Saturday, August 13, 2005

Capítulo 3: Lo hará o no lo hará por Martín

Harry roncaba fuertemente. Había estado sentado en una silla frente a la ventana de su habitación durante las últimas cuatro horas, observando la calle oscura, y finalmente había caído dormido con su cara presionada contra el frío vidrio de la ventana, sus gafas corridas y su boja un poco abierta. El aliento húmedo que había dejado en la ventana destellaba con el resplandor naranja del alumbrado público, y la luz artificial sumía su cara en todos los colores, por lo que tenía un aspecto fantasmal bajo su oscura cabellera con aspecto de sucia.
La habitación estaba compuesta de varios objetos y una buena cantidad de basura. Plumas de lechuza, carozos de manzanas, y envoltorios de golosinas tirados por el piso, unos libros de encantamientos permanecían tirados asquerosamente entre la maraña de ropa en su cama, y unos periódicos desordenados se ubicaban en una mancha de luz en su escritorio. El título de uno recalcaba:

HARRY POTTER: ¿EL ELEGIDO?
Los rumores continúan acerca de la revuelta misteriosa en el Ministerio de Magia, durante la cual El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado fue visto otra vez.
’No estamos autorizados para hablar, no me preguntes nada,’ dijo un agitado Desmemorizador, quien se abstuvo de decir su nombre mientras abandonaba el Ministerio la última noche.
De todos modos, fuentes de primera mano dentro del Ministerio han confirmado que la revuelta se centró en la misteriosa Sala de las Profecías.
Mientras los boceros del Ministerio se han negado a confirmar la existencia de tal lugar, un creciente número de miembros de la Comunidad Mágica cree que los Mortífagos ahora están cumpliendo sus sentencias en Azkaban por entrar sin autorización e intentar robar una profecía. La naturaleza de esa profecía se desconoce, sin embargo la especulación apunta a que involucra a Harry Potter, la única persona que se cree, ha sobrevivido a un Hechizo Imperdonable, y quien también es conocido por haber estado en el Ministerio la noche en cuestión. Algunos se van muy lejos al llamar a Potter ‘el Elegido’, creyendo que la profecía lo nombraba como el único que derrotará a El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado.
El paradero actual de la profecía, si es que existe, se desconoce, sin embargo (continuación página 2, columna 5)

Un segundo periódico permanecía por sobre el primero. Este titulaba:

SCRIMGEOUR SUCEDE A FUDGE

Gran parte de esta portada estaba cubierta por una gran foto blanco y negro de un hombre con una cabellera espesa al estilo de un león y una cara bastante arrasada. La foto se movía – el hombre saludaba hacia el techo.

Rufus Scrimgeour, previamente Cabeza de la Oficina Auror en el Departamento de Cooperación Judicial, ha sucedido a Cornelius Fudge como Ministro de Magia. El nombramiento ha sido recibido con gran entusiasmo en la Comunidad Mágica, sin embargo los rumores de una pelea entre el nuevo Ministro y Albus Dumbledore, recientemente reintroducido en la Corte Principal de Wizengamot, aparecieron durante las horas en que Scrimgeour tomó el cargo.
Los representantes de Scrimgeour admitieron que habían tenido una reunión con Dumbledore sobre la toma de posesión del alto mandato, pero se negó a comentar los temas en discusión. Albus Dumbledore es el conocido (continuación página 3, columna 2)

A la izquierda de este periódico yacía otro, que había sido doblado, por lo que el artículo, con el título del Ministerio garantizando la seguridad a los estudiantes, estaba visible.

El recientemente desigando Ministro de Magia, Rufus Scrimgeour, habló hoy sobre las nuevas y difíciles medidas que se han tomado en este Ministerio para garantizar la seguridad de los estudiantes que regresarán al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería este otoño.

’Por razones obvias, el Ministerio no entrará en detalles acerca de estos nuevos y rigurosos planes de seguridad,’ dijo el Ministro, sin embargo una persona con acceso a información confidencial confirmó que las medidas incluyen encantamientos y hechizos de defensa, un complejo conjunto de contrahechizos, a una pequeña fuerza de Aurores dedicados solamente a la protección del Colegio Hogwarts. Se reasegura con las durezas del Ministro la seguridad de los estudiantes. Dijo la Señora Augusta Longbottom, ‘Mi nieto, Neville – un gran amigo de Harry Potter, incidentalmente, luchó contra los Mortífagos a su lado en el Ministerio en Junio y-

Pero el resto de este artículo estaba tapado por un gran jaula para pájaros que yacía arriba de éste. Dentro, había una magnífica lechuza como una bola de nieve. Sus ojos color ámbar contemplaban la habitación imperiosamente, su cabeza giraba ocasionalmente a su dueño que estaba roncando. Una u otra vez sacudía su pico impacientemente, pero Harry estaba demasiado dormido como para escucharla.
Un gran baúl permanecía en la mitad de la habitación. Su tapa estaba abierta; se veía expectante; todavía estaba casi vacía ya que tenía restos de ropa interior, dulces, botellas de tinta vacías, y plumas quebradas que cubría la parte inferior. Cerca, en el piso, yacía un folleto color púrpura con las palabras:

----ENTREGADO EN NOMBRE DE----
El Ministerio de Magia
PROTEGIENDO SU HOGAR Y FAMILIA DE LAS FUERZAS OSCURAS

La Comunidad Mágica estaba en ese entonces bajo la amenaza de una organización que se autodenominaba Mortífagos. Observando los siguientes normas de seguridad tan simples, te ayudará a protegerte a ti, tu familia y tu hogar de ser atacados.

1. Se le aconseja no dejar el hogar solo.
2. Se debe tomar especial recaudo en las horas de oscuridad. Si es posible, arregle sus cosas antes de que caiga la noche.
3. Revise los planes de seguridad en toda su casa, asegurándose de que todos los miembros de la familia estén conscientes de las medidas de emergenia cono los Encantamientos Escudo y Desilocionador, y, en el caso de los miembros menores de edad en la familia, la Aparición.
4. Acordar cuestiones de seguridad con amigos muy allegados y familia para detectar Mortífagos haciéndose pasar por otro usando la Poción Multijugos (ver página 2).
5. Si sientes que un miembro de la familia, colega, amigo o vecino actúa de manera inusual, contáctate con la Escuadra de la Ley de Cooperación Mágica en el instante. Ellos pueden llegar a estar bajo el Encantamiento Imperius (ver página 4).
6. Si la Marca Tenebrosa apareciese en cualquier lugar u otro edificio, NO ENTRES, y contacta a la Oficina de Aurores inmediatamente.
7. Visiones inconfirmadas sugieren que los Mortífagos podrían estar usando el Inferi (ver página 10). Cualquiera que vea el Inferius, o lo encuentre, lo deberá reportar al Ministerio inmediatamente.
Harry gruñó mientras dormía y su cara descendió de la ventana al menos una pulgada, haciendo que sus anteojos se vean más aumentados, pero no se levantó. Un reloj con alarma, al que Harry arregló tantas veces años atrás, hacía un fuerte tic-tac, mostrando de un minuto a once. Al lado de éste, sostenido por la mano relajada de Harry, había un trozo de pergamino escrito con letra un tanto inclinada y pequeña. Harry había leído esta carta muy a menudo desde su llegada hacía tres días que la misma se había hecho un poco estrecha, y ahora permanecía un tanto estirada.

Querido Harry,
Si te es conveniente, llamaré al número cuatro de Privet Drive es Viernes que viene a las siete p.m. para acompañarte hasta la Madriguera. Te explicaré con más detalle cuando te vea.

Envíame una respuesta de regreso con esta lechuza. Deseando verte el Viernes,

atentamente,

Albus Dumbledore.

A pesar de haberlo presentido, Harry había estado hechando algunos vistazos a este texto unos pocos minutos desde las siete en punto esa misma tarde, cuando había tomado esa posición al lado de la ventana de su habitación, donde tenía una visión de cada lado de Privet Drive. Sabía que era inútil releer las palabras de Dumbledore; Harry habçia enviado de vuelta un ‘sí’ con esa lechuza, a modo de respuesta, y todo lo que podía hacer ahora era esperar: cabía la posibilidad de que Dumbledore viniera o no.
Pero Harry no había empacado. Era muy bueno para ser real de que iba a ser rescatado de los Dursleys después de una mera quincena de su presencia. No pudo evitar el sentir que algo estaba mal – su respuesta a Dumbledore podría haber sido desviada; Posiblemente se le haya impedido a Dumbledore el poder recogerlo; la carta pudo no haber llegado a Dumbledore después de todo, por un truco, broma o trampa. Harry no era capaz de empacar y luego decepcionarse y tener que desempacar nuevamente. El único gesto que hizo ante la posibilidad de un viaje, fue encerrar a su nevada lechuza Hedwig en su jaula.
El brazo del segundo del reloj con alarma llegó al número doce y, en ese preciso momento, la lámpara de la calle que se veía por la ventana se apagó.
Harry se sobresaltó como su la repentina oscuridad fuese fuese una alarma. Precipitadamente acomodando sus gafas y despegando su mejilla del vidrio, presionó su nariz contra el cristal y miró hacia el pavimento. Una figura alto con una larga capa a lunares caminaba sobre el césped del jardín.
Harry saltó como si hubiese recibido una corriente eléctrica, se tiró de la silla y comenzó a tomar cada cosa que encontraba en el piso y las tiraba al baúl. Mientras metía a presión su ropa, dos libros de encantamientos y un paquete con comida chatarra, el timbre sonó. Bajo las escaleras, en la sala de estar su Tío Vernon gritó, ‘¿Quién diablos llama a estas horas de la noche?’
Harry se quedó helado con un telescopio de metal en una mano y un par de zapatillas en las otras. Había olvidado completamente de avisar a los Dursleys que Dumbledore llegaría. Sintiendo una mezcla de pánico con ganas de reir, cargó el baúl y destrabó la puerta de su habitación al tiempo en que escucho una voz intensa que decía, ‘Buenas noches. Usted debe ser el Señor Dursley. ¿Me atrevería a decir que Harry te avisó que vendría por él?’
Harry bajó las escaleras en cuanto pudo, deteniéndose varias escaleras abajo, que por experiencia había aprendido a permanecer fuera del alcance de las manos de su tío mientras fuese posible. Allí, en la puerta, permanecía un hombre alto y delgado con una larga cabellera plateada y barba. Unas gafas de medialuna estaban apoyadas en su nariz aguileña, y vestía una larga capa negra de viaje y un sombrero. Vernon Dursley, cuyos bigotes eran tan espesos como los de Dumbledore, pero negros, y quien tenía una bata, miraba fíjamente al visitante como si no le creyese a sus diminutos ojos.
’A juzgar por tu mirada atónita de incredulidad, Harry no te advirtió que vendría,’ dijo Dumbledore amablemente. ‘Sin embargo, déjame decir que me has hecho entrar muy hostilmente a tu casa. Es imprudente dejar abrirle la puerta a alguien en estos días tan complicados.’
Él permaneció con elegancia ante el umbral y cerró la puerta principal tras él.
’Ha pasado mucho tiempo desde mi última visita,’ dijo Dumbledore, observando bajo su nariz aguileña al Tío Vernon. ‘Debo decirle que sus agapantos están floreciendo.’
Vernon Dursley no dijo nada. Harry no dudó en responderle, y en seguida – el pulso de las venas de la sien de su tío estaba llegando a un punto peligroso – algo pareció quitarle temporalmente a Dumbledore su respiración. Pudo haber sido su descarada y poca apariencia de mago, pero también, pudo haber sido que el Tío Vernon pudo sentir que había allí un hombre que era difícil de intimidar.
’Ah, buenas noches Harry,’ dijo Dumbledore, mirándolo a través de sus ganas de medialuna con una expresión de suma satisfacción. ‘Excelente, excelente.’
Estas palabras parecieron provocar al Tío Vernon. Estaba claro mientras él estaba preocupado, cualquier hombre que pudiese mirar a Harry y diga ‘excelente’ era un hombre a quien no podría mirar nunca cara a cara.
’No quiero ser rudo -‘ comezó, en un tono que sonaba un tanto grosero en cada sílaba.
’todavía, lamentablemente, la grosería accidental alarmadamente ocurre muy seguido,’ terminó la oración Dumbledore de manera grave. ‘Mejor no decir nada, mi buen hombre. Ah, y esa debe ser Petunia.’
La puerta de la cocina se había abierto, y allí yacía la tía de Harry, con unos guantes de goma y un abrigo hogareño sobre su ropa de dormir, claramente todos podían ver su usual ropa de antes de dormir. En su cara, tan parecida a la de un caballo, no se vio expresión alguna, pero quedó como boquiabierta.
’Albus Dumbledore,’ dijo Dumbledore, cuando el Tío Vernon había fracasado al intentar una introducción. ‘Hemos sido correspondidos, por supuesto.’ Harry pensó que esta peculiar forma de dirigirse era para recordarle a Tía Petunia que una vez había recibido una carta Vociferadora, pero la Tía Petunia no captó el mensaje. ‘¿Y este debe ser tu hijo Dudley?’
Dudley se había acercado en ese momento a la sala de estar. Su larga y rubio cabello cayendo por sobre el despojado collar de su pijama se veía raramente depersonificado, su boca abierta en modo de asomtro. Dumbledore esperó un momento o dos, aparentemente para ver quien de los Dursleys diría algo con una sonrisa en su mirada.
’¿Podría decir que me invitas a sentarme?’
Dudley se quitó del paso cuando Dumbledore pasó cerca de él. Harry, todavía cargando el telescopio y las zapatillas, bajó las últimas escaleras y siguió a Dumbledore, quien se había instalado el mismo en el sillón cerca del fuego y hablaba a su entorno con una expresión de agradable interés. Se veía extraordinariamente fuera de lugar.
’No nos – no nos iremos, señor?’ preguntó Harry ansiosamente.
’Sí, efectivamente, pero hay algunos problemas de los que debemos hablar primero,’ dijo Dumbledore. ‘Y prefiero no hacerlo al aire libre. Estaremos bajo la hospitalidad de tu tía y tío un pequeño momento.’
’¿Sí?’
Vernon Dursley entró a la sala, Petunia a su espalda, y Dudley escoltándolos.
’Sñi,’ dijo Dumbledore simplemente. ‘Estaré aquí.’
Sacó su varita tan rápidamente que apenas Harry pudo verla; con una eventual sacudida, el sofá se acercó hacia delante y golpió las rodillas de los tres Dursley, por lo que éstos se desplomaron. Otro movimiento de la varita y el sofá se fue hacia atrás en su posición original.
’Debemos estar lo más cómodos,’ dijo Dumbledore amablemente.
Mientras ponía otra vez su varita en su bolsillo, Harry vio que su mano estaba manchada y arrugada; parecía como si su carne se había quemado.
”Señor – ¿qué le pasó a su-?’
’Después Harry,’ dijo Dumbledore, ‘Por favor, siéntate.’
Harry tomó asiento en dicho sillón, tratando de no mirar a los Dursley, que estaban sumidos en el silencio.
’Debo imaginarme que me van a ofrecer algún refresco,’ dijo Dumbledore al Tío Vernon, ‘pero la evidencia sugiere el ser optimista a estas tonterías.’
Un tercero movimiento de la varita, y una polvorienta botella y cinco vacos aparecieron por los aires. La botella se destapó y virtió una generosa cantidad de un líquido color miel en cada vaso, los cuales salieron volando a cada persona de la habitación.
’La bebida más sabrosa de Madam Rosmerta,’ dijo Dumbledore, levantando su vaso a Harry, quien levantó el suyo y dio un sorbo. Nunca había probado algo así antes, pero le gustó muchísimo. Los Dursleys, luego de miradas de terror que intercambiaron el uno con el otro, intentaron ignorar sus vasos completamente, una difícil hazaña, mientras se codeaban gentilmente. Harry no pudo sofocar la sospecha de que Dumbledore lo estaba disfrutando.
’Bien, Harry,’ dijo Dumbledore, tornándose hacia él, ‘ha surgido una dificultad que deseo que resuelvas para nosotros. Para nosotros, me refiero a la Orden del Fénix. Pero primero que nada debo contarte que el testamento de Sirius fue descubierto hace una semana y te dejó todo lo que tenía.’
Sobre el sofá, la cabeza del Tío Vernon se volteó, pero Harry no lo miró, tampoo pudo pensar en nada que decir excepto, ‘Oh. Bien.’
’Esto es promordialmente muy honesto,’ prosiguió Dumbledore. ‘Agregarás una cantidad razonable de oro a tu cuenta en Gringotts, y heredarás todas las posesiones personales de Sirius. La parte un poco complicada del legado-‘
’¿La muerte de su padrino?’ dijo el Tío Vernon por lo alto desde el sofá. Tanto Dumbledore como Harry lo miraron. El vaso frente a la cabeza de Dursley se movía insistentemente; trató de quitarlo. ‘¿Su muerte? ¿Su padrino?’
’Sí,’ dijo Dumbledore. No le preguntío a Harry por qué no le había había confiado eso a los Dursleys. ‘Nuestro problema,’ continuó diciéndole a Harry, como su no hubiese habido interrupción, ‘es que Sirius también te dejo el número doce de Grimmauld Place.’
’¿Ha dejado una casa?’ dijo el Tío Vernon codiciosamente, con sus pequeños ojos cerrándose, pero nadie le respondió.
’Pueden seguir usándolo como cuartel,’ dijo Harry. ‘No me molesta. Lo pueden tener, sinceramente no lo necesito.’ Harry evitó pisar el número doce de Grimmauld Place si con eso pudiese ayudar. Pensó que sería perseguido por el fantasma de Sirius, por los recuerdos de Sirius merodeando por las vacías y húmedad habitaciones, encarcelado en el lugar en el que había deseado vivir tan desesperadamente.
’Eso es generoso,’ dijo Dumbledore. ‘TeneSin embargo, tenemos desalojado el lugar temporareamente.’
’¿Por qué?’
’Bueno,’ dijo Dumbledore, ignorando los murmullos del Tío Vernon, quien ahora estaba siendo golpeado por la cabeza por el persistente vaso, ‘la tradición de la familia Black manifiesta que la casa debe ser heredada por línea, al próximo hombre con el apellido ‘Black.’ Sirius fue el último de la línea como su joven hermanp, Regulus, lo sucedió y ambos eran pequeños. Mientras su testamento encaja perfecta y claramente con lo que él quiere, resulta que tú debes tener la casa, es, sin embargo, posible de que algún hechizo o encantamiento haya sido instalado en la casa para asegurarse de que no le pertenezca a ningún otro que no sea un sangre-pura.’
Una imagen vivida del retrato viviente y que grita de la madre de Sirius que permanecía colgado en la sala de estar del número doce de Grimmauld Place se incrustó en la mente de Harry. ‘Apuesto a que tiene,’ dijo él.
’Un poco,’ dijo Dumbledore. ‘Y si dicho encantamiento existe, el dueño de la casa posiblemente pase a la vivienda de los parientes de Sirius, que significa su sobrina, Bellatrix Lestrange.’
Sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, Harry dio un saltito, el telescopio y las zapatillas que permancecían en su regazo se cayeron al piso. Bellatrix Lestrange, la asesina de Sirius, ¿la heredera de su casa?
’No,’ dijo él.
’Bien, obviamente preferiríamos de que no la tenga,’ dijo Dumbledore con calma. ‘La situación está llena de complicaciones. No sabemos si los encantamientos que nosotros mismos pusimos allí, por ejemplo, haciéndola Inencontrable, llevará a que el propietario haya pasado las manos de Sirius. Podría ser que Bellatrix llegase a la puerta en cualquier momento. Naturalmente tuvimos que mudarnos antes de lo esperado, y hemos clarificado la posición.’
’¿Pero cómo va a saber si estoy autorizado para ser el dueño?’
’Afortunadamente,’ dijo Dumbledore, ‘hay una prueba muy simple.’
Puso su vaso vacío en una pequeña mesa al lado de su silla, pero antes de que pudiese decir algo más, el Tío Vernon exclamó, ‘¿Nos traerás esas cosas rubicundas?’
Harry miró a su alrededor; los tres Dursleys estaban cubriéndose con sus manos sus cabezas, mientras los vacos se balanceaban hacia arriba y hacia abajo en sus cráneos, y sus contenidos volaban hacia cualquier lado.
’Oh, discúlpeme,’ dijo Dumbledore educadamente, y levantó su varita una vez más. Todos los vasos cayeron. ‘Pero sería de buena educación si lo bebieran, ¿saben?.’
Parecía como si el Tío Vernon responiera con un número de desagradables réplicas, pero se volvió a Tía Petunia y Dudley y no dijo nada, manteniendo sus pequeños ojos de cerdo en la varita de Dumbledore.
’Como ves,’ dijo Dumbledore, volviéndose a Harry y hablando nuevamente como si el Tío Vernon no hubiese pronunciado palabra, ‘si has heredado toda la casa, tú también la has heredado-‘
Sacudió su varita por quinta vez. Hubo un fuerte chirrido, y un elfo doméstico apareció, con un hocico en vez de nariz, unas orejas gigantes como de murciélagos, y unos ojos enormes totalmente enrojecidos, agachádo en la alfombra de los Dursley y cubierto de harapos mugrientos. Tía Petunia dejó escapar un alarido; nada como este mugriento había entrado a su casa en la historia. Dudley retiró sus largos y desnudos pies rosados del piso y se sentó con ellos levantando su cabeza lo más que pudo, como si pensase que esta criatura arrancaría sus pantalones de pijama, y Tío Vernon bramó, ‘¿Qué demonios es esto?’
’Kreacher,’ terminó Dumbledore.
’¡Kreacher no lo hará, Kreacher no lo hará, Kreacher no lo hará!’ chilló el elfo doméstico, tan alto que Tío Vernon pegó una patada, anudó sus pies y se tapó sus oídos. ‘K pertenece a la Señorita Bellatrix, oh sí, Kreacher a los Blacks, Kreacher quiere a su nueva ama, Kreacher no irá con el traidor de Potter, Kreacher no lo hará, no lo hará, no lo hará-‘
’Como puedes ver, Harry,’ dijo Dumbledore áltamente, sobre los continuos chillidos de Kreacher de ‘no lo haré, no lo haré, no lo haré’, ‘Kreacher muestra cierta resistencia a que seas el dueño.’
’No me importa,’ dijo Harry una vez más, mostrándose disgustado frente al elfo que pataleaba y se retorcía. ‘No lo quiero.’
’No lo haré, no lo haré, no lo haré-‘
’¿Preferirías que se lo de a Bellatrix Lestrange? ¿Teniendo en cuenta que él ha estado viviendo en los cuarteles de la Orden del Fénix el año pasado?’
’No lo haré, no lo haré, no lo haré-‘
Harry miró fíjamente a Dumbledore. Sabía que Kreacher no podía ir y vivir con Bellatrix Lestrange, pero la idea de tenerlo, de tener la responsabilidad de la criatura que había traicionado a Sirius, era repugnante.
’Dale una orden,’ dijo Dumbledore. ‘Si ahora eres su dueño, tendrá que obedecerte. Sino, pensaremos otras cosas para mantenerlo al lado de su amo.’
’¡No lo haré, no lo haré, NO LO HARÉ!-‘
La vos de Kreacher subió tanto que parecía que gritaba. Harry no sabía qué decir, excepto, ‘¡Kreacher, cállate!’
Miró por un momento como si Kreacher fuera a atragantarse. Tomó su garganta, su boca todavía moviéndose furiosamente, sus ojos saliéndosele de las órbitas. Luego de unos segundos de frenéticos salivazos, se puso cara a cara con la alfombra (Tía Petunia gimoteó) y golpeó el piso con sus manos y pies, lastimándose a sí mismo con violencia, pero en total silencio y rabioso.
’Bueno, eso simplifica las cosas,’ dijo Dumbledore alegremente. ‘Se ve que Sirius sabía lo que hacía. Tu eres el dueño correcto del número doce de Grimmauld Place y de Kreacher.’
’¿Debo – debo tenerlo a él conmigo?’ preguntó Harry, horrorizado, mientras Kreacher se golpeaba a sus pies.
’No sino quieres,’ dijo Dumbledore. ‘Como sugerencia, lo podrías enviar a Hogwarts a trabajar en la cocina. De este modo, los otros elfos domésticos podrían echarle un vistazo.’
’Sí,’ dijo Harry con alivio, ‘sí, haré eso. Er – Kreacher – quiero que vayas a Hogwarts y trabajes en las cocinas con los otros elfos domésticos.’
Kreacher, quien yacía de espaldas al puso con sus brazos y piernas en la solla, dio a Harry un movimiento hacia arriba y hacia abajo, con una mirada de profundo aborrecimiento y, con otro fuerte chirrido, desapareció.
’Bien,’ dijo Dumbledore. ‘También está el problema del hipogrifo Buckbeak. Hagrid lo ha cuidado desde que Sirius murió, pero Buckbeak es tuyo ahora, por lo que si prefirieras hacer otros cambios-‘
’No,’ dijo Harry al unísono, ‘puede estar con Hagrid. Pienso que Buckbeak lo preferiría.’
’Hagrid estará encantado,’ dijo Dumbledore, sonriendo. ‘Se emocionó al ver a Buckbeak de nuevo. Incidentalmente, hemos decidido, por la seguridad de Buckbeak, de rebautizarlo con el nombre ‘Alasmarchitas’ por el momento, ya que dudo que el Ministerio adivinara en que él es el hipogrifo que fue sentenceado esa vez a muerte. Bien Harry, ¿ya empacaste?’
’Erm ...’
’¿Quisieras que suba?’ sugirió Dumbledore inteligentemente.
’Iré y – er – terminaré,’ dijo Harry precipitadamente, apresurado por alzar el telescopio y las zapatillas.
Le tomó unos diez minutos localizar todo lo que necesitaba; al menos se las ingenió para sacar su Capa de Invisibilidad de debajo de la cama, enroscar su tarro de tinta de color, y forzar meter el caldero en su baúl. Luego, con el baúl por arriba de una de sus manos y sosteniendo la jaula de Hedwig en la otra, bajó las escaleras.
Se desilucionó al descubrir que Dumbledore no estaba esperando en el vestíbulo, lo que significaba que tenía que regresar a la sala de estar.
Nadie hablaba. Dumbledore tarareando por lo bajo, aparentemente cómodo, pero la atmósfera estaba más densa que natillas frías, y Harry no se atrevió a mirar a los Dursleys, y dijo, ‘Profesor – ya estoy listo.’
’Bien,’ dijo Dumbledore. ‘Una útima cosa.’ Y se dirigió a hablarles a los Dursleys una vez más.
’Como no dudarán, Harry llegará a la mayoría de edad en un año-‘
’No,’ dijo Tía Petunia, hablando por primera vez desde la llegada de Dumbledore.
’¿Perdón?’ dijo Dumbledore educadamente.
’No, no lo será. Es un mes más joven que Dudley, y Dudders no tendrá dieciocho hasta el próximo año.’
’Ah,’ dijo Dumbledore amablemente, ‘pero en el Mundo Mágico, tenemos la mayoría de edad a los diecisiete.’
Tío Vernon murmuró, ‘Ridículo,’ pero Dumbledore lo ignoró.
’Ahora, como ya saben, el mago llamado Lord Voldemort ha regresado a este país. La Comunidad Mágica está en un estado de guerra abierta. Harry, a quien Lord Voldemort ya ha intentado asesinar en un número de ocasiones, está en más grave peligro ahora que el día en que lo dejé en la entrada de esta casa hace quince años, con una carta explicando lo del asesinato de sus padres y expresando el deseo de que lo cuidasen como si fuese de ustedes.’
Dumbledore se pausó, sin embargo su voz expresó claridad y calma, y no dio ningun signo obvio de furia. Harry sintió una especie de frío en emanando de él y notó que los Dursleys mostraron ligeramente apretados el uno con el otro.
’No lo hiciste como te lo pedó. Nunca trataste a Harry como a un hijo. No supo nada, pero solo el abandono y la crueldad vinieron de ustedes. Lo mejor que se puede decir es que al menos se ha escapado del horroroso daño que le han infligido sobre el chico que ven sentado entre ustedes.’
Tanto Tía Petunia como Tío Vernon miraron alrededor instintivamente, como si esperar ver a alguien más aparte de Dudley, que estaba apretado entre ellos.
’Nosotros - ¿maltratar a Dudders? ¿A qué te-?’ comenzó Tío Vernon furiosamente, pero Dumbledore levantó su dedo en señal de silencio, un silencio que cayó como si hubiese atacado a Tío Vernon.
’La magia que evoqué hace quince años significa que Harry tiene protección mágica mientras pueda llamar a esta casa ‘hogar.’ Sin embargo, él ha estado aquí miserablemente, no muy bienvenido, tratado de mala gana, ustedes, al menos, de mala gana, le dieron una habitación. Esta magia cesará de operar en el momento en que Harry tenga diecisiete; en otras palabras, antes del momento en que sea su cumpleaños diecisiete, se asegurará que la protección continúe hasta ese momento.’
Ninguno de los Dursleys dijo nada. Dudley apenas frunció el entrecejo, como si estuviese todavía tratando de calcular cuándo había sido maltratado. Tío Vernon miró como si tuviese metido algo en su garganta; Tía Petunia, sin embargo, estaba raramente ruborizada.
’Bien, Harry ... hora de irnos,’ dijo Dumbledore al fin, parándose y acomodando su larga capa. ‘Hasta la próxima,’ dijo a los Dursleys, quienes miraron como si el momento tomaría tanto tiempo que les preocupase, y luego de hacer una reverencia con su sombrero, se retiró de la sala.
’Adios,’ dijo Harry precipitadamente a los Dursleys, y siguió a Dumbledore, quien se pausó frente al baúl de Harry, en cuya tapa yacía la jaula con Hedwig sentada.
’No queremos incumbir con esto,’ dijo él, sacando su varita nuevamente. ‘Lo enviaré a la Madriguera para que nos espere allí. Sin embargo, me gustaría que lleves tu Capa de Invisibilidad ... por si a caso.’
Harry sacó su capa del baúl con alguna dificultad, tratando de no mostrar a Dumbledore el desorden en su interior. Cuando ya la puso dentro de uno de sus bolsillos de su campera, Dumbledore agitó su varita y el baúl, la jaula y Hedwig desaparecieron. Dumbledore volvió a agitar su varita, y la puerta principal reveló una oscuridad calma y neblinosa.
’Y ahora, Harry, salgamos a la noche y prosigamos con la inconstante aventura.’