Saturday, August 13, 2005

Capítulo 24: Sectusempra por Patricio

Cansado pero fascinado por su trabajo de la noche anterior, Harry les contó a Ron y Hermione todo lo que había pasado durante la clase de Encantamientos de la mañana siguiente (teniendo primero que arrojar el hechizo Muffliato sobre aquellos que estaban cerca). Ambos se mostraron satisfactoriamente impresionados por la manera en que él había engatusado la memoria de Slughorn y tajantemente impresionados cuando les platicó sobre los Horcruxes de Voldemort y la promesa de Dumbledore de llevarlo consigo, seguro de que él encontraría algún otro.
'Asombroso,' exclamó Ron, cuando finalmente Harry terminó de contarles todo; estaba agitando su varita muy inconcientemente hacia el techo sin poner pizca de atención a lo que estaba haciendo. 'Asombroso. Tú realmente irás con Dumbledore … lo intentarás y lo destruirás … asombroso.'
'Ron, estás haciendo nieve,' dijo Hermione pacientemente, tomándolo de la muñeca y dirigiendo su varita lejos del techo del cual, efectivamente, habían empezado a caer grandes copos blancos. Harry notó que Lavender Brown miró con furia a Hermione desde una mesa cercana, tenía los ojos muy rojos. Hermione soltó inmediatamente el brazo de Ron.
'Ah, sí,' dijo Ron, mirando sus hombros vagamente sorprendido. 'Lo siento … ahora parece como si tuviéramos una horrible caspa.'
Sacudió algunos copos de nieve del hombro de Hermione y Lavender estalló en llanto. Ron pareció inmensamente culpable y le dio la espalda a ésta última.
'Nos hemos peleado,' le dijo a Harry en un susurro apenas abriendo la boca. 'la otra noche, cuando me vio salir del dormitorio con Hermione. Obviamente ella no te pudo ver, por lo que piensa que esto había sido sólo entre nosotros dos.'
'Ah,' respondió Harry. 'Bueno, no piensas que ya terminó, ¿o sí?'
'No,' admitió Ron. 'Fue muy malo mientras ella estaba gritando, pero al final no tuve que terminar.'
'Cobarde,' dijo Hermione, quien parecía divertida. 'Bueno, al parecer fue una mala noche para los romances en general. Ginny y Dean también se pelearon, Harry.'
Él pensó que había suspicacia en su mirada cuando le dijo eso, pero no era posible que ella supiera que de repente, en su interior, Harry estaba bailando conga. Manteniendo su rostro tan inmóvil y su voz tan indiferente como pudo hacerlo, le preguntó:
'¿Cómo sucedió?'
'Oh, fue algo realmente tonto … Ella dice que él siempre intenta ayudarla a pasar el agujero del retrato, como si ella no pudiera hacerlo por sí misma … pero las cosas entre ellos han estado un poco mal últimamente.'
Harry le echó una mirada a Dean que estaba al otro lado del salón de clases. Ciertamente parecía muy desdichado.
'Por supuesto, esto te pone a tí en un dilema, ¿verdad?' preguntó Hermione.
'¿Qué quieres decir?' inquirió rápidamente Harry.
'El equipo de Quidditch,' respondió ella. 'Si Ginny y Dean no se hablan …'
'Ah … sí, sí,' dijo Harry.
'Flitwick,' les advirtió Ron. El pequeño profesor de Encantamientos se acercaba balanceándose hacia ellos, y Hermione era la única que había logrado convertir el vinagre en vino; su vaso estaba lleno de un líquido de color profundamente carmesí, mientras que los contenidos de los vasos de Harry y Ron eran todavía de un lóbrego color café.
'Vamos, vamos, niños,' les reprochó el profesor Flitwick con su voz chillona. 'Menos plática y más acción … déjenme ver cómo lo intentan …'
Levantaron sus varitas juntos, concentrándose lo más que podían, y apuntaron a sus respectivos vasos. El vinagre de Harry se convirtió en hielo, el vaso de Ron explotó.
'Sí … de tarea,' dijo el profesor Flitwick, emergiendo de debajo de la mesa y sacudiéndose pedacitos de vidrio de la punta de su sombrero, 'practiquen.'
Tenían uno de esos poco comunes momentos libres juntos después de la clase de Encantamientos, y se dirigieron los tres hacia la sala común. Ron parecía estar totalmente despreocupado sobre el fin de su relación con Lavender, y Hermione parecía muy contenta. Cuando le preguntó por qué sonreía, ella simplemente dijo: ‘Es un bonito día.’ Ninguno de los dos parecía darse cuenta de la fiera batalla que se estaba librando en el cerebro de Harry:
'Es la hermana de Ron.'
'¡Pero ha terminado con Dean!'
'Sigue siendo la hermana de Ron.'
'¡Soy su mejor amigo!'
'Eso lo hará más difícil.'
'Si yo hablara con él primero …'
'Querrá golpearte.'
'¿Y si no me importa?'
'¡Es tu mejor amigo!'
Harry apenas se percató cómo habían atravesado el agujero del retrato hacia la soleada sala común, y casi ni miró al pequeño grupo de séptimo que se apretujaban juntos ahí, hasta que Hermione gritó.
'¡Katie! ¡Has regresado! ¿Te encuentras bien?'
Harry observó a alguien quien sin duda era Katie Bell completamente saludable y rodeada por sus jubilosos amigos.
'¡Estoy realmente bien!' dijo felizmente. 'Me dejaron salir de San Mungo el lunes, me tomé un par de días para estar en casa con mamá y papá y entonces ellos me han traído aquí esta mañana. Leanne justo me estaba contando lo de McLaggen y el último partido, Harry …'
'Sí,' contestó Harry, 'bueno, ahora que tú has regresado y Ron está bien, tendremos una oportunidad decente para destrozar a Ravenclaw, lo que significaría que podríamos aspirar a la Copa. Escucha, Katie …'
Tenía que preguntárselo inmediatamente; su curiosidad sacó temporalmente a Ginny de su cerebro. Bajó la voz al mismo tiempo que los amigos de Katie empezaron a recoger sus cosas; aparentemente ya iban tarde a Transformaciones.
'… ese collar … ¿ahora puedes recordar quién te lo dio?'
'No,' respondió Katie, negando tristemente con su cabeza. 'Todo el mundo ha estado preguntándomelo, pero no tengo ni idea. La última cosa que recuerdo es haberme dirigido al baño de chicas en ‘Las Tres Escobas¡.'
'¿Entonces sí entraste en el baño?' preguntó Hermione.
'Bueno, sé que abrí la puerta,' dijo Katie, 'así que supongo que quien sea que me haya echado la maldición estaba detrás de ella. Después de eso, mi memoria está en blanco hasta hace dos semanas, ya en San Mungo. Escuchen, es mejor que me vaya, no quiero que McGonagall me ponga a hacer líneas en mi primer día de vuelta …'
Agarró su bolsa y libros y salió a toda prisa tras sus amigos dejando a Harry, Ron y Hermione sentados en la repisa de la ventana y meditando en lo que ella les había dicho.
'Entonces tiene que haber sido una chica o una mujer quien le dio a Katie ese collar,' dedujo Hermione, 'para poder estar en el baño de damas.'
'O alguien que parecía ser una chica o una mujer,' puntualizó Harry. 'No olvides que había un caldero lleno de poción Multijugos en Hogwarts. Sabemos que robaron un poco …'
Se imaginó un desfile de Crabbles y Goyles pavoneándose al pasar, todos transformados en chicas.
'Creo que voy a tomar otro trago de Felix,' dijo Harry, 'y dirigirme al Cuarto de Menesteres otra vez.'
'Eso será un completo desperdicio de poción,' dijo llanamente Hermione, bajando su copia de ‘Silabario del Hechicero’ que acababa de tomar de su bolsa. 'La suerte sólo puede llevarte hasta cierto punto, Harry. La situación con Slughorn fue diferente; siempre tuviste la habilidad para persuadirlo, sólo necesitaste tentar un poco las circunstancias. La suerte no es suficiente para conseguirte un encantamiento poderoso, además. ¡No desperdicies el resto de la poción! Tú necesitarás toda la suerte que puedas conseguir si Dumbledore te lleva con él …' bajó la voz hasta convertirla en un susurro.
'¿No podemos hacer un poco más?' le preguntó Ron a Harry, ignorando a Hermione. 'Sería grandioso tener todo un abastecimiento … tenemos que ver en el libro …'
Harry sacó su tomo de ‘Fabricación de Pociones Avanzado’ de su bolsa y buscó Felix Felicis.
'Diablos, es realmente complicada,' dijo mientras le echaba una ojeada a la lista de ingredientes. 'Y su elaboración toma seis meses … debes dejarla cociendo …'
'Típico,' dijo Ron.
Harry estaba a punto de dejar su libro cuando se percató que una esquina de una página estaba doblada; abrió el libro en ese punto y vio el hechizo Sectumsempra, con la leyenda ‘Para enemigos’, el cual él había hecho ese doblez un par de semanas antes. Todavía no averiguaba qué era lo que hacía, principalmente porque no quería hacer pruebas con Hermione rondando cerca, pero estaba considerando intentarlo la próxima vez que McLaggen lo agarrara desprevenido.
La única persona que no parecía contenta de ver a Katie Bell de regreso en el colegio era Dean Thomas, porque no sería ya más requerido para ocupar su lugar como cazador en el equipo. Tomó la noticia con total estoicismo cuando Harry se la dio, simplemente gruñó algo y se encogió de hombros, pero Harry tenía el indudable sentimiento de que cuando se alejó de Dean, éste y Seamus estaban murmurando de él a sus espaldas.
Durante los siguientes quince días se vieron las mejores prácticas de Quidditch desde que Harry era capitán. Su equipo estaba tan contento de librarse de McLaggen, tan feliz de tener a Katie por fin de regreso, que todos estaban volando extremadamente bien.
Ginny no parecía en lo absoluto afectada por su rompimiento con Dean, todo lo contrario, estaba consagrando su vida y alma al equipo. Sus imitaciones de Ron balanceándose ansiosamente de arriba hacia abajo frente a los aros de gol cuando la Quaffle se dirigía a él, o las de Harry gritándole órdenes a McLaggen antes de ser noqueado, los mantenía a todos realmente animados. Harry, riéndose junto con los otros, estaba agradecido de tener una razón inocente para mirar a Ginny; ya había recibido varios golpes de Bludger por no tener los ojos puestos en la Snitch durante las prácticas.
La batalla aún se libraba en su cabeza: ¿Ginny o Ron? A veces creía que al Ron-después-de-Lavender no le importaría demasiado si le pedía a Ginny salir con él, pero entonces recordaba la expresión en el rostro de Ron cuando la había visto besarse con Dean. Esto le hacía estar seguro de que Ron consideraría como una alta traición si Harry tan sólo se atreviera a tomarle la mano a Ginny.
Todavía Harry no podía darse el valor para hablar con Ginny, reír con ella o caminar de regreso con ella al término de las prácticas por mucho que anhelara hacerlo. Siempre se sorprendía a sí mismo pensando cuál sería la mejor manera de acercarse a ella. Hubiera sido ideal si Slughorn hubiera dado otra de sus pequeñas fiestas, para que Ron no estuviera cerca. Desdichadamente, parecía que Slughorn ya se había dado por vencido. Una o dos veces consideró la idea de pedirle ayuda a Hermione, pero no se creía capaz de soportar la mirada de autosuficiencia en su rostro, ya que creía que ella lo había atrapado más de una vez mirando a Ginny o riéndose de sus bromas. Y como si esto fuera poco, tenía la molesta preocupación de que si él no le pedía pronto a Ginny salir juntos, de seguro alguien más se le podía adelantar, ya que últimamente ella era demasiado popular. Quizá demasiado para su propio bien, como Harry y Ron pensaban (¡estaban de acuerdo, por fin!).
Aún con todo, la tentación de tomar un buen trago de Felix Felicis era cada día más fuerte, y Harry se preguntaba si en este caso se ameritaba hacerlo, o si sólo tendría que ‘tentar las circunstancias’ cómo puntualizó Hermione. Los agradables días de Mayo se deslizaban suavemente mientras Ron parecía estar sobre el hombro de Harry cada vez que él observaba a Ginny. A veces se encontraba a sí mismo deseando con fervor un golpe de suerte que le permitiera a Ron darse cuenta que nada lo haría más feliz que el hecho de que su mejor amigo y su hermana se enamoraran y les permitiera estar a solas un poco más de tiempo que el par de segundos habituales. Pero aparentemente no habría oportunidad de nada con la final de Quidditch encima y Ron queriendo hablar sólo de tácticas de juego todo el tiempo.
Ron no era el único interesado en este tema; las expectativas del juego entre Gryffindor y Ravenclaw, el partido que decidiría el campeonato, parecían haberse regando como pólvora por todo el castillo. Si Gryffindor apaleaba a Ravenclaw por un margen de trescientos puntos (algo posible, ya que Harry no había visto a su equipo mejor que ahora), ellos se llevarían el campeonato. Pero si les ganaban con menos de trescientos puntos, quedarían segundos después de Ravenclaw; si perdían por cien puntos estarían en tercer puesto detrás de Hufflepuff; o si perdían por más de cien puntos, quedarían en cuarto lugar, y nadie, estaba seguro Harry, olvidaría en los siguientes dos siglos que él capitaneaba el equipo cuando cayeron desde su primer puesto hasta el último.
Los días previos al partido estuvieron plagados de los acontecimientos usuales: miembros de las casas rivales intentaban intimidar a los del equipo contrario en los pasillos; cánticos desagradables sobre algún jugador se dejaban oír ruidosamente cuando éste pasaba; los miembros de los equipos se pavoneaban disfrutando de la atención o corrían a los baños entre clases para vomitar. De cualquier forma, Harry creía que el resultado del partido estaría entrelazado inevitablemente con el éxito o fracaso de sus planes hacia Ginny. Sabía que si ganaban por más de trescientos puntos las escenas de euforia y la fiesta post-partido serían tan reconfortantes como un gran trago de Felix Felicis.
En medio de estas preocupaciones, Harry no había olvidado su otra ambición: averiguar qué hacía Malfoy en el Cuarto de los Menesteres. Seguía viendo el Mapa del Merodeador de vez en cuando, y al no ver a Malfoy en él deducía que éste estaba pasando su tiempo en el Cuarto de los Menesteres. Y aunque ya estaba perdiendo las esperanzas de descubrir a Malfoy dentro del salón, seguía intentando hallar la puerta al pasar por ahí, sin tener más recompensa que encontrar el muro sin puerta alguna.
Unos días antes del partido contra Ravenclaw, Harry se encontraba caminando solo hacia su sala común después de haber cenado, ya que Ron había salido disparado hacia el baño más cercano para vomitar y Hermione se había desaparecido al ver aproximarse a la profesora Vector, murmurando algo sobre un error que había cometido en su último ensayo de Aritmancia. Más que por hábito que por otra cosa, Harry hizo el habitual recorrido por el pasillo del séptimo piso revisando el Mapa del Merodeador mientras caminaba. No pudo encontrar a Malfoy por ningún lado por lo que asumió que estaría dentro del Cuarto de los Menesteres otra vez, cuando de repente pudo ver la pequeña etiqueta con su nombre en un baño de chicos que estaba un piso debajo y acompañado, no por Crabble o Goyle, sino por Myrtle la llorona.
Harry se quedó observando esta inusual pareja que no se percató de que iba derecho hacia una armadura. El tremendo ruido que hizo ésta al caerse lo hizo volver a la realidad; huyó de la escena a toda prisa antes de que Filch hiciera su aparición, bajó las escaleras de mármol a toda carrera y siguó por el pasillo que se abría ahí. Fuera del baño, puso su oreja contra la puerta esperando oír algo. Completo silencio. Abrió la puerta con sumo cuidado, tratando de no hacer ruido.
Draco Malfoy estaba parado de espaladas a la puerta, con sus manos se apoyaba en un lavabo y tenía su rubia cabeza inclinada.
'Ya, ya …' canturreaba la voz de Myrtle la llorona desde uno de los cubículos. 'Ya, ya … cuéntame … ¿qué te pasa? ... Quizá pueda ayudarte …'
'Nadie puede ayudarme.' dijo Malfoy. Estaba temblando de pies a cabeza. 'No puedo hacerlo … no puedo … no sirvo para eso … y si no lo hago pronto … dijo que me mataría …'
Y entonces Harry se dio cuenta, con una impresión tan grande que parecía haberse quedado pegado al suelo, que Malfoy estaba llorando … llorando de verdad. Las lágrimas recorrían su pálido rostro y caían en el mugriento lavamanos. Malfoy jadeó y tosió, y entonces, con un gran estremecimiento, levantó la cabeza y a través del espejo resquebrajado, miró a Harry observándolo sobre su hombro.
Malfoy se dio la vuelta con rapidez, levantando su varita. Instintivamente Harry sacó la suya. El embrujo que Malfoy arrojó a Harry falló por centímetros, haciendo añicos la lámpara que estaba en el muro junto a él. Arrojándose al suelo, Harry pensó ‘¡Levicorpus!’ y agitó su varita, pero Malfoy logró esquivarlo y levantó su propia varita para arrojarle otro maleficio …
'¡No! ¡No! ¡Deténganse!' chilló Myrtle la Llorona, su voz hacia eco en el cuarto de baño. '¡Alto! ¡PAREN YA!'
Se escuchó un terrible estruendo y la cabina que estaba junto a Harry explotó; intentó hacer el hechizo de las piernas pegadas pero éste rozó la oreja de Malfoy y golpeó el muro detrás de él, destrozando el tanque de agua sobre el que estaba Myrtle, quien gritó fuertemente; el agua se empezó a derramar por todos lados y Harry se resbaló al mismo tiempo que Malfoy, con el rostro contorsionado, gritaba:
'Cruci …'
'¡SECTUMSEMPRA!' gritó Harry con todas sus fuerzas desde el piso, al mismo tiempo que agitaba salvajemente la varita.
La sangre empezó a salir a chorros del rostro y pecho de Malfoy como si éste hubiera sido golpeado con una espada invisible. Se tambaleó hacia atrás y cayó en el suelo encharcado haciendo un gran ruido en el agua. Su varita cayó de su mano derecha, que se había quedado sin fuerza.
'No …' jadeó Harry.
Deslizándose y tambaleándose, Harry se puso de pie y se precipitó hacia dónde yacía Malfoy, cuyo rostro se había puesto de un rojo brillante. Tenía sus manos contraídas sobre su pecho bañado en sangre.
'No … no quise …'
Harry no sabía lo que había dicho, cayó de rodillas a un lado de Malfoy, quien temblaba incontroladamente en el charco de su propia sangre. Myrtle la Llorona dejó salir un ensordecedor grito:
'¡ASESINATO! ¡ASESINATO EN EL BAÑO! ¡ASESINATO!'
La puerta se abrió de golpe detrás de Harry él miró hacia arriba, aterrorizado: Snape había irrumpido en el baño, tenía el rostro lívido. Empujó bruscamente a Harry hacia un lado y se puso de rodillas junto a Malfoy. Sacando su varita se puso a trazar con ella sobre las profundas heridas que la maldición de Harry le había causado, al mismo tiempo que murmuraba un encantamiento que sonaba como una canción. La sangre pareció dejar de fluir. Snape limpió el rostro de Malfoy y repitió su hechizo. Parecía cómo si hubiera cosido las heridas.
Harry sólo observaba, horrorizado por lo que había hecho. Apenas se percató que estaba también empapado en sangre y agua. Myrtle la Llorona seguía sollozando y lamentándose sobre ellos. Cuando Snape pareció terminar su contrahechizo por tercera vez, ayudó a Malfoy a incorporarse, aunque no lo logró del todo.
'Necesitas ir a la enfermería. Te podrían quedar las cicatrices, pero si tomas Dittany inmediatamente podremos evitarlas … Vamos …'
Sosteniendo a Malfoy, lo ayudó a cruzar el baño y al llegar a la puerta se volvió y dijo, con una voz fría cargada de furia:
'Y tú, Potter … espérame aquí.'
Ni por un segundo le pasó por la cabeza desobedecer. Se levantó lentamente, temblando, y miró hacia abajo el suelo mojado. Había manchas de sangre flotando como lirios rojos sobre la superficie del agua. No encontraba palabras para pedirle a Myrtle la Llorona que se callara, ya que continuaba lamentándose y sollozando con un disfrute cada vez mayor.
Snape regresó diez minutos después. Entró al baño y cerró la puerta detrás de él.
'Vete,' le dijo a Myrtle, y ésta se sumergió dentro de su taza dejando un sonoro silencio detrás de ella.
'No sé que pasó,' dijo Harry a su vez. Su voz hacía eco en aquel frío y húmedo lugar. 'No sabía lo que ese hechizo hacía.'
Pero Snape lo ignoró.
'Aparentemente te he subestimado, Potter,’ dijo tranquilamente. '¿Quién hubiera creído que tú supieras semejante magia oscura? ¿Quién te habló de ese hechizo?'
'Yo … lo leí por ahí.'
'¿Dónde?'
'En … un libro de la biblioteca,' inventó Harry desesperadamente. 'No recuerdo cómo se llamaba …'
'Mentiroso,' dijo Snape. Harry sintió la boca seca. Sabía lo que Snape estaba tratando de hacer y no se había prevenido para evitarlo …
El baño parecía destellar ante sus ojos, trató de bloquearse de todo, pero sobre todas las cosas, intentó desaparecer la imagen de la copia de ‘Fabricación de Pociones Avanzado’ del Príncipe Mestizo de su mente.
Y entonces Snape fue apareciendo ante sus ojos otra vez, en medio de aquel baño destrozado y empapado. Miró sus ojos negros, deseando y esperanzado de que Snape no viera en su mente lo que tanto temía, pero …
'Tráeme tu mochila,' dijo Snape suavemente, 'y todos tus libros. Todos. Tráemelos aquí. ¡Ahora!'
No había manera de discutir. Harry se volvió y salpicando, caminó hacia afuera del baño. Una vez en el pasillo, rompió a correr hacia la Torre de Gryffindor. Muchos venían caminando hacia el lado contrario, y se quedaban boquiabiertos ante su aspecto, empapado y cubierto de sangre. Pero él no contestó ninguna de las preguntas que la gente le hacía al pasar corriendo junto a ellos.
Se sentía estupefacto; era como si una mansa mascota de repente se hubiera vuelto salvaje; ¿qué había estado pensando el Príncipe cuando copió semejante hechizo en su libro? ¿Y qué pasaría cuando Snape lo viera? ¿Le diría a Slughorn (Harry sintió un jalón en su estómago) cómo había logrado obtener semejantes resultados en Pociones durante el año? ¿Confiscaría o destruiría el libro que le había enseñado tanto … el libro que se había convertido en un tipo de guía y amigo? Harry no podía dejar que eso pasara … No podía …
'¿Dónde has …? ¿Por qué estás empapado …? ¿Es sangre?'
Ron estaba parado arriba en las escaleras, desde donde observaba perplejo la visión que Harry ofrecía.
'Necesito tu libro,' jadeó Harry. 'Tu libro de pociones. Rápido … dámelo.'
'Pero, y el del Príncipe es …'
'¡Te explicaré después!'
Ron sacó su copia de ‘Fabricación de Pociones Avanzado’ de su bolsa y se lo pasó; Harry lo tomó y se siguió de largo hacia la sala común. Una vez ahí, agarró su bolsa e ignorando las miradas asombradas de varias personas que acababan de cenar, se arrojó por el agujero del portarretrato y corrió por todo lo largo del pasillo del séptimo piso.
Patinó para detenerse junto al tapiz de los trolls danzantes, cerró sus ojos y empezó a caminar.
’Necesito un lugar para esconder mi libro … Necesito un lugar para esconder mi libro … Necesito un lugar para esconder mi libro…’
Tres veces caminó de un lado a otro enfrente del pedazo de muro desnudo. Cuando abrió los ojos, ahí estaba por fin: la puerta del Salón de los Menesteres. Harry abrió la puerta, se precipitó dentro y cerró de un portazo.
Jadeó de la sorpresa. A pesar de su prisa, su pánico y su miedo de lo que le esperaba al regresar al baño, nada lo habría preparado para el sobrecogimiento que sintió al ver lo que había adentro. Estaba en un cuarto del tamaño de una gran catedral, cuyas ventanas dejaban caer rayos de luz sobre lo que parecía una ciudad con altísimos muros, construidos por lo que Harry supo eran objetos escondidos por generaciones de habitantes de Hogwarts. Había callejones y caminos formados por vacilantes pilas de muebles rotos y dañados, puestos ahí, quizá, para esconder la evidencia de magia mal hecha, o guardados por los orgullosos elfos domésticos del castillo. Había miles y miles de libros aparentemente prohibidos, rayados o robados. Había catapultas con alas y Frisbees Colmilludos, algunos todavía con vida suficiente en ellos como para revolotear débilmente sobre las montañas de los otros objetos prohibidos. Había botellas despostilladas con pociones congeladas, sombreros, joyas, capas; algo que parecían cascarones de huevo de dragón, botellas con corcho cuyos contenidos todavía brillaban malévolamente, varias espadas oxidadas y un hacha pesada y ensangrentada.
Harry se internó apresuradamente en uno de los tantos callejones formados por aquel tesoro escondido. Pasó un enorme troll relleno y dobló a la derecha, corrió un pequeño tramo y en el armario desvanecedor donde Montague había desaparecido por un tiempo el año pasado (que por cierto estaba roto), dobló a la izquierda y finalmente se detuvo frente a una gran alacena a la que parecía le habían arrojado ácido sobre su ampollada superficie. Abrió una de las chirriantes puertas de la alacena, pero ya alguien la había utilizado para esconder algo antes: era algo en una jaula que aparentemente ya tenía mucho tiempo muerto … un esqueleto con cinco piernas. Colocó el libro del Príncipe Mestizo junto a la jaula y cerró la puerta. Se detuvo un momento para mirar todo el desorden de alrededor, su corazón le retumbaba terriblemente … ¿Lograría encontrar este mismo sitio otra vez en medio de toda esta chatarra? Agarró el busto quebrado de un brujo feo y viejo que estaba arriba de un cajón cercano y lo colocó encima de la alacena donde estaba escondido el libro. Le puso una vieja peluca polvorienta y, para finalizar, lo coronó con una tiara descolorida para hacer la cabeza de la estatua más distintiva. Se devolvió lo más rápido que pudo por los callejones de chatarra oculta de regreso a la puerta, salió al pasillo y cerró la puerta con un golpe detrás de él.
Harry no corrió, casi voló, de regreso al baño del piso inferior, metiendo el libro de Ron dentro de su bolsa en el camino. Un minuto después, estaba frente a Snape, quien tendió su mano sin decir palabra en espera de la bolsa de Harry. Él se la entregó, jadeando y con dolor de pecho. Y esperó.
Uno por uno, Snape extrajo los libros de Harry y los examinó. Al final, el único que quedaba era el libro de Pociones, el cual revisó con mucho cuidado antes de decir algo.
'¿Éste es tu libro de ‘Fabricación de Pociones Avanzado’, Potter?'
'Sí,' dijo Harry, quien todavía respiraba con dificultad.
'¿Estás completamente seguro de ello, Potter?'
'Sí,' contestó Harry, con un dejo de desafío en la voz.
'¿Éste es la copia de ‘Fabricación de Pociones Avanzado’ que tú compraste en ‘Flourish y Blotts’?'
'Sí,' dijo Harry firmemente.
'Entonces dime,' preguntó Snape, '¿por qué este libro tiene el nombre ‘Roonil Wazlib’ escrito en la contraportada?'
El corazón de Harry dio un vuelco.
'Ese es mi sobrenombre,' dijo.
'Tu sobrenombre,' repitió Snape.
'Sí ... es la manera cómo mis amigos me llaman,' explicó Harry.
'Entiendo lo que es un sobrenombre,' dijo Snape. Sus ojos negros y fríos taladraban una vez más los de Harry, quien trató de no mirar dentro de ellos. Cierra tu mente ... Cierra tu mente ... Pero nunca había aprendido a hacerlo bien.
'¿Sabes qué pienso, Potter?' dijo Snape tranquilamente. 'Creo que eres un mentiroso, además de tramposo, y pienso que te mereces un castigo conmigo cada sábado hasta el fin del curso. ¿Qué crees tú?'
'Yo ... yo no estoy de acuerdo, señor,' dijo Harry todavía evitando ver dentro de los ojos de Snape.
'Bien, veremos cómo te sientes después de tus castigos,' dijo Snape. 'El sábado a las diez de la mañana, Potter. En mi oficina.'
'Pero, señor ...' replicó Harry, mirándolo desesperado. 'El juego de Quidditch ... el último partido de ...'
'A las diez en punto,' susurró Snape con una sonrisa que mostraba sus dientes amarillos. 'Pobre Gryffindor ... en cuarto lugar este año, me temo ...'
Y salió del baño sin decir nada más, dejando a Harry mirándose en el espejo resquebrajado. Se sentía enfermo, más enfermo de lo que seguramente Ron se había sentido en toda su vida.
'No quiero decir ‘te lo dije’’ dijo Hermione, una hora después en la sala común.
'Déjalo en paz Hermione,' dijo Ron enojado.
Harry no había ni hecho el intento de cenar; no tenía apetito en lo absoluto. Le acababa de contar a Ron, Hermione y Ginny lo que había pasado, aunque no era que no lo supieran ya. La noticia había corrido velozmente: aparentemente Myrtle la Llorona la había contado en todos los baños del castillo; Pansy Parkinson acababa de visitar a Malfoy en la enfermería, y aquella no había perdido el tiempo en difamar a Harry por diestra y siniestra; mientras que Snape le había contado al profesorado exactamente lo que había sucedido. Harry había sido llamado fuera de la sala común para pasar quince terribles minutos en compañía de la profesora McGonagall, quien le dijo que se considerara afortunado de no haber sido expulsado y que estaba totalmente de acuerdo con el castigo que le había impuesto el profesor Snape de detenerlo cada sábado hasta el final del curso.
'Te dije que había algo raro en este ‘Príncipe’,’ dijo Hermione, que aparentemente no podía contenerse. 'Y tuve razón, ¿no es así?'
'No, no creo que la tengas,' dijo Harry testarudamente.
Ya estaba pasando un mal rato para escuchar además los sermones de Hermione; las caras que pusieron sus compañeros del equipo de Gryffindor cuando les dijo que no podría jugar con ellos el sábado había sido el peor castigo de todos. Sintió sobre él los ojos de Ginny, pero no tuvo el valor para mirarla directamente; no podría soportar que lo viera con decepción o enojo. Le había dicho que podría jugar como Buscadora sólo este sábado, mientras que Dean podría reincorporarse al equipo como Cazador en su lugar. Quizá, si ganaban, Ginny y Dean podrían volver durante la euforia de la fiesta después del partido ... El sólo pensamiento atravesaba a Harry como un cuchillo helado.
'Harry,' preguntó Hermione, '¿Cómo puedes seguir defendiendo a ese libro después que ese hechizo ...?'
'¡Deja de insistir en ese tema del libro!' gritó Harry. '¡El Príncipe sólo lo copió! ¡No quiere decir que él recomendara su uso a nadie! ¡Por lo que sabemos, hizo una nota de algo que había sido usado en su contra!'
'No lo creo así,' insistió Hermione 'Estás realmente defendiendo ...'
'¡No estoy justificando lo que hice!' dijo rápidamente Harry 'Desearía no haberlo hecho nunca, pero no es justo que tenga cerca de una docena de días de detención. Sabes bien que yo no usaría un hechizo como ese, ni siquiera en Malfoy, pero no le eches la culpa al Príncipe ya que él no escribió ‘intenten esto, es realmente efectivo’ ... sólo hizo algunas notas para él mismo, no para otros ...'
'Ahora dime,' dijo Hermione, '¿Quieres decir que piensas volver a ...?'
'¿A recuperar el libro? Sí, así es,' dijo Harry enérgicamente. 'Escucha: sin el Príncipe yo nunca hubiera ganado la Felix Felicis; nunca hubiera sabido cómo salvar a Ron de envenenamiento; nunca hubiera ...'
'... tenido una brillante reputación en Pociones que realmente no mereces,' dijo Hermione ácidamente.
'¡Déjalo en paz, Hermione!' dijo Ginny, y Harry se sintió tan sorprendido y agradecido, que levantó la vista hacia ella. 'Por lo que hemos oído, Malfoy estaba tratando de usar una maldición imperdonable, por lo tanto, ¡deberías estar agradecida de que Harry hubiera tenido algo realmente bueno que lo salvara!'
'¡Pues claro que estoy contenta de que Harry no haya sido tocado por la maldición!' replicó Hermione, claramente herida. '¡Pero si eres capaz de llamarle ‘algo bueno’ al hechizo Sectumsempra, Ginny, mira dónde ha colocado a Harry ahora! Y eso sin mencionar lo que esto ha hecho con su oportunidad de ganar el partido ...'
'Ah, no empieces a fingir que entiendes de Quidditch,' dijo Ginny con crueldad, 'solamente quedas en ridículo.'
Harry y Ron miraron cómo Hermione y Ginny, que siempre se habían llevado muy bien entre ellas, estaban sentadas con los brazos cruzados y mirando en direcciones opuestas. Ron le echó una mirada nerviosa a Harry, tomó un libro al azar y lo escondió detrás de él. De cualquier modo, Harry, muy en el fondo sabía que se lo merecía, aunque, inexplicablemente, se sentía contento. No le importaba que nadie le hablara por el resto de la tarde.
Esta despreocupación le duró muy poco. Al otro día, las burlas de los de Slytherin se recrudecieron, por no mencionar el enojo de sus compañeros de Gryffindor, quienes estaban totalmente infelices de que su capitán se hubiera sacado él mismo del último partido de la temporada. En la mañana del sábado, contrariamente a todo lo que él le pudo haber dicho a Hermione, hubiera cambiado gustoso todo el Felix Felicis del mundo por haber podido caminar hacia el estadio de Quidditch junto con Ron, Ginny y los otros. Era realmente insoportable caminar al lado contrario de la masa de estudiantes que se dirigía a tropel hacia la luz del Sol, todos vestidos con sombreros, usando rosetones y bufandas y blandiendo estandartes; mientras él tenía que bajar por los escalones de piedra hacia las mazmorras y alejarse de los sonidos que cada vez eran más distantes, los cuales le podían dar alguna pista, la posibilidad de oír algún comentario o una porra era nula.
'Ah, Potter,' dijo Snape, cuando Harry tocó a su puerta y entró a su desagradablemente conocido despacho, el cual aún no había abandonado, a pesar de que ahora daba clase varios pisos arriba. Estaba tan oscuro como siempre y tenía los mismos objetos repugnantes suspendidos en pociones de diferentes colores alrededor de las paredes. Lo único diferente era un buen número de cajas llenas de telarañas apiladas en una mesa, donde Harry supuso que debía sentarse. Eso tenía un aura de ser un tedioso trabajo, además de difícil y carente de sentido.
'El señor Filch ha estado buscando a alguien que le ayude a limpiar estos viejos archivos,' dijo Snape suavemente. 'Son registros de otros antiguos infractores de Hogwarts y sus castigos recibidos. Nos gustaría que copiaras los crímenes y los castigos de aquellos registros donde la tinta se vea ya borrosa, así como los que hayan sido roídos por los ratones. Asegúrate de que queden en orden alfabético, reacomodándolos en las cajas. No puedes usar magia.'
'Bien, profesor,' dijo Harry, quien se dio cuenta el énfasis que puso en las últimas cuatro sílabas.
'Pienso que puedes comenzar,' dijo Snape con una sonrisa maliciosa en sus labios, 'con las cajas mil doce a la mil cincuenta y seis. Encontrarás algunos nombres familiares ahí, lo cual podría añadirle algo de interés a tu tarea. Aquí tienes ...'
Sacó una tarjeta de una de las cajas que estaban encima y leyó:
'James Potter y Sirius Black. Aprehendidos por usar un hechizo ilegal contra Bertram Aubrey. La cabeza de Aubrey ha vuelto a su tamaño normal. Doble detención.' Snape hizo un gesto de desprecio. 'Pudiera funcionar como consuelo, ahora que ambos se han ido, tener un registro de sus grandes logros como recuerdo ...'
Harry sintió la ya muy familiar sensación de que algo hervía en su estómago. Se mordió la lengua para no hablar y evitar represalias, se sentó frente a las cajas y se acercó una de ellas.
Este trabajo era, como Harry lo había anticipado, inútil y aburrido. Además, (como Snape claramente lo había planeado) sentía una sacudida en el estómago cada vez que leía el nombre de su padre o el de Sirius, usualmente haciendo pareja en algunas fechorías insignificantes, y algunas veces acompañados por Remus Lupin y Peter Pettigrew. Y mientras copiaba sus delitos y sus castigos, se preguntaba qué estaría pasando afuera, donde el partido acababa de empezar ... Ginny jugando de buscadora contra Cho ...
Harry miraba una y otra vez el gran reloj que estaba en la pared. Parecía que se movía a la mitad de velocidad que un reloj normal; quizá Snape lo había hechizado para que fuera más lento. No era posible que él apenas hubiera estado ahí por media hora ... una hora ... una hora y media ...
El estómago de Harry empezó a retorcerse cuando el reloj marcó las doce y media. Snape, que no había dicho ni una palabra más desde que Harry empezó con su tarea, finalmente levantó la cabeza cuando eran la una y diez.
'Creo que has hecho suficiente,' dijo fríamente. 'Haz una marca en el lugar que te has quedado. Continuarás el próximo sábado a las diez en punto.'
'Sí, señor.'
Harry metió una tarjeta arrugada en una caja al azar y se dio prisa en salir por la puerta antes de que Snape pudiera cambiar de opinión. Corrió escalones arriba, agudizando los oídos para escuchar cualquier sonido proveniente del estadio, pero todo estaba muy callado ... había terminado, entonces ...
Vaciló un momento fuera del Gran Salón, que estaba lleno de gente en ese momento, pero finalmente decidió correr escaleras arriba; ya que si Gryffindor había ganado o perdido, el equipo usualmente celebraba o se lamentaba en su propia sala común.
'¿Quid agis?' le dijo tentativamente a la Dama Gorda, preguntándose qué sería lo que encontraría adentro.
La expresión de ella era indescifrable cuando le contestó:
'Velo tú mismo.'
Y se hizo a un lado para permitirle el paso.
Un rugido de celebración brotó por el agujero detrás de ella. Harry se sorprendió cuando las personas adentro empezaron a gritar al verlo a él. Varias manos lo tomaron y lo jalaron al interior de la sala común.
'¡Ganamos!' gritó Ron, que se acercó a él dando brincos y le pasó la Copa plateada. '¡Ganamos! ¡Cuatrocientos cincuenta a ciento cuarenta! ¡Ganamos!'
Harry miró alrededor; Ginny estaba corriendo hacia él. Tenía un rostro resplandeciente cuando envolvió a Harry con sus brazos. Y sin pensarlo, sin haberlo planeado, sin preocuparse por el hecho que cincuenta personas estuvieran viendo, Harry la besó.
Después de algunos segundos ... o bien pudiera haber pasado media hora ... o quizá varios días ... ellos se separaron. La sala común se había quedado muy silenciosa. Entonces, varios aullaron y otros soltaron risitas nerviosas. Harry miró sobre la cabeza de Ginny para observar a Dean Thomas haciendo añicos un vaso en su mano, y a Romilda Vane mirando como si quisiera arrojarle algo. Hermione sonreía radiante, pero lo que en verdad buscaban los ojos de Harry era a Ron. Por fin lo encontró, todavía sosteniendo la Copa y con una expresión adecuada de quien ha recibido un porrazo en la cabeza. Por una fracción de segundo se miraron el uno al otro, entonces Ron dio una pequeña sacudida de cabeza que Harry entendió que quería decir: 'Bueno ... si debe ser así ...'
Harry sintió que su pecho rugía de triunfo, sonrió a Ginny y sin palabras la llevó fuera del agujero del portarretrato. Una larga caminata por los jardines pareció indicada, durante la cual ... si es que tuvieron tiempo ... pudieron hablar del partido.