Saturday, August 13, 2005

Capítulo 30: La Tumba Blanca por Patricio

Todas las clases fueron suspendidas, y todos los exámenes pospuestos. Algunos alumnos fueron alejados rápidamente de Hogwarts por sus padres durante los dos días siguientes: las gemelas Patil se fueron antes del desayuno en la mañana siguiente a la muerte de Dumbledore y Zacharias Smith fue escoltado fuera del castillo por su padre, de apariencia altiva. Seamus Finnigan, por otro lado, se negó rotundamente a acompañar a su madre a casa; los dos tuvieron una pelea a gritos en el Gran Hall que se resolvió cuando ella se mostró de acuerdo en que él se quedara al funeral. La madre de Seamus tuvo dificultades para encontrar cama en Hogsmeade, según les había contado Seamus a Ron y a Harry, porque una gran cantidad de magos y brujas estaban llegando al pueblo, preparándose para rendir sus últimos respetos a Dumbledore.
Alguna emoción fue causada entre los estudiantes más jóvenes, que nunca lo habían visto antes, cuando un carruaje azul pálido del tamaño de una casa, empujado por una docena de gigantes caballos alados de color claro con crin blanca, llegó volando por el cielo al caer la tarde antes del funeral y aterrizó en el borde del Bosque. Harry observó desde una ventana como una gigantesca y guapa mujer, de pelo negro y piel color aceituna descendía las escaleras del carruaje y se refugiaba en los brazos de un Hagrid que estaba allí esperando. Mientras tanto, una delegación de oficiales del Ministerio, incluyendo al mismísimo Ministro de Magia, estaba siendo acomodada dentro del castillo. Harry evitó diligentemente el contacto con cualquiera de ellos; estaba seguro de que, tarde o temprano, sería interrogado de nuevo acerca de la última excursión de Dumbledore desde Hogwarts.
Harry, Ron, Hermione y Ginny pasaban todo su tiempo juntos. El maravilloso tiempo parecía burlarse de ellos; Harry podía imaginar cómo habría sido si Dumbledore no hubiera muerto, y hubieran pasado este tiempo juntos al final del curso, con los exámenes de Ginny terminados, sin la presión de las tareas... y hora tras hora retrasaba decir lo que sabía que debía decir, hacer lo que sabía que era correcto hacer, porque era demasiado difícil renunciar a su mejor fuente de consuelo.
Visitaban la enfermería dos veces al día: Neville había sido dado de alta, pero Bill permanecía bajo el cuidado de Madam Pomfrey. Sus cicatrices eran tan malas como siempre; verdaderamente, ahora portaba un parecido a Ojoloco Moody, aunque por suerte con ambos ojos y piernas, pero en cuanto a la personalidad parecía ser el mismo de siempre. Todo lo que parecía haber cambiado era que ahora tenía un gran gusto por chuletas muy raras.
'...así que tiene suegte de igg a casagse conmigo,' dijo Fleur felizmente, ahuecando las almohadas de Bill, 'pogque los bgitánicos dejan pasag la cagne, siempge lo he dicho.'
'Supongo que simplemente voy a tener que aceptar que de verdad se va a casar con ella,' suspiró Ginny más tarde aquella noche, cuando ella, Harry, Ron y Hermione se sentaron al lado de la ventana abierta de la sala común de Gryffindor, mirando hacia los terrenos en penumbra.
'No es tan mala' dijo Harry. 'aunque sí fea...' añadió a toda prisa, cuando Ginny levantó sus cejas, y ella dejó escapar una reacia risita.
'Bueno, supongo que si mamá puede soportarlo, yo también puedo.'
'¿Alguien más que conozcamos murió?' preguntó Ron a Hermione, que estaba examinando el Profeta vespertino.
Hermione se estremeció ante la forzada fortaleza en su voz.
'No' dijo reprobadoramente, doblando el periódico. 'Todavía están buscando a Snape, pero no hay señal...'
'Por supuesto que no la hay' dijo Harry, que se enfadaba cada vez que ese asunto salía. 'No encontrarán a Snape hasta que encuentren a Voldemort, y viendo que nunca han podido hacerlo en todo este tiempo...'
'Me voy a la cama' Ginny bostezó. 'No he dormido bien desde... bueno... podría irme bien dormir un poco.'
Le dio un beso a Harry (Ron miró hacia otro lado significativamente), dijo adiós con la mano a los otros dos y se fue hacia los dormitorios de las chicas. En el momento en que la puerta se hubo cerrado tras ella, Hermione se inclinó hacia Harry con una gran mirada de las suyas en su cara.
'Harry, descubrí algo esta mañana, en la biblioteca...'
'¿R.A.B.? –dijo Harry, incorporándose.
No se sentía de la manera que se había sentido tan a menudo antes, emocionado, curioso, ardiendo por llegar al fondo de un misterio; simplemente sabía que la tarea de descubrir la verdad sobre el Horcrux real tenía que ser completada antes de que pudiera avanzar un poco más lejos en el oscuro y serpenteante camino que había extendiéndose por delante de él, el camino que él y Dumbledore habían dispuesto juntos, y el cual ahora sabía que tendría que recorrer solo. Todavía podría haber hasta cuatro Horcruxes allí fuera, en alguna parte, y cada uno tendría que ser encontrado y eliminado antes de que hubiera una mínima posibilidad de matar a Voldemort. Harry recitaba una y otra vez sus nombres para sí mismo, como si haciendo la lista pudiera traerlos a su alcance: “el medallón... la copa... la serpiente... algo de Gryffindor o de Ravenclaw... el medallón... la copa... la serpiente... algo de Gryffindor o de Ravenclaw...”
Este mantra parecía sacudir la mente de Harry cuando caía dormido por las noches, y sus sueños se llenaban con copas, medallones y misteriosos objetos que no podía llegar a alcanzar, aunque Dumbledore amablemente le ofrecía a Harry una escalera de cuerda que se transformaba en serpientes en el momento en el que él empezaba a subir por ella...
Le había enseñado a Hermione la nota de dentro del relicario la mañana después de la muerte de Dumbledore, y aunque ella no había reconocido inmediatamente las iniciales como pertenecientes a algún oscuro mago sobre el que había leído, desde entonces se escapaba hacia la biblioteca un poco más a menudo de lo que era estrictamente necesario para alguien que no tenía tareas para hacer.
'No' dijo ella tristemente, 'Lo he estado intentando, Harry, pero no he encontrado nada... hay un par de magos razonablemente bien conocidos con esas iniciales: Rosalind Antigone Bungs... Rupert “Axebanger” Brookstanton... pero no parecen adecuados en absoluto. A juzgar por aquella nota, la persona que robó el Horcrux conocía a Voldemort, y no puedo encontrar un pizca de evidencia de que Bungs o Axebanger hayan tenido alguna vez algo que ver con él... no, realmente, es acerca de... bueno, Snape.'
Parecía nerviosa incluso diciendo el nombre otra vez.
'¿Qué pasa con él?' preguntó Harry pesadamente, dejándose caer de vuelta en su silla.
'Bueno, es sólo que yo tenía algo de razón sobre el asunto del Príncipe Mestizo.' dijo ella tentativamente.
'¿Tienes que restregármelo, Hermione? ¿Cómo crees que me siento ahora por eso?'
'No... no... Harry, ¡no quería decir eso!' dijo apresuradamente, mirando alrededor para comprobar que no estaban siendo escuchados. 'Es sólo que yo tenía razón, Eileen Príncipe una vez tuvo en su poder el libro. Verás... ¡era la madre de Snape!'
'Yo creí que no era muy guapa...' dijo Ron. Hermione lo ignoró.
'Iba a leer por encima el resto de los viejos Profetas y había un diminuto anuncio sobre Eileen Príncipe casándose con un hombre llamado Tobías Snape, y luego más tarde un anuncio diciendo que había dado a luz a un...'
'...asesino' escupió Harry.
'Bueno... sí' dijo Hermione. 'Así que... yo tenía algo de razón. Snape debía estar orgulloso de ser “mitad Príncipe”, lo ves? Tobías Snape era un Muggle por lo que decía el Profeta.'
'Sí, eso cuadra' dijo Harry 'Jugó a ser del lado “limpio de sangre” para poder hacerse amigo de Lucius Malfoy y el resto de ellos... es igual que Voldemort. Madre sangre limpia, padre Muggle... avergonzado de su origen, intentando hacerse temido usando las artes oscuras, se dio a sí mismo un nuevo e impresionante nombre: Lord Voldemort – El Príncipe Mestizo... ¿cómo pudo Dumbledore haber pasado por alto...?'
Se calló, mirando fuera por la ventana. No podía parar de pensar en la inexcusable confianza de Dumbledore hacia Snape... pero como Hermione le acababa de recordar sin advertirlo, él, Harry, había sido caído en lo mismo... a pesar de la creciente maldad de aquellos encantamientos garabateados, él había rechazado pensar mal del chico que había sido tan listo, del que lo había ayudado tanto...
Lo había ayudado... era casi un pensamiento intolerable ahora...
'Todavía no entiendo porqué no te acusó por usar ese libro' dijo Ron. 'Debía de saber de dónde lo habías sacado todo.'
'Lo sabía' dijo Harry amargamente. 'Lo supo cuando usé el Sectusempra. No necesitó realmente Legeremancia... lo podría haber sabido incluso antes, con Slughorn hablando sobre lo brillante que yo era en Pociones... No debería de haber dejado su viejo libro en el fondo de aquel armario, ¿no?'
'¿Pero por qué no te acusó?'
'No creo que quisiera asociarse a sí mismo con aquel libro,' dijo Hermione. 'No creo que a Dumbledore le hubiera gustado mucho si lo hubiera sabido. E incluso si Snape simulaba que no había sido suyo, Slughorn habría reconocido su escritura alguna vez. De todas maneras, el libro estaba en la vieja clase de Snape, y apuesto a que Dumbledore sabía que su madre se llamaba "Príncipe"'
'Debería haberle enseñado el libro a Dumbledore' dijo Harry. 'Todo ese tiempo me estuvo enseñando cómo Voldemort era malvado incluso cuando estaba en el colegio, y yo tenía prueba de que Snape lo era, también...'
'Malvado es una palabra muy fuerte' dijo Hermione calmadamente.
'¡Tú eras la que decía que el libro era peligroso!'
'Estoy intentando decir, Harry, que estás poniendo mucha culpa sobre tus hombros. Pensé que el Príncipe parecía tener un malvado sentido del humor, pero nunca habría adivinado que era un asesino en potencia...'
'Ninguno de nosotros podría haber adivinado que Snape... ya sabes.' dijo Ron.
El silencio cayó entre ellos, cada uno perdido en sus propios pensamientos, pero Harry estaba seguro de que ellos, como él, estaban pensando en la siguiente mañana, cuando el cuerpo de Dumbledore sería enterrado para descansar. Harry nunca había asistido a un funeral antes; no habían tenido cuerpo que enterrar cuando Sirius había muerto. No sabía qué esperar y estaba un poco preocupado sobre lo que podría ver, sobre lo que podría sentir. Se preguntaba si la muerte de Dumbledore sería más real para él una vez que el funeral hubiera acabado. Aunque había momentos cuando el horroroso hecho amenazaba con sobrepasarlo, había períodos en blanco de aturdimiento donde, a pesar de que nadie hablaba sobre nada más en todo el castillo, todavía encontraba difícil creer que Dumbledore se hubiera ido realmente. Había que reconocer que no había, como sí había hecho con Sirius, buscado desesperadamente algún tipo de laguna, alguna manera de que Dumbledore pudiese volver... sentía su bolsillo en busca de la fría cadena del Horcrux falso, que ahora llevaba con él a todas partes, no como un talismán, sino como un recordatorio de lo que le había costado y de lo que todavía quedaba por hacer.
Harry se levantó temprano para meter todo en su baúl el día siguiente; el Expreso de Hogwarts partiría una hora después del funeral. Escaleras abajo descubrió el humor apagado del Gran Comedor. Todo el mundo vestía sus túnicas de gala y nadie parecía muy hambriento. La profesora McGonagall había dejado la silla en el medio de la mesa alta, que parecía un trono, vacía. La silla de Hagrid también estaba vacía: Harry pensó que quizás no habría sido capaz de enfrentarse al desayuno; pero el sitio de Snape había sido ocupado sin ceremonias por Rufus Scrimgeour. Harry evitó sus ojos amarillentos mientras estos repasaban el Gran Comedor; Harry tenía el incómodo presentimiento de que Scrimgeour lo buscaba a él. Entre el séquito de Scrimgeour, Harry ubicó el pelo rojo y las gafas con montura de Percy Weasley. Ron no dio señal de haber avistado a Percy, aparte de cortar trozos de arenque con una inusual malevolencia.
En la mesa de Slytherin, Crabbe y Goyle estaban hablando entre dientes. Aunque eran muchachos descomunales, parecían extrañamente solos sin la alta y pálida figura de Malfoy entre ellos, mandando y ordenando. Harry no le había dedicado a Malfoy muchos pensamientos. Toda su animosidad era para Snape, pero no había olvidado el miedo en la voz de Malfoy en lo alto de aquella torre, ni el hecho de que había bajado su varita antes de que los otros Mortífagos llegaran. Harry no creía que Malfoy hubiera matado a Dumbledore. Todavía despreciaba a Malfoy por su encaprichamiento con las Artes Oscuras, pero ahora una pequeñísima cantidad de pena se mezclaba con su desagrado. ¿Dónde, se preguntaba Harry, estaba Malfoy ahora, y qué era lo que Voldemort le obligaba a hacer bajo la amenaza de matarlos a él, y a sus padres?
Los pensamientos de Harry fueron interrumpidos por un codo de Ginny en sus costillas. La profesora McGonagall se había levantado y el murmullo de profunda tristeza del Comedor desapareció al instante.
'Es casi la hora' dijo 'Por favor, sigan a sus Jefes de sus casas afuera, a los terrenos. Gryffindors, conmigo.'
Se alinearon detrás de sus bancos casi en silencio. Harry captó la imagen de Slughorn encabezando la fila de Slytherins, vistiendo una túnica magnífica verde esmeralda, bordada con plata. Nunca había visto a la profesora Sprout, Jefa de la casa Hufflepuff, tan limpia; no había ni un simple parche en su sombrero, y cuando llegaron al Hall de entrada, encontraron a Madam Pince de pie, al lado de Filch, ella con un amplio velo negro que caía hasta sus rodillas, y él en un antiguo traje negro y con corbata apestando a naftalina.
Se estaban dirigiendo, como vio Harry cuando estuvo fuera en las escaleras de piedra de las puertas principales, hacia el lago. La calidez del sol acariciaba su cara mientras seguían a la profesora McGonagall en silencio hacia el lugar donde cientos de sillas habían sido colocadas en filas. Un altar se aproximaba en el centro de ellas: había una mesa de mármol al frente, con todas las sillas encarándola. Era el más precioso de los días de verano.
Un extraordinario surtido de gente ya había cubierto la mitad de las sillas: gastados y elegantes, viejos y jóvenes. A la mayoría Harry no los conocía, pero había algunos que sí, incluyendo a los miembros de la Orden del Fénix: Kingsley Shacklebolt, Ojoloco Moody, Tonks, cuyo pelo había vuelto milagrosamente a un vívido rosa, Remus Lupin, con el que parecía estar de la mano; los señores Weasley, Bill ayudado por Fleur, seguidos de Fred y George, que vestían cazadoras de piel de dragón negras. Luego estaba Madam Maxime, que ocupaba dos sillas y media ella sola; Tom, el dueño del Caldero Chorreante; Arabella Figg, la vecina squib de Harry; el peludo mago que tocaba el bajo en las Brujas de Macbeth; Ernie Prank, el conductor del autobús noctámbulo; Madam Malkin, de la tienda de túnicas del Callejón Diagon; y alguna gente a la que Harry conocía meramente de vista, como el camarero de Cabeza de Puerco, y la bruja que empujaba el carrito en el Expresso de Hogwarts. Los fantasmas del castillo también estaban allí, apenas visibles a la brillante luz del Sol, discernibles sólo cuando se movían, insustancialmente relucientes en el espléndido cielo.
Harry, Ron, Hermione y Ginny cogieron sitio al final de una fila al lado del lago. Las personas susurraban entre ellas; sonaba como una brisa a ras de la hierba, pero el canto de los pájaros era claramente más alto. La multitud seguía creciendo; con una gran ola de afecto hacia ambos, Harry vio a Neville siendo ayudado por Luna para sentarse. Tan sólo ellos de todos los del ED habían respondido a la llamada de Hermione la noche que Dumbledore había muerto, y Harry sabía porqué: ellos eran los que habían echado más de menos el ED... probablemente los únicos que habían mirado sus monedas regularmente con la esperanza de que hubiese otra reunión...
Cornelius Fudge pasó caminando a su lado hacia las filas de delante, su expresión miserable, revolviendo su sombrero como siempre; luego Harry reconoció a Rita Skeeter, la que, enfureciéndolo al verlo, tenía una libreta firmemente agarrada en su mano semejante a una garra; y entonces, con una peor sacudida de furia, Dolores Umbridge, con una para nada convincente expresión de dolor sobre su cara odiosa, luciendo un lazo aterciopelado negro situado encima de sus rizos color hierro. Al ver a Firenze el centauro, que estaba de pie como un centinela cerca de la orilla del agua, ella dio un respingo y se escurrió apresuradamente a otro sitio bastante más lejos.
Los profesores se sentaron por fin. Harry podía ver a Scrimgeour serio y majestuoso en la fila de delante con la profesora McGonagall. Se preguntó si Scrimgeour o alguno de aquella gente importante sentían realmente que Dumbledore estuviese muerto. Pero entonces escuchó una música, extraña, música como de otro mundo, y olvidó su desprecio por el Ministerio, buscando a su alrededor lo que la emitía. No fue el único: muchas cabezas estaban giradas, buscando, un poco alarmadas.
'Allí' susurró Ginny en la oreja de Harry.
Y él los vio en el agua verde clara iluminada por la luz del Sol, milímetros por debajo de la superficie, recordándole horriblemente de los Inferi; un coro de gente del agua cantando en una lengua extraña que él no entendía, con sus pálidas caras ondulando, y sus cabellos violetas vagando a su alrededor. La música hizo que los pelos de la nuca de Harry se erizaran y sin embargo no era desagradable. Hablaba claramente de pérdida y desesperanza. Mientras miraba hacia las salvajes caras de los cantantes tuvo el sentimiento de que ellos, al menos, sentían la muerte de Dumbledore. Entonces Ginny volvió a darle un codazo otra vez y él volvió en sí.
Hagrid caminaba lentamente hacia el altar entre las sillas. Estaba llorando silenciosamente, su cara llena de lágrimas, y en sus brazos, envuelto en terciopelo púrpura salpicado por estrellas doradas, estaba lo que Harry supo que era el cuerpo de Dumbledore. Un duro dolor se desató en la garganta de Harry viendo esto: por un momento, la extraña música y el saber que el cuerpo de Dumbledore estaba tan cerca parecieron robar toda la calidez del día. Ron estaba blanco e impactado. Las lágrimas caían gordas y rápidas en los regazos de Ginny y Hermione.
No podían ver claramente lo que estaba ocurriendo delante. Hagrid parecía haber situado el cuerpo cuidadosamente encima de la mesa. Ahora volvía a bajar del altar, sonando su nariz con ruidos como de trompeta que arrancaron miradas escandalizadas de algunos, incluida, según vio Harry, Dolores Umbridge... pero Harry sabía que a Dumbledore no le habría importado. Intentó hacerle una señal agradable a Hagrid cuando pasó, pero los ojos de Hagrid estaban tan hinchados que se preguntó si podría ver por dónde iba. Harry miró hacia la fila trasera a la que Hagrid se dirigía y se dio cuenta de lo que lo guiaba, porque allí, vestido con una cazadora y unos pantalones de la talla de un pequeño toldo, estaba Grawp el gigante, con su grande y fea cabeza como una roca inclinada, dócil, casi humano. Hagrid se sentó al lado de su medio hermano y Grawp le dio unos golpecitos fuertes a Hagrid en la cabeza, y las patas de su silla se enterraron en el suelo. Harry tuvo un maravilloso y momentáneo impulso por reír. Pero entonces la música paró y giró su cara hacia delante otra vez.
Un hombre pequeño con el pelo algo apenachado vestido en túnica negra se había levantado y estaba de pie ahora delante del cuerpo de Dumbledore. Harry no podía oír lo que estaba diciendo. Palabras raras llegaban hasta ellos por encima de los cientos de cabezas. “Nobleza de espíritu”... “contribución intelectual”... “grandeza de corazón”... no significaba mucho. Tenía poco que ver con el Dumbledore que Harry había conocido. De pronto recordó la idea de Dumbledore de unas pocas palabras: “Papanatas”, “baratijas”, “llorones” y “pellizcos”, y otra vez, tuvo que contener una sonrisa... ¿cuál era su problema?
Hubo un suave sonido que se desplazó rápidamente desde su izquierda y vio que la gente del agua había roto la superficie para escuchar también. Recordó a Dumbledore inclinándose hacia la orilla del agua dos años atrás, muy cerca de donde Harry se sentaba ahora, y conversando sirenio con la jefa de las sirenas. Harry se preguntó dónde habría aprendido Dumbledore a hablar sirenio. Había tantas cosas que nunca le había preguntado, tantas cosas que le debería haber dicho...
Y entonces, sin previo aviso, lo asoló, la terrible verdad, más completa e innegable de lo que había sido hasta ahora. Dumbledore estaba muerto, se había ido... agarró con fuerza el frío relicario en su mano, tan fuertemente que le dolía, pero no pudo frenar las cálidas lágrimas saliendo de sus ojos: miró hacia otro lado, lejos de Ginny y los otros y se quedó mirando más allá del lago, hacia el Bosque, mientras el pequeño hombre de negro seguía hablando con monotonía... hubo un movimiento entre los árboles. Los centauros habían venido a ofrecer sus respetos también. No salieron al abierto, pero Harry los vio allí de pie con calma, medio escondidos en la sombra, viendo a los magos, con sus arcos colgando a su lado. Y Harry recordó su primera incursión de pesadilla en el Bosque, la primera vez que se había encontrado con la cosa que era entonces Voldemort, y cómo lo había encarado, y cómo él y Dumbledore habían hablado sobre luchar en una batalla perdida no mucho tiempo después. Era importante, había dicho Dumbledore, luchar, luchar otra vez, y seguir luchando, porque sólo entonces podría lo maligno mantenerse a raya, aunque nunca erradicado totalmente...
Y Harry vio muy claramente mientras estaba allí sentado bajo el calor del sol cómo la gente que lo quería había permanecido ante él uno a uno, su madre, su padre, su padrino, y ahora Dumbledore, todos determinados a protegerlo a él; pero ahora aquello había acabado. No podía dejar a nadie más quedarse entre él y Voldemort; debía abandonar para siempre la ilusión que debería haber perdido a la edad de un año: que el abrigo de los brazos de unos padres no significaba que nada podía dañarlo. No había un despertar de su pesadilla, no había ningún susurro reconfortante en la oscuridad diciéndole que realmente estaba seguro, eso estaba todo en su imaginación; el último y más grande de sus protectores había muerto y él estaba más solo de lo que había estado nunca.
El pequeño hombre de negro había dejado de hablar por fin y vuelto a su sitio. Harry esperó a que alguien más se levantase; esperaba discursos, probablemente del Ministro, pero nadie se movió.
Luego muchas personas gritaron. Brillantes, llamas blancas habían salido alrededor del cuerpo de Dumbledore y la mesa sobre la que descansaba: se levantaron más y más altas, tapando el cuerpo. El humo blanco hizo espirales en el cielo y extrañas formas: Harry pensó, por un momento que hizo que su corazón se parara, que había visto un fénix volando graciosamente en lo azul, pero el momento siguiente el fuego había desaparecido. En su lugar había una tumba de mármol blanca, cubriendo el cuerpo de Dumbledore y la mesa en la que había descansado.
Hubo unos pocos gritos de emoción cuando una bandada de flechas volaron por el cielo, pero cayeron lejos de la multitud. Era, y Harry lo sabía, el tributo de los centauros: los vio girándose y desapareciendo de vuelta entre los árboles. Igualmente la gente del agua se hundió de nuevo lentamente en la verde agua y fueron perdidos de vista.
Harry miró a Ginny, Ron y Hermione: la cara de Ron estaba deshecha como si la luz del sol lo estuviera cegando. La cara de Hermione estaba llena de lágrimas, pero Ginny ya no lloraba. Afrontó los ojos de Harry con la misma centelleante y difícil mirada que él había visto cuando la había abrazado después de ganar la Copa de Quidditch en su ausencia, y supo que en aquel preciso instante se entendían perfectamente el uno al otro, y que cuando él dijese lo que le iba a decir ahora, ella no diría “ten cuidado” o “no lo hagas”, sino que aceptaría su decisión, porque no habría esperado nada menos de él. Y así él se armó de valor para decir lo que había sabido que tenía que decir desde que Dumbledore había muerto.
'Ginny, escucha...' dijo muy calmadamente, cuando el ruido de las conversaciones creció alto alrededor de ellos y la gente empezó a levantarse. 'No puedo estar relacionado contigo por más tiempo. Tenemos que parar de vernos. No podemos estar juntos.'
Ella dijo, con una extrañamente retorcida sonrisa:
'Es por algún tipo de estúpida y noble razón, ¿no es así?'
'Ha sido como... como algo en la vida de otro, estas últimas semanas contigo' dijo Harry 'Pero no puedo... no podemos... tengo cosas que hacer solo ahora.'
Ella no lloró, simplemente lo miró.
'Voldemort usa a la gente que está cerca de sus enemigos. Ya te ha usado una vez como cebo, y fue sólo porque eras la hermana de mi mejor amigo. Piensa en cuánto peligro estarás si seguimos con esto. Él lo sabrá, lo averiguará. Intentará llegar a mí a través de ti.'
'¿Y qué pasa si no me importa?' dijo Ginny fieramente.
'A mí me importa' dijo Harry '¿Cómo crees que me sentiría si este fuera tu funeral... y fuera mi culpa...?'
Ella apartó su vista, mirando hacia el lago.
'Realmente nunca paraste de gustarme.' dijo 'No, de verdad. Siempre esperé... Hermione me dijo que siguiera con mi vida, quizás salir con otra gente, relajarme un poco a tu alrededor, porque yo no solía hablar delante de ti, ¿te acuerdas? Y ella pensó que me podrías notar un poco más si yo era más... yo misma.'
'Chica inteligente, esa Hermione' dijo Harry, intentando sonreír. 'Ojalá te hubiera pedido más pronto. Podríamos haber tenido tiempo... meses... años quizás...'
'Pero has estado demasiado ocupando salvando el mundo mágico' dijo Ginny, mitad riendo. 'Bueno... no puedo decir que esté sorprendida. Siempre supe que esto pasaría al final. Sabía que no serías feliz a menos que estuvieses persiguiendo a Voldemort. Quizás por eso me gustas tanto.'
Harry no pudo soportar escuchar eso, y pensó que su resolución no aguantaría si se quedaba allí sentado al lado de ella. Vio a Ron sosteniendo a Hermione y acariciando su pelo mientras ella sollozaba en su hombro, las lágrimas resbalando desde el final de su propia nariz. Con un gesto miserable, Harry se levantó, dio la espalda a Ginny y a la tumba de Dumbledore y caminó alrededor del lago. Moverse era más soportable que sólo sentarse: simplemente como levantarse tan pronto como fuera posible para buscar los Horcruxes y matar a Voldemort iba a ser mejor que esperar a hacerlo...
'¡Harry!'
Se giró. Rufus Scrimgeour se acercaba a él rápidamente alrededor del banco, apoyándose en su bastón.
'Tenía la esperanza de hablar contigo... ¿te importa si camino un poco contigo?'
'No' dijo Harry indiferente, y volvió a caminar.
'Harry esta fue una horrible tragedia,' dijo Scrimgeour calmadamente, 'No puedo decirte lo consternado que estuve cuando lo escuché. Dumbledore era un gran mago. Tuvimos nuestros desacuerdos, como ya sabes, pero nadie sabe mejor que yo...'
'¿Qué quiere?' preguntó Harry llanamente.
Scrimgeour pareció enfadado pero, como antes, modificó rápidamente su expresión hacia una de doloroso entendimiento.
'Estás, por supuesto, desolado' dijo. 'Sé que eras muy cercano a Dumbledore. Creo que puedes haber sido, entre todos, su alumno favorito. El lazo afectivo que había entre ustedes dos...'
'¿Qué quiere?' repitió Harry, llegando a detenerse.
Scrimgeour paró también, se apoyó en su bastón y miró fijamente a Harry, ahora con una expresión perspicaz.
'Lo que se dice es que tú estabas con él cuando dejó el Colegio la noche que murió.'
'¿Quién lo dice?' dijo Harry.
'Alguien le lanzó un Stupefy a un mortífago en lo alto de la Torre después de que Dumbledore muriese. También había dos escobas allí arriba. El Ministerio puede sumar dos y dos, Harry.'
'Aliviado de oírlo' dijo Harry. 'Bueno, donde yo fui con Dumbledore y lo que hicimos son mis asuntos. Él no quería que la gente lo supiera.'
'Tal lealtad es admirable, por supuesto' dijo Scrimgeour, que parecía estar conteniendo su irritación con dificultad. 'pero Dumbledore ya no está, Harry. Se ha ido.'
'Él sólo se habrá ido del Colegio cuando nadie aquí sea leal a él' dijo Harry, sonriendo a pesar de cómo se sentía.
'Mi querido muchacho... incluso Dumbledore no puede retornar de entre los...'
'No estoy diciendo que pueda. Usted no lo entendería. Pero yo no tengo nada que decirle a usted.'
Scrimgeour dudó, y luego dijo, en lo que era evidentemente un tono supuesto de delicadeza:
'El Ministerio puede ofrecerte todo tipo de protecciones, lo sabes, Harry. Estaría encantado de poner un par de mis Aurores a tu servicio...'
Harry rió.
'Voldemort quiere matarme él mismo y los Aurores no lo pararán. Así que gracias por la oferta, pero no, gracias.'
'Así que...' dijo Scrimgeour, su voz ya fría. 'la petición que te hice en Navidades...'
'¿Qué petición? Oh, sí... aquella donde yo le digo al mundo el excelente trabajo que usted está haciendo a cambio de...'
'...de levantar la moral de toda la gente!' dijo bruscamente Scrimgeour.
Harry lo consideró por un momento.
'¿Stan Shunpike está liberado ya?'
Scrimgeour se volvió de un repugnante color morado que recordaba altamente al tío Vernon.
'Veo que eres...'
'...el hombre de Dumbledore hasta la médula' dijo Harry. 'Correcto.'
Scrimgeour lo miró durante otro momento, luego se giró y se alejó rápidamente sin otra palabra. Harry pudo ver a Percy y el resto de la delegación del Ministerio esperando por él, lanzando miradas nerviosas al sollozante Hagrid y a Grawp, que todavía estaban en sus sitios. Ron y Hermione se aproximaban apurados hacia Harry, pasando a Scrimgeour que iba en la otra dirección; Harry se giró y siguió caminando lentamente, esperando a que ellos lo cogieran, lo que finalmente hicieron a la sombra de una haya bajo la que se habían sentado en tiempos más felices.
'¿Qué quería Scrimgeour?' susurró Hermione.
'Lo mismo que quería en Navidades' Harry se encogió de hombros 'Quería que le diera información precisa de Dumbledore y que fuese el nuevo chico de cartel del Ministerio.'
Ron pareció luchar consigo mismo unos instantes, luego le dijo en alto a Hermione:
'Mira, déjame volver y golpear a Percy!'
'No' respondió ella firmemente, agarrando su brazo.
'Me hará sentir mejor!'
Harry rió. Incluso Hermione sonrió un poco, aunque su sonrisa se desvaneció cuando miró hacia el Castillo.
'No puedo soportar la idea de que quizás nunca volvamos' dijo suavemente. '¿Cómo puede cerrar Hogwarts?'
'Quizás no lo haga' dijo Ron. 'No estamos en más peligro aquí que en casa, ¿no es así? En todas partes es igual ahora. Incluso diría que Hogwarts es más seguro, hay más magos dentro para defender el lugar. ¿Qué crees, Harry?'
'No volveré aunque reabra.' dijo Harry.
Ron lo miró boquiabierto, pero Hermione dijo tristemente:
'Sabía que ibas a decir eso. Pero entonces, ¿qué harás?'
'Voy a volver a junto de los Dursley, porque Dumbledore así lo quería' dijo Harry 'Pero será una visita corta, y luego me iré para bien.'
'Pero, ¿adónde irás si no vienes de vuelta al Colegio?'
'Creo que podría ir al Valle de Godric,' murmuró Harry. Había tenido la idea en su cabeza desde la noche de la muerte de Dumbledore. 'Para mí, todo empezó allí, absolutamente todo. Sólo tengo el sentimiento de que necesito ir allí. Y puedo visitar las tumbas de mis padres, me gustaría eso.'
'¿Y luego qué?' dijo Ron.
'Luego tengo que seguir las pistas hacia el resto de los Horcruxes, ¿o no?' dijo Harry, sus ojos sobre la tumba blanca de Dumbledore, reflejada en el agua en el otro lado del lago. 'Eso es lo que quería que hiciese, por eso me lo contó todo sobre ellos. Si Dumbledore estaba en lo cierto, y estoy seguro de que lo estaba, todavía quedan cuatro de ellos ahí fuera. Tengo que encontrarlos y destruirlos y luego tengo que ir a por la séptima parte del alma de Voldemort, la que está todavía en su cuerpo, y soy el que va a matarlo. Y si me encuentro a Severus Snape por el camino' añadió 'mucho mejor para mi, mucho peor para él.'
Hubo un largo silencio. El tumulto se había dispersado casi del todo, los rezagados evitaban la monumental figura de Grawp mientras abrazaba a Hagrid, cuyos alaridos de dolor todavía hacían eco por el agua.
'Estaremos allí, Harry' dijo Ron.
'¿Qué?'
'En casa de tus tíos' dijo Ron. 'Y entonces iremos contigo, adonde quiera que vayas.'
'No' dijo Harry rápidamente; no había contado con esto, había querido que ellos entendiesen que iba a emprender aquel peligroso viaje solo.
'Tú dijiste una vez,' dijo Hermione calmadamente, 'que había tiempo para echarnos atrás si queríamos. Hemos tenido tiempo, ¿no es así?'
'Estaremos contigo pase lo que pase' dijo Ron. 'Pero, compañero, vas a tener que pasar por la casa de mis padres antes de que hagamos algo, incluso el Valle de Godric.'
'¿Por qué?'
'La boda de Bill y Fleur, ¿recuerdas?'
Harry lo miró, asustado; la idea de que algo tan normal como una boda pudiera existir todavía parecía increíble y sin embargo maravilloso.
'Sí, no deberíamos perdernos eso' dijo finalmente.
Su mano se cerró automáticamente alrededor del falso Horcrux, pero a pesar de todo, a pesar del oscuro y serpenteante camino que veía extenderse delante de él, a pesar del encuentro final con Voldemort que sabía que tendría que llegar, quizás en un mes, un año, o en diez, sintió su corazón erguido al pensar que todavía le quedaba un dorado y último día de paz para disfrutar con Ron y Hermione.