga. El Sr. Shunpike, 21, fue custodiado la madrugada de anoche después de una redada en su casa en Clapham ...’

‘Stan Shunpike, ¿un Mortífago?’ dijo Harry, recordando al joven con granos que había conocido tres años antes. ‘¡De ninguna manera!’
‘Puede que estuviese bajo la Maldición Imperius,’ dijo Ron con sensatez. ‘Nunca se sabe.’
‘No parece eso,’ dijo Hermione, que todavía estaba leyendo. ‘Dice aquí que fue arrestado después de haberle oído hablar por casualidad de los planes secretos de los Mortífagos en un bar.’ Ella miró hacia arriba con una expresión preocupada en su cara. ‘Si estuviera bajo la Maldición Imperius, difícilmente iría por ahí cotilleando sobre sus planes, ¿no?’
‘Parece como si estuviera intentando hacer como si supiera más de lo que sabía,’ dijo Ron. ‘¿No es él el que clamaba que se iba a convertir en Ministro de Magia cuando estaba intentando enrollarse con aquella Veela?’
‘Si, ese es él,’ dijo Harry. ‘No sé a qué están jugando, tomándose a Stan en serio.’
‘Probablemente quieren que parezca como si estuviesen haciendo algo,’ dijo Hermione, frunciendo el ceño. ‘La gente está aterrada – ¿sabíais que los padres de las gemelas Patil quieren que vuelvan a casa? Y a Eloise Midgeon ya la han sacado. Su padre la recogió anoche.’
‘¡Qué!’ dijo Ron mirando a Hermione con ojos desorbitados. ‘Pero Hogwarts es más seguro que sus casas, ¡seguro! Tenemos Aurores, y todos esos hechizos protectores, ¡y tenemos a Dumbledore!’
‘No creo que lo tengamos todo el tiempo,’ dijo Hermione en voz muy baja, echando una mirada hacia la mesa del personal por encima de ‘el Profeta’. ‘¿No os habéis dado cuenta? Su asiento ha estado vacío tan a menudo como el de Hagrid la pasada semana.’
Harry y Ron miraron a la mesa del personal. La silla del Director estaba en efecto vacía.
Ahora que Harry se ponía a pensar en ello, no había visto a Dumbledore desde su clase privada hacía una semana.
‘Creo que ha dejado el colegio para hacer algo con la Orden,’ dijo Hermione en voz baja.
‘Quiero decir … parece todo serio, ¿no os parece?’
Harry y Ron no respondieron, pero Harry sabía que todos ellos estaban pensando lo mismo. Había habido un horrible incidente el día anterior, cuando Hannah Abbott había sido sacada de Herbología para decirle que su madre había sido encontrada muerta. No habían visto a Hannah desde entonces.
Cuando dejaron la mesa de Gryffindor cinco minutos después para dirigirse al campo de Quidditch, pasaron a Lavender Brown y Parvati Patil. Recordando lo que Hermione había dicho sobre los padres de las gemelas Patil queriendo que abandonaran Hogwarts, Harry no estaba sorprendido de ver que las dos mejores amigas estaban susurrando juntas, parecían afligidas. Lo que le sorprendió fue que cuando Ron se movía al nivel de ellas, Parvati le dio de repente un codazo a Lavender, quien miró alrededor y le dio a Ron una amplia sonrisa. Ron le parpadeó, y devolvió la sonrisa de manera vacilante. Su paso se convirtió instantáneamente en algo más parecido a un pavoneo. Harry se resistió a la tentación de reírse, recordando que Ron se había abstenido de hacerlo después de que Malfoy le había roto la nariz; Hermione, sin embargo, estuvo distante y fría todo el camino hasta el estadio a través del frío y la llovizna neblinosa, y se fue para encontrar un sitio en la tribuna sin desearle a Ron buena suerte.
Como Harry había esperado, las pruebas tomaron la mayor parte de la mañana. Parecía que la mitad de la Casa Gryffindor se había presentado, desde alumnos de primer año que nerviosamente apretaban una selección de las pésimas viejas escobas de la escuela, hasta alumnos de séptimo que destacaban sobre el resto intimidando descaradamente. Los últimos incluían un gran chico con pelo tieso que Harry reconoció inmediatamente del Expreso de Hogwarts.
‘Nos conocimos en el tren, en el compartimiento del viejo Sluggy,’ dijo con toda confianza, dando un paso fuera de la multitud para estrechar la mano de Harry. ‘Cormac McLaggen, Guardián.’
‘No hiciste las pruebas el año pasado, ¿o sí?’ preguntó Harry, habiéndose dado cuenta de la anchura de McLaggen y pensando que el podría bloquear a los tres golpeadores sin moverse siquiera.
‘Estaba en el ala del hospital cuando celebraron las pruebas,’ dijo McLaggen, con algo de fanfarronería. ‘Comí una libra de huevos de Doxy por una apuesta.’
‘Bien,’ dijo Harry. ‘Bueno … si esperáis por allí …’
Apuntó al borde del campo, cerca de donde Hermione estaba sentada. Le pareció ver un atisbo de fastidio pasar por la cara de McLaggen y se preguntó si McLaggen esperaba un trato preferencial porque ambos eran favoritos del ‘viejo Sluggy’.
Harry decidió empezar con una prueba básica, pidiendo a todos los aspirantes al equipo que se dividiesen en grupos de diez y volasen una vez alrededor del campo. Esta fue una buena decisión: los primeros diez estaban formados por alumnos de primero y no podía estar más claro que casi nunca habían volado antes. Solo un chico se las arregló para permanecer en el aire más de unos pocos segundos, y estaba tan sorprendido que chocó inmediatamente con uno de los postes de gol.
El segundo grupo constaba de diez de las niñas más tontas con las que Harry se había encontrado nunca, quienes, cuando sopló su silbato, simplemente se desternillaron riéndose tontamente y apretándose entre ellas. Cuando les pidió que abandonaran el campo lo hicieron bastante alegremente y fueron a sentarse en las tribunas para interrumpir al resto.
El tercer grupo tuvo un accidente múltiple en la mitad del camino alrededor del campo. Gran parte del cuarto grupo había venido sin escobas. El quinto grupo era de Hufflepuff.
‘Si hay alguien mas aquí que no sea de Gryffindor,’ gritó Harry, quien empezaba a estar seriamente enfadado, ‘márchese ahora, ¡por favor!’
Hubo una pausa, entonces un par de Ravenclaws salieron corriendo a toda velocidad del campo, bufando con risa.
Después de dos horas, muchas quejas y varios berrinches, uno implicando una Cometa 260 rota y varios dientes rotos, Harry había encontrado tres Cazadoras: Katie Bell, de vuelta al equipo después de una prueba excelente, un nuevo hallazgo llamada Demelza Robins, quien era particularmente buena esquivando Bludgers, y Ginny Weasley, quien había destacado toda la competición y marcado diecisiete tantos por añadidura. Aunque estaba complacido con su selección, Harry se quedó ronco de tanto gritar a los muchos que se quejaban y ahora estaba librando una batalla similar con los Bateadores rechazados.
‘Esa es mi decisión final y si no os quitáis del camino de los Guardianes os tendré que hechizar,’ bramó.
Ninguno de los Bateadores elegidos tenía el viejo resplandor de Fred y George, pero aún así estaba razonablemente satisfecho con ellos: Jimmy Peakes, un chico de tercer año bajito pero con el pecho ancho que se las había arreglado para hacerle un chichón del tamaño de un huevo en la parte de atrás de la cabeza de Harry con una Bludger golpeada ferozmente, y Ritchie Coote, que parecía debilucho pero dirigía bien. Se unieron a Katie, Demelza y Ginny en las tribunas para ver la selección del último miembro del equipo.
Harry había deliberadamente dejado la prueba de los Guardianes para el final, esperando tener un estadio más vacío y menos presión en aquellos a los que concernía.
Desgraciadamente, de cualquier forma, todos los jugadores rechazados y un número de personas que habían bajado a mirar después de un largo desayuno, se habían unido a la multitud, así que era mayor que nunca. Cada vez que un Guardián volaba a los cestos anotadores, la multitud rugía y abucheaba en igual medida. Harry echó un vistazo a Ron, quien siempre había tenido problemas con sus nervios; éste había esperado que haber ganado su partido final el curso pasado le hubiese curado, pero aparentemente no: Ron tenía una delicada sombra de verde.
Ninguno de los cinco primeros aspirantes paró más de dos goles cada uno. Para la decepción de Harry, Cormac McLaggen paró cuatro penaltis de cinco. En el último, sin embargo, se disparó en la dirección completamente opuesta; la multitud se rió y le abucheó y McLaggen volvió al suelo apretando sus dientes.
Ron parecía listo para desmayarse mientras se subía en su Barredora Once.
‘¡Buena suerte!’ gritó una voz desde las gradas. Harry miró alrededor, esperando ver a Hermione, pero fue Lavender Brown. Le hubiese gustado esconder su cara en sus manos, como ella hizo un momento después, pero pensó que como era el capitán se debía mostrar ligeramente más valeroso, así que se giró para ver la prueba de Ron.
No debía de haberse preocupado: Ron salvó uno, dos, tres, cuatro, cinco penaltis uno tras otro. Encantado, y resistiéndose a unirse a los vítores de la multitud con dificultad, Harry se volvió a McLaggen para decirle que, desafortunadamente, Ron le había batido, para encontrar la cara roja de McLaggen a pulgadas de la suya propia. Retrocedió rápidamente.
‘Su hermana no lo intentó de verdad,’ dijo McLaggen amenazadoramente. Había una vena latiendo en su sien como la que Harry había admirado a menudo en Tío Vernon. ‘Ella le dio una parada fácil.’
‘Basura,’ dijo Harry fríamente. ‘Esa fue la que casi falla.’
McLaggen avanzó un paso más cerca de Harry, quien se mantuvo en su sitio esta vez.
‘Dame otra oportunidad.’
‘No,’ dijo Harry. ‘Ya has tenido tu oportunidad. Paraste cuatro. Ron paró cinco. Ron es Guardián, lo ganó con todas las de la ley. Apártate de mi camino.’
Pensó por un momento que McLaggen podría pegarle, pero se contentó con una fea mueca y se fue furioso, gruñendo lo que sonaron como amenazas al aire.
Harry se volvió para encontrar a su nuevo equipo sonriéndole radiantemente.
‘Bien hecho,’ susurró. ‘Volaste realmente bien -’
‘Lo hiciste fenomenalmente, ¡Ron!’
Esta vez era realmente Hermione quien corría hacia ellos desde las gradas; Harry vio a Lavender saliendo del campo, brazo con brazo con Parvati, con una expresión bastante gruñona en su cara. Ron parecía extremadamente complacido consigo mismo y aún más alto de lo usual mientras sonreía de oreja a oreja al equipo y a Hermione.
Después de fijar la hora de su primera sesión de práctica para el siguiente Jueves, Harry, Ron y Hermione se despidieron del resto del equipo y se dirigieron hacia la casa de Hagrid.
Un Sol húmedo intentaba abrirse paso a través de las nubes, y por fin había dejado de lloviznar. Harry se sintió tremendamente hambriento; esperaba que hubiese algo para comer en la casa de Hagrid.
‘Pensé que iba a fallar el cuarto penalti,’ estaba diciendo Ron felizmente. ‘El disparo con truco de Démelas, lo viste, tenía un poco de efecto en él -’
‘Si, si, estuviste magnífico,’ dijo Hermione divertida.
‘Fui mejor que ese McLaggen, de cualquier modo,’ dijo Ron con un tono altamente satisfecho. ‘¿Lo visteis moviéndose pesadamente en la dirección equivocada en su quinto? Parecía como si hubiese sido Confundido …’
Para la sorpresa de Harry, a Hermione le apareció una profunda sombra rosa en la cara ante esas palabras. Ron no se dio cuenta de nada; estaba demasiado ocupado describiendo cada uno de sus otros penaltis con amoroso detalle.
El gran Hipogrifo gris, Buckbeak, estaba atado en la parte delantera de la cabaña de Hagrid. Chasqueó su afiladísimo pico mientras se acercaban y giró su enorme cabeza hacia ellos.
‘Qué pena,’ dijo Hermione nerviosamente. ‘Aún está un poco asustado, ¿verdad?’
‘Anda ya, tú lo has montado, ¿no es así?’ dijo Ron.
Harry dio un paso hacia delante y se inclinó al Hipogrifo sin perder el contacto visual ni parpadear. Después de unos pocos segundos, Buckbeak se hundió en una inclinación también.
‘¿Cómo estás?’ le preguntó Harry en voz baja, moviéndose hacia delante para acariciar su cabeza con plumas. ‘¿Echándole de menos? Pero tu estás bien aquí con Hagrid, ¿no es verdad?’
‘¡Hola!’ dijo una voz alta.
Hagrid había llegado dando zancadas por la esquina de su cabaña llevando un gran delantal floreado y portando un saco de patatas. Su enorme perro jabalinero, Fang, estaba a sus talones; Fang dio un estruendoso ladrido y saltó hacia delante.
‘¡Alejaos de él! Se quedará con vuestros dedos – oh. Sois vosotros.’
Fang estaba saltando a Hermione y Ron, intentando lamer sus orejas. Hagrid se quedó de pie y los miró a todos por una fracción de segundo, después se giró y dio grandes pasos hacia su cabaña, cerrando la puerta de golpe tras él.
‘¡Oh cielos!’ dijo Hermione afligida.
‘No te preocupes por eso,’ dijo Harry severamente. Se dirigió a la puerta y la golpeó sonoramente.
‘¡Hagrid! ¡Abre, queremos hablar contigo!’
No hubo sonido alguno desde adentro.
‘Si no abres la puerta, ¡la volaremos!’ dijo Harry sacando su varita.
‘¡Harry!’ dijo Hermione sonando trastornada. ‘No puedes -’
‘¡Si, claro que puedo!’ dijo Harry. ‘Quedaos atrás -’
Pero antes de que pudiese decir nada más, la puerta se abrió otra vez como Harry sabía que ocurriría, y allí estaba Hagrid, fundiéndole el ceño y, a pesar del delantal floreado, parecía verdaderamente alarmante.
‘¡Soy un profesor!’ bramó a Harry. ‘¡Un profesor, Potter! ¿Cómo te atreves a tratar de echar abajo mi puerta?’
‘Lo siento, señor,’ dijo Harry, enfatizando la última palabra mientras guardaba su varita en su túnica.
Hagrid parecía asombrado.
‘¿Desde cuándo me llamas ‘señor’?’
‘¿Desde cuándo me llamas ‘Potter’?’
‘Oh, muy listo,’ gruñó Hagrid. ‘Muy divertido. Te has burlado de mí, ¿no? Muy bien, entrad, vosotros pequeños desagradecidos …’
Musitando con pesimismo, se apartó para dejarles pasar. Hermione pasó apresuradamente detrás de Harry, pareciendo bastante asustada.
‘¿Bien?’ dijo Hagrid gruñonamente mientras Harry, Ron y Hermione se sentaban alrededor de su enorme mesa de madera y Fang ponía su cabeza sobre la rodilla de Harry babeándole toda la túnica. ‘¿Qué es esto? ¿Compadeciéndose de mí? ¿Pensáis que estoy solo o abandonado?’
‘No,’ dijo Harry inmediatamente. ‘Queríamos verte.’
‘¡Te hemos echado de menos!’ dijo Hermione trémulamente.
‘Me habéis echado de menos, ¿no?’ bufó Hagrid. ‘Sí. Claro.’
Estuvo pisoteando por ahí, preparando té en su enorme tetera de cobre, refunfuñando todo el rato. Finalmente puso de golpe tres tazas del tamaño de cubos de té caoba-marrón en frente de ellos y un plato con su tarta dura como una piedra. Harry tenía hambre suficiente hasta para la cocina de Hagrid, y tomó un trozo al instante.
‘Hagrid,’ dijo Hermione tímidamente, cuando se unió a ellos a la mesa y empezó a pelar sus patatas con una brutalidad que sugería que cada tubérculo le había hecho un gran daño personal, ‘realmente queríamos seguir con Cuidado de Criaturas Mágicas, ¿sabes?’
Hagrid dio otro gran bufido. Harry vio algunos mocos aterrizando en las patatas, y estuvo agradecido por dentro que no se quedaran a cenar.
‘¡De verdad!’ dijo Hermione. ‘¡Pero ninguno de nosotros podía encajarlo en sus horarios!’
‘Sí. Claro,’ dijo Hagrid otra vez.
Hubo un raro sonido de chapoteo y todos miraron alrededor: Hermione dejó escapar un diminuto grito y Ron saltó de su asiento y corrió alrededor de la mesa alejándose del gran barril que había en la esquina que acababan de observar. Estaba lleno de lo que parecían gusanos de un pie de grande; babosos, blancos y retorcidos.
‘¿Qué son, Hagrid?’ preguntó Harry, tratando de sonar más interesado que repugnado, pero soltando su tarta de roca al mismo tiempo.
‘Solo larvas gigantes,’ dijo Hagrid.
‘¿Y crecen dentro de …?’ dijo Ron con aprensión.
‘No crecerán dentro de nada,’ dijo Hagrid. ‘Las tengo aquí para alimentar a Aragog.’
Y sin avisar, estalló en lágrimas.
‘¡Hagrid!’ gritó Hermione, poniéndose en pie de un salto, corriendo alrededor de la mesa por el camino largo para evitar el barril de los gusanos, y poniendo un brazo alrededor de sus temblantes hombros. ‘¿Qué es lo que pasa?’
‘Es … él …’ tragó Hagrid, con sus ojos de un negro escarabajo llorando mientras se enjugaba la cara con el delantal. ‘Es … Aragog … creo que está muriendo … se puso enfermo durante el verano y no se pone mejor … yo no se que haré si el … si el … hemos estado juntos por tanto tiempo …’
Hermione dio golpecitos en los hombros de Hagrid, sin saber qué decir. Harry sabía cómo se sentía ella. Él sabía que Hagrid presentaba un malicioso bebé de dragón como un osito de peluche, le había visto arrullar a escorpiones gigantes con ventosas y aguijones, intentado razonar con ese medio-hermano bruto gigante, pero ésta era quizás la más incomprensible de sus monstruosos gustos: la araña gigante parlante, Aragog, que moraba en lo profundo del Bosque Prohibido, y de la que Ron y él habían escapado por poco cuatro años antes.
‘¿Hay algo – hay algo que podamos hacer?’ preguntó Hermione, ignorando las desesperadas muecas y las sacudidas de la cabeza de Ron.
‘No lo creo, Hermione,’ se atragantó Hagrid, tratando de contener el flujo de sus lágrimas.
‘Ves, el resto de la colon … la familia de Aragog … se están comportando de manera rara ahora que está enferma … un poco inquietos …’
‘Sí, creo que vimos un poco de ese lado suyo,’ dijo Ron en un susurro.
‘… no creo que sea seguro para nadie menos para mí el ir cerca de la colonia en este momento,’ terminó Hagrid, sonándose fuertemente la nariz en su delantal y mirando hacia arriba. ‘Pero gracias por el ofrecimiento, Hermione … significa mucho …’
Después de eso, la atmósfera se aligeró considerablemente, aunque ni Harry ni Ron habían mostrado ninguna inclinación en ir y dar de comer larvas gigantes a una gigantesca araña asesina, Hagrid parecía dar por descontado que a ellos les hubiese gustado hacerlo y volvió a ser el mismo una vez más.
‘Ah, siempre supe que os sería difícil meterme en vuestros horarios,’ dijo bruscamente, echándoles más té. ‘Incluso aunque hubieseis solicitado algunos Gira-tiempos -’
‘No podríamos haberlo hecho,’ dijo Hermione. ‘Destrozamos todas las existencias del Gira-tiempos del Ministerio cuando estuvimos allí en el verano. Salió en ‘El Profeta’.’
‘Ah, entonces bien,’ dijo Hagrid. ‘No había forma de que lo hubieseis hecho … lo siento he estado – ya sabéis – he estado preocupado sobre Aragog … y me pregunté si la profesora Grubby-Plank os había estado enseñando -’
A lo que los tres manifestaron categóricamente y falsamente que la Profesora Grubby-Plank, quien había sustituido a Hagrid unas pocas veces, era una profesora espantosa, con el resultado de que para cuando Hagrid los estaba despidiendo del lugar agitando su mano en el crepúsculo, parecía bastante alegre.
‘Me muero de hambre,’ dijo Harry, una vez que la puerta se había cerrado tras ellos y estaban corriendo a través de los oscuros y desiertos terrenos; Harry había abandonado la tarta de piedra después de un ominoso sonido de resquebrajamiento de uno de sus dientes de atrás. ‘Y tengo ese castigo con Snape esta noche, no tengo mucho tiempo para cenar …’
Mientras entraban en el castillo, vieron a Cormac McLaggen entrando en el Gran Comedor. Le llevó dos intentos el pasar a través de las puertas; rebotó en el quicio en el primer intento. Ron simplemente se regocijó a carcajadas y anduvo a pasos largos en el Salón tras él, pero Harry cogió el brazo de Hermione y la mantuvo atrás.
‘¿Qué?’ dijo Hermione a la defensiva.
‘Si me lo preguntas,’ dijo Harry tranquilamente, ‘McLaggen parece como si estuviese Confundido. Y estaba de pie justo delante de donde tú estabas sentada.’
Hermione se sonrojó.
‘Oh, vale, de acuerdo, yo lo hice,’ susurró. ‘¡Pero deberías haber escuchado la forma en la que estaba hablando sobre Ron y Ginny! De todas formas, él tiene un temperamento desagradable, ya viste cómo reaccionó cuando no pudo entrar – tú no hubieses querido alguien así en el equipo.’
‘No,’ dijo Harry. ‘No, supongo que es cierto. ¿Pero no fue eso deshonesto, Hermione? Quiero decir, eres un prefecto, ¿no es así?’
‘Oh, cállate,’ reaccionó ella sonriendo con sorna.
‘¿Qué estáis haciendo vosotros dos?’ preguntó Ron, reapareciendo en el vano de la puerta al Gran Comedor y algo receloso.
‘Nada,’ dijeron Harry y Hermione a la vez, y se apresuraron hacia Ron. El olor del roast beef había hecho que el estómago de Harry le doliese de hambre, pero apenas habían dado tres pasos hacia la mesa de Gryffindor cuando el Profesor Slughorn apareció delante de ellos, cortándoles el paso.
‘Harry, Harry, ¡justo el hombre que esperaba ver!’ bramó afablemente, jugando con los extremos de su bigote de morsa e hinchando su enorme barriga. ‘¡Esperaba atraparte antes de la cena! ¿Qué dices a algo de cena esta noche en mis habitaciones? Vamos a tener una pequeña fiesta, solo unas pocas estrellas ascendentes. Tengo a McLaggen, y Zabini, la encantadora Melinda Bobbin – No sé si la conoces, su familia posee una gran cadena de boticas – y, por supuesto, espero que la señorita Granger haga el favor de venir también.’
Slughorn hizo a Hermione una pequeña reverencia mientras terminaba su charla. Era como si Ron no estuviese presente; Slughorn ni siquiera lo miró.
‘No puedo ir, Profesor,’ dijo Harry de inmediato. ‘Tengo castigo con el Profesor Snape.’
‘¡Oh querido!’ dijo Slughorn, haciendo caer su cara cómicamente. ‘¡Querido, querido, contaba contigo, Harry! Bueno, ahora, tendré que tener una palabra con Severus y explicarle la situación. Estoy seguro de que seré capaz de persuadirle de posponer tu castigo. Si, ¡os veré a los dos luego!’
Se fue del Salón.
‘No tiene posibilidades de persuadir a Snape,’ dijo Harry en el momento en que Slughorn estaba fuera del alcance de oído. ‘Este castigo ya ha sido pospuesto una vez; Snape lo hizo por Dumbledore, pero no lo hará por nadie más.’
‘Oh, desearía que pudieses venir, ¡no quiero ir sola!’ dijo Hermione ansiosamente; Harry sabía que ella estaba pensando en McLaggen.
‘Dudo que vayas a estar sola, probablemente Ginny esté invitada,’ espetó Ron, quien no parecía haber llevado bien el ser ignorado por Slughorn.
Después de la cena, hicieron su camino hacia la Torre de Gryffindor. La sala común estaba muy llena, dado que mucha gente ya había terminado la cena, pero se las ingeniaron para encontrar una mesa libre y sentarse; Ron, que había estado de mal humor desde el encuentro con Slughorn, cruzó sus brazos y frunció el ceño al techo. Hermione alcanzó una copia de ‘El Profeta’ de la tarde, que alguien había dejado abandonada en una silla.
‘¿Algo nuevo?’ dijo Harry.
‘Realmente no …’ Hermione había abierto el periódico y examinaba las páginas interiores.
‘Oh, mira, tu padre está aquí, Ron – ¡él está bien!’ añadió rápidamente, dado que Ron había mirado alarmado. ‘Solo dice que ha ido a visitar la casa de los Malfoy.’

‘Esta segunda búsqueda de la residencia del Mortífago no parece haber dado ningún resultado. Arthur Weasley de la Oficina para la Detención y Confiscación de Falso Hechizos Defensivos y Objetos de Protección dijo que su equipo había actuado por un chivatazo confidencial.’

‘¡Sí, el mío!’ dijo Harry. ‘¡Le dije en King’s Cross sobre Malfoy y esa cosa que trataba que Borgin le arreglase! Bien, si no es en su casa, debe de haber traído lo que quiera que sea a Hogwarts con él -’
‘¿Pero cómo puede haberlo hecho, Harry?’ dijo Hermione, bajando el periódico con una mirada sorprendida. ‘Todos fuimos registrados cuando llegamos, ¿no?’
‘¿Lo fuisteis?’ dijo Harry, quedándose sorprendido. ‘¡Yo no lo fui!’
‘Oh no, por supuesto que tú no, olvidé que llegaste tarde … bueno, Filch nos repasó a todos con Censores Confidenciales cuando llegamos al vestíbulo. Se hubiese encontrado cualquier objeto Oscuro, sé seguro que a Crabbe se le confiscó una cabeza reducida. Ves, ¡Malfoy no puede haber introducido nada peligroso!’
Momentáneamente bloqueado, Harry miró a Ginny Weasley jugando con Arnold, el Pygmy Puff, un rato antes de ver una objeción.
‘Entonces alguien se lo envió por lechuza,’ dijo. ‘Su madre o alguna otra persona.’
‘Todas las lechuzas están siendo revisadas también,’ dijo Hermione. ‘Filch nos lo dijo cuando estaba hincándonos esos Censores Confidenciales por todas partes donde alcanzaba.’
Realmente bloqueado esta vez, Harry no encontró nada más que decir. No parecía que pudiera haber ninguna forma en la que Malfoy pudiese haber traído un objeto peligroso u Oscuro al colegio. Miró esperanzado a Ron, quien estaba sentado de brazos cruzados, mirando a Lavender Brown.
‘¿Puedes pensar en alguna forma en la que Malfoy -?’
‘Oh, déjalo, Harry,’ dijo Ron.
‘Escucha, no es mi culpa que Slughorn invitase a Hermione y a mí a esa estúpida fiesta, ninguno de los dos quiere ir, ¡lo sabes!’ dijo Harry encendiéndose.
‘Bueno, como no estoy invitado a ninguna fiesta,’ dijo Ron poniéndose en pie otra vez, ‘creo que me iré a la cama.’
Se fue airadamente hacia la puerta del dormitorio de los chicos, dejando a Harry y Hermione mirándolo fijamente.
‘¿Harry?’ dijo la nueva Cazadora, Demelza Robins, apareciendo de repente a su espalda.
‘Tengo un mensaje para tí.’
‘¿Del Profesor Slughorn?’ preguntó Harry, sentado lleno de esperanza.
‘No … del Profesor Snape,’ dijo Demelza. El corazón de Harry se hundió. ‘Dice que debes ir a su oficina a las ocho y media esta noche para tu castigo – er – no importa cuántas invitaciones a fiestas hayas recibido. Y quiere que sepas que vas a separar Flobberworms podridos de los buenos, para usarlo en Pociones, y – y dice que no es necesario que lleves guantes protectores.’
‘Bien,’ dijo Harry severamente. ‘Muchas gracias, Demelza.’