Saturday, August 13, 2005

Capítulo 6: El Desvío de Draco por Humberto

Harry se quedó el resto de las siguientes semanas en los alrededores del huerto de la Madriguera. Pasó el resto de los días jugando al Quidditch contra los Weasleys en el huerto (él y Herminione contra Ron y Ginny; Hermione era patosa y Ginny buena, así que estaban equilibrados) y por las tardes comía el triple de las porciones de comida que la Señora Weasley hacía para él.
Habría sido un día feliz de fiesta y tranquilo, sino fuesen por las desapariciones, los accidentes extraños, y las muertes que aparecían casi diariamente en el Profeta. Algunas veces HBll y el Señor Weasley traían las noticias a casa antes de que salieran publicadas. Para el desagrado de la Señora Weasley, el decimosexto cumpleaños de Harry fue estropeado por noticias grotescas traídas por Remus Lupin, que se veía flaco y sombrío, su pelo café se volvió ligeramente gris, sus ropas más harapientas y moteadas que otras veces.
‘Han atacado otra pareja de Dementotes,’ dijo, cuando la Señora Weasley le pasó un trozo grande de pastel de cumpleaños. ‘Y han encontrado el cuerpo de Igor Karkaroff en una choza del norte. La Marca Tenebrosa había aparecido encima, francamente, estoy sorprendido, ha sobrevivido un año después de desertar de los Mortífagos, el hermano de Sirius, Regulus, sólo duró unos días, que yo recuerde.’
‘Sí, bien,’ dijo la Señora Weasley, frunciendo el cejo, ‘quizás deberíamos hablar de algo distinto.’
‘¿Sabes algo de Florean Fortescue, Remus?’ preguntó Bill, que estaba siendo acosado por la llegada de Fleur. ‘¿El hombre que corrió?’
‘¿El de la heladería que hay en el Callejón Diagon?’ Harry interrumpió, con una sensación desagradable, vacía en el hoyo de su estómago. ‘Solía darme helados gratis. ¿Qué ha ocurrido con él?’
‘Arrastrado, por la apariencia del lugar.’
‘¿Por qué?’ preguntó Ron, mientras la Señora Weasley miraba severamente a Bill.
‘¿Quién sabe? Los ha debido de contrariar de algún modo. Fue un buen hombre, Florean.’
‘Hablando del Callejón Dragón,’ dijo el Señor Weasley, ‘parece ser que Ollivander también se ha ido.’
‘¿El vendedor?’ dijo Ginny alarmada.
‘Él mismo. La tienda está vacía. Ningún signo de lucha. Nadie sabe si él se fue voluntariamente o fue secuestrado.’
‘¿Pero las varitas mágicas? ¿Cómo las conseguirán las personas?’
‘Ellos se arreglarán con otros fabricantes,’ dijo Lupin. ‘Pero Ollivander fue el mejor, y si lo tiene el otro lado es malo para nosotros.’
Después del día del cumpleaños mas sombrío, llegaron sus cartas y lista de libros de Hogwarts. Harry tuvo una sorpresa: Había sido elegido Capitán de Quidditch.
‘¡Con eso tienes el mismo nivel que los prefectos!’ Hermione gritaba felizmente. ‘¡Ahora puedes usar nuestro cuarto de baño especial y todo!’
‘Wow, recuerdo cuando Charlie llevó uno de éstos,’ dijo Ron, examinando la insignia con regocijo. ‘Harry, esto es tan sorprendente, ¿eres mi Capitán? Me vas a dejar atrás en el equipo, supongo, ¿ajá! ¡ajá! …’
‘Bien, supongo que ahora no podemos retrasar más el viaje al Callejón Diagon, ya que tienen esto,’ suspiró la Señora Weasley mirando la lista de libros de Ron. ‘Iremos el sábado ya que tu padre no tiene que trabajar otra vez. No voy a ir allí sin él. ‘
‘¿Mamá, realmente piensas ir? Ya sabes como es. ¿Y te esconderás detrás de una estantería en Flourish y Blotts?’ se rió disimuladamente Ron.
‘¿Fortescue y Ollivander siguen de vacaciones, verdad?’ dijo la Sra. Weasley, y contestando inmediatamente. ¿Piensas que la seguridad en este tema es de broma? Si es así, puedes quedarte y yo misma conseguiré sus cosas.’
‘¡No, yo quiero ir, quiero ver la tienda de Fred y George!’ dijo Ron precipitadamente.
‘¡Solo te animan tus ideas, joven, antes de que yo decida que eres demasiado inmaduro para venir con nosotros!’ dijo la Sra. Weasley con ira, agarrando rápidamente su reloj, cuyas nueve manos señalaban en ‘peligro mortal’, éste estaba en equilibrio sobre un montón de toallas que se lavaban y planchaban ellas solas. ‘¡Y esto es para volver a Hogwarts también!’
Ron se dio media vuelta para mirar fíjamente a Harry con incredulidad cuando su madre levantó la cesta de ropa sucia y el reloj vacilante en sus brazos y salió del cuarto.
‘Blimey … no puedes hacer una broma más por aquí …’
Pero Ron procuró no ser impertinente sobre Voldemort en los siguientes días. El sábado amaneció sin más arrebatos de la Sra. Weasley, aunque parecía muy tensa en el desayuno. Bill, quien se quedaría en casa con Fleur (pese a Hermione y para el placer de Ginny), entregó una bolsa llena de dinero a través de la mesa.
‘¿Dónde está el mío?’ exigió Ron inmediatamente, con ojos amplios.
‘Idiota, esto es de Harry,’ dijo Bill. ‘Lo conseguí de tu bóveda para tí, Harry, porque la gente tarda aproximadamente cinco horas en poder sacar su oro en este momento, los duendes han apretado mucho la seguridad. Hace dos días Arkie Philpott tenía una sonda de Prohibición sobresaliendo de su … Bien, confía en mí, de este modo es más fácil.’
‘Gracias, Bill.’ dijo Harry, metiendo el oro en su bolsillo.
‘Bill siempre es tan atento,’ ronroneó Fleur con adoración, acariciando la nariz de Bill. Ginny hacía un gesto de vomitar en su cereales detrás de Fleur. Harry se ahogó con sus cereales, y Ron le golpeó la espalda.
Era un día oscuro y nublado. Uno de los coches especiales del Ministerio de Magia, en los que Harry había montado antes una vez, los esperaba en la parte delantera cuando ellos salieron de la casa, poniéndose sus capas.
‘Papá puede conseguirlos otra vez,‘ dijo Ron apreciativamente, observando cómo el coche se alejaba de la Madriguera lentamente, mientras Bill y Fleur miraban por la ventana de la cocina. Él, Harry, Hermione y Ginny se sentaban cómodamente en el espaciado asiento.
‘No se acostumbren a esto, es sólo debido a Harry,’ dijo el Señor Weasley sobre su hombro. Él y la Sra. Weasley estaban delante con el conductor del Ministerio; el asiento delantero de los pasajeros se había estirado hasta parecer un sofá biplaza. ‘Le han dado el estado de seguridad de mayor grado. Y nos uniremos con la seguridad adicional en el Caldero Chorreante también.’
Harry no dijo nada; no se imaginaba haciendo sus compras mientras estaba rodeado por un batallón de Aurores. Había guardado su Capa de Invisibilidad en su mochila y había sentido que, si eso estaba bien para Dumbledore, debería de estarlo también para el Ministerio, aunque se paró a pensar: él no estaba seguro de que el Ministerio supiese sobre su capa.
‘Aquí es, entonces,’ dijo el conductor, sorprendentemente un rato más tarde, hablando por primera vez cuando fue más despacio y se paró fuera del Caldero Chorreante. ‘Debo de esperarle, ¿Cuánto van a tardar?’
‘Unas dos horas, espero,’ dijo el Señor Weasley. ¡Ah, bueno, él está aquí!’
Harry imitó al Señor Weasley y miró detenidamente por las ventanas, su corazón saltó. No había ningún Auror que esperase fuera de la posada, pero en cambio había una forma gigantesca, y una negra barba de Rubeus Hagrid, el guardabosques de Hogwarts, llevando un abrigo largo de tejo, cambiando la cara al ver la de Harry y olvidando el pasar de los Muggles.
‘¡Harry!’ estaba contento, cogiendo a Harry con un abrazo que aplastaba sus huesos. ‘¿Y Buckbeak? ¿El hipogrifo, te acuerdas? ¿Debería de verle, Harry? ¿Es feliz al aire libre?
‘Él está contento y alegre,’ dijo Harry sonriendo abiertamente como él que apretujaba sus costillas. ‘¡Nosotros no sabíamos qué pensaba sobre la seguridad!’
¿Sé, lo justo como en los viejos tiempos, verdad? Mire, el Ministerio quiso enviar un manojo de Aurores, pero Dumbledore dijo que yo lo haría,’ dijo Hagrid con orgullo, hinchando su pecho y metiendo los pulgares en sus bolsillos. ‘¿Entonces lo consiguieron?, hey ¿Molly, Arthur?’
El Caldero Chorreante estaba, por primera vez en la memoria de Harry, completamente vacío. Solo Tom, el propietario, marchito y desdentado, debajo de la vieja muchedumbre. Éste levantó la mirada con esperanza cuando entraron, pero antes de que pudiese hablar, Hagrid dijo precipitadamente, ‘No pararemos por hoy, Tom, estoy seguro que lo entiende, las compras de Hogwarts, ya sabe.’
Tom cabeceó tristemente y volvió con la limpieza de los cristales; Harry, Hermione, Hagrid y los Weasley fueron por la barra hacia afuera de en el frío patio, dando la espalda a los cubos de basura. Hagrid levantó su paraguas rosa y golpeó cierto ladrillo en la pared, que se abrió inmediatamente para formar una puerta en curva a la calle. Dieron un paso hacia delante e hicieron una pausa, mirando alrededor.
El Callejón Diagon había cambiado. Los escaparates vistosos, brillantes estanterías, ingredientes de pociones, y calderos, no se podían ver, ya que estaban ocultos detrás de grandes carteles que el Ministerio de Magia había pegado sobre ellos. La mayor parte de estos carteles de púrpura oscuro llevaban las versiones del Consejo de Seguridad de los folletos que el Ministerio había enviado a lo largo del verano, pero otros tenían las fotografías en blanco y negro de los Mortíagos conocidos que estaban en libertad. Bellatrix Lestrange se mofaba del boticario má cercano. Algunas ventanas fueron tapadas, incluyendo la de la heladería de Florean Fertescue. Por otra parte, habían aparecido lentamente algunos otros puestos a lo largo de la calle. El más cercano, había sido puesto fuera de Flourish and Botts, bajo un toldo rayado, manchado, tenía un signo de la cartulina fijado en su frente:

AMULETOS
¡Eficaz Contra Hombres-Lobo, sobre Dementores …!

Un mago pequeño enfermo sacudía ruidosamente brazadas de símbolos de plata en cadenas.
‘¿Uno para su niña, señora?’ le dijo a la Sra. Weasley cuando pasaron, mirando de reojo a Ginny, ‘¿Proteja su bonito cuello?’
‘Si yo estuviera de servicio …’ dijo el Señor Weasley, fulminando con una mirada de ira al vendedor de amuletos.
‘Sí, pero no vas a detener a nadie ahora, querido, tenemos prisa,’ dijo la Señora Weasley, nerviosamente consultando una lista. ‘Pienso que deberíamos ir primero a Madame Malkin, Hermione quiere nuevas túnicas de vestir, y las de Ron le llegan por los tobillos y necesita unas nuevas también, Harry tú también has crecido. Vengan, vamos todos.
‘Molly, no tiene sentido que todos vayamos a Madame Malkins,’ dijo el Señor Weasley. ‘¿Por qué no van los tres con Hagrid y nosotros a Flourish y Blotts a conseguir los libros de texto de todos?’
‘No lo sé,’ dijo la Señora Weasley con inquietud, demostrando su deseo de terminar las compras rápidamente y el deseo de mantenerse juntos. ‘¿Hagrid, tú qué piensas?’
‘No te preocupes, ellos estarán bien conmigo, Molly,’ dijo Hagrid con dulzura, agitando ligeramente una mano del tamaño de una tapa de un cubo de basura. La Señora Weasley no pareció completamente convencida, pero permitió la separación, escabulléndose hacia Flourish y Blotts con su marido y Ginny, mientras Harry, Ron, Hermione y Hagrid se pusieron en camino a Madame Malkin.
Harry notó que muchas de las personas con las que se cruzaban tenían la misma mirada acosada y deseosa de la Sra. Weasley, y que nadie se detenía para hablar; los compradores se quedaron junto a sus propios negocios fuertemente protegidos, moviéndose atentamente en los mismos. Nadie hacía las compras a solas.
‘Espera, voy estar un poco apretado allí con todos nosotros,’ dijo Hagrid, parándose afuera de Madame Malkin e inclinándose para mirar detenidamente por la ventana. ‘Montaré la guardia fuera, ¿vale?’
Tanto Harry, Ron y Hermione entraron en la pequeña tienda juntos. A primera vista, parecía estar vacía, pero apenas se cerró la puerta de golpe detrás de ellos, oyeron una voz familiar que salida de un estante de túnicas adornadas con lentejuelas verdes y azules.
‘… No soy un niño, o es que no lo has notado, mamá. Soy totalmente capaz de hacer mis compras yo solo.’
Hubo un ruido de cloqueo y una voz que Harry reconoció como la de Madame Malkin, la dueña, decía: ‘Claro, querido, su madre tiene toda la razón, se supone que ninguno de nosotros va vagabundeando solo, ¿Cómo va a hacerlo un niño?
‘¡Fíjese en donde pone los alfileres!’
Un muchacho adolescente con una cara pálida, puntiaguda y el pelo blanco rubio apareció del estante, llevando puesto una hermosa túnica verde oscuro que brillaba con los alfileres que tenía alrededor del dobladillo y en los bordes de las mangas. Éste caminó a grandes pasos hacia el espejo y se examinó; fue unos momentos antes de que notase a Harry, Ron y Hermione reflejados sobre su hombre. Sus ojos grises claros se estrecharon.
‘Mamá, si te preguntas cuál es ese olor, es solo un Sangre-sucia,’ dijo Draco Malfoy.
‘¡Pienso que no hay necesidad de utilizar un lenguaje así!’ dijo Madame Malkin, corriendo a toda prisa desde atrás del estante de ropa sosteniendo una cinta métrica y una varita mágica. ‘¡Y no quiero señales de varitas en mi tienda tampoco!’ añadió a toda prisa, pues había puesto una mirada en la puerta donde Harry y Ron apuntaban con sus varitas a Malfoy. Hermione, que estaba de pie ligeramente detrás de ellos, dijo susurrando, ‘no, no lo hagan, francamente, no merece la pena.’
‘Sí, atrévanse a hacer magia y desafiar a la Escuela de Magia,’ se mofó Malfoy, ‘¿Quién ennegreció tu ojo, Granger? Quiero mandarte flores.’
‘¡Ya está bien!’ dijo Madame Malkin bruscamente, mirando sobre su hombro, ‘Señora, ¿por favor?’
Narcisa Malfoy salió de detrás del estante de ropa.
‘Guarden eso en su sitio,’ dijo ella con frialdad a Harry y Ron. ‘Su ustedes atacan a mi hijo de nuevo, me aseguraré de que se la última cosa que hagan.’
‘¿De verdad?’ dijo Harry, dando un paso adelante y mirando fíjamente a la cara lisamente arrogante que, para toda su palidez, todavía se parecía a su hermana. Era tan alto como ella era ahora. ‘¿Vas a ir a conseguir a algunos amigos Mortífagos para liquidarnos, así es?.’
Madame Malkin chilló y se agarró su corazón.
‘¡Realmente, no deberías de acusar! ¡Ni decir cosas peligrosas! ¡Varitas mágicas afuera, por favor!’
Pero Harry no bajó su varita mágica. Narcisa Malfoy rió de manera desagradable.
‘Veo que ser el favorito de Dumbledore te ha dado un falso sentido de libertad, Harry Potter. Pero Dumbledore no estará siempre allí para protegerte.’
Harry miró burlonamente alrededor de toda la tienda. ‘¡Wow … miren esto … él no está aquí ahora! ¿Por qué no prueban suerte? ¡Podrían tener una celda doble en Azkaban con el perdedor de su marido!’
Malfoy hizo un movimiento fiero hacia Harry, pero tropezó con su túnica demasiado larga. Ron se rió a carcajadas.
‘Está bien, Draco,’ dijo Narcisa, agarrándolo con sus delgados dedos blancos sobre su hombro. ‘Espero que Potter se reúna con Sirius antes que yo me haya reunido con Lucius.’
Harry levantó la varita más alto.
‘¡Harry, no!’ gimió Hermione, agarrando su brazo e intentando bajarlo por su lado. ‘Piensa ... No debes … Tendrías problemas …’
Madame Malkin titubeó por un momento, luego decidió actuar como si no pasara nada con la esperanza de que no lo haría. Ella se giró hacia Malfoy, quien todavía miraba airadamente a Harry.
‘Pienso que esta manga izquierda podría pasar un poquito más, eh querido, solamente déjame.’
‘¡Ay!’ gritó Malfoy, pegando con la mano de afuera ‘¡Observe donde pone sus alfileres, mujer! ¿Madre, piensa que ya está todo?’
Tiró los trajes sobre su cabeza y los lanzó al suelo a los pies de Madame Malkin.
‘Tienes razón, Draco,’ dijo Narcisa, con una mirada desafiante en Hermione, ‘Ahora sé la clase de escoria que hace compras aquí … Haremos las cosas mejor en Twilfitt y Tatting´s.’
Y con esto, los dos cruzaron de una zancada la tienda, Malfoy puso cuidado en golpear con fuerza a Ron mientras iba hacia la salida.
‘Pues bien, la verdad,’ dijo Madame Malkin, agarrando rápidamente las túnicas caídas y moviendo la punta de su varita mágica sobre ellas como una aspiradora, de modo que les quitó todo el polvo.
Estuvo distraída hasta el final con los ajustes de las nuevas túnicas de Ron y Harry, y trató de vender las túnicas de vestir a Hermione en lugar de Witch´s, y cuando finalmente salieron de la tienda, se alegró al verles las espaldas.
‘¿Consiguieron todo?’ preguntó Hagrid cuando reaparecieron a su lado.
‘Más o menos,’ dijo Harry. ‘¿Has visto a los Malfoy?’
‘Sí,’ dijo Hagrid, despreocupado. ‘¿Ha ocurrido algo? ¿Te han desafiado en la tienda o en el Callejón Diagon, Harry? Pero, no hay que preocuparse por ellos.’
Harry, Ron y Hermione intercambiaron miradas, pero antes de que pudieran quitar a Hagrid esta opinión cómoda, el Sr. y la Sra. Weasley y Ginny aparecieron, con todos los paquetes de libros pesados.
‘¿Todo el mundo está bien?’ dijo la Sra. Weasley. ¿Consiguieron sus trajes? Entonces podemos pasar por el Boticario de camino, para ver la tienda de Fred y George …’
Ni Harry ni Ron compraron ingredientes en el Boticario, sabiendo que ya no estudiarían Pociones, pero ambos compraron las cajas grandes de frutos secos para sus lechuzas Hedwig y Pigwidgeon, en el Emporio de la Lechuzas. Mientras la Sra. Weasley miraba el reloj a cada minuto, cruzaron por la calle en busca de los Sortilegios Weasley, la tienda de bromas de Fred y George.
‘La verdad es que no tenemos mucho tiempo,’ dijo la Sra. Weasley. ‘Solamente tenemos tiempo para una visita rápida y volver de nuevo al coche. Debe de estar cerca, esto es … el número noventa y dos, noventa y cuatro …’
‘¡Aquí!,’ dijo Ron, parándose.
Al contrario que el resto de las fachadas de las demás tiendas, que tenían carteles alrededor de ellas, la vitrina de Fred y George tenía un muestrario de fuegos artificiales. Transeúntes ocasionales miraban hacia la ventana, y unas personas más bien atontadas intentaban atravesar el cristal con la mirada. La ventana de la izquierda estaba llena de un surtido de objeto que giraban, reventaban, brillaban, chillaban … Los ojos de Harry comenzaron a lagrimear al mirarlos. La ventana de la derecha estaba cubierta por un poster gigantesco de color púrpura, como los del Ministerio, pero adornado con unos letreros de color amarillo.

¿POR QUÉ ESTAN PREOCUPADOS?
‘¿Conoce a alguien?’
DEBERÍA DE PREOCUPARSE
U-NO-POO
LA SENSACIÓN DE ESTREÑIMIENTO
¡ESO AFECTA A LA NACIÓN!

Harry comenzó a reirse. Oyó un débil gemido a su lado y se dio cuenta de que era la Sra. Weasley contemplando, atónita, el póster. Sus labios se movieron silenciosamente, pronunciando el nombre ‘U-no-Poo.’
‘¡Los asesinarán mientras duermen!’ susurró.
‘¡No, esto está genial!’ dijo Ron, que se reía con Harry. ‘¡Es brillante!’
Y él y Harry entraron en la tienda. Estaba llena de clientes; Harry no podía acercarse a los estantes. Miró fijamente alrededor, alzando la vista sobre las cajas que se amontonaban hasta el techo: allí estaban los Skving Snackboxer que los gemelos habían perfeccionado durante el año pasado, inacabado en Hogwarts; Harry notó que el Turrón de Hemorragia Nasal era el más popular, porque solo quedaba una caja en el estante. Había cajas llenas de varitas mágicas de broma, las más baratas simplemente se convertían en pollos de goma o en pares de calzoncillos cuando se agitaban, la más cara se enrollaba alrededor de la cabeza y el cuello del usuario impruedente, y las cajas de plumas, de gran variedad, desde las que comprobaban la ortografía, escribían solas y respondían solas. En un pequeño espacio ocupado por la muchedumbre, Harry fue abriendo paso hacia el mostrador, donde un grupo de niños de diez años observaban contentos a un hombre diminuto de madera y un verdadero juego de ahorcado, ambos colocados arriba de una caja donde se lee: ¿verdugo reutilizable? ¡Deletréelo o él se balanceará!
‘Los Encantos Patentados de Ensueño.’
Hermione había logrado abrirse paso con dificultad hasta una estantería donde leía la información del dorso de una caja que tenía una imagen sumamente colorida de una juventud sutanciosa y una chica desmayada en la cubierta de un barco pirata.
‘Un simple conjuro y entrará en un ensueño de primera calidad, áltamente realista, de treinta minutos, fácil de encajar en mitad de clase y prácticamente imperceptible (efectos secundarios incluyen expresión vacante y en menores de edad una baba incontrolable). Prohibida la venta a menores de 16.’
‘¡Sabes,’ dijo Hermione, mirando a Harry, ‘esto es magia realmente extraordinaria!’
‘Pues claro, Hermione,’ dijo una voz detrás de ellos, ‘ten uno gratis.’
Un Fred radiante estaba ante ellos, trayendo puesto un juego de túnicas de color magenta que destacaban magníficamente con su pelo rojizo.
‘¿Cómo estás, Harry?’ Se se dieron la mano. ‘¿Qué le ha pasado a tu ojo, Hermione?’
‘Tu telescopio de perforación,’ dijo ella con arrepentimiento.
‘Ah, vaya, me olvidé de esos,’ dijo Fred. ‘Tóma.’
Sacó un tarro de su bolsillo y se la dio, ella la abrió cautelosamente para revelar una pasta espesa amarilla.
‘Solamente úntatelo, esa magulladura se irá dentro de una hora,’ dijo Fred. ‘Tuvimos que encontrar una solución decente para la magulladura. Probamos la mayor parte de nuestros productos en nosotros mismos.’
Hermione miró nerviosa. ‘¿Es seguro, verdad?’ preguntó.
‘Pues claro que lo es,’ dijo Fred frescamente, ‘Venga Harry, vamos a enseñarte la tienda.’
Harry dejó a Hermione que untaba sobre su ojo morado la pasta y siguió a Fred hasta la parte de atrás de la tienda, donde vio un montón de trucos de cartas y de la cuerda.
‘¡Los trucos mágicos Muggles!’ dijo Fred felizmente, señalándolos. ‘Para los fenómenos como papá, ya sabes, que le encantan las cosas Muggles. No es gran cosa, pero tenemos un negocio medianamente estable, son artículos de novedad … Oh, aquí está George …’
El gemelo de Fred estrechó la mano de Harry con energía.
‘¿Qué tal la visita? ¡Vamos a la parte de atrás, Harry, allí es donde hacemos el verdadero dinero! - ¡Coge algo y pagarás más galeones!’ dijo a modo de advertencia a un niño pequeño que precipitadamente metió su mano en un tarro con una etiqueta oscura.

LAS NOTAS - ¡HARÁN ENFERMAR A ALGUIEN!

George corrió una cortina que estaba al lado de los trucos Muggles y Harry vio una habitación más oscura y menos abarrotada. El forro del embalaje de estos productos era más oscuro.
’Hemos desarrollado una línea más seria,’ dijo Fred. ‘Fue gracioso cómo ocurrió ...’
‘No creerías cuánta gente, hasta gente que trabaja en el Ministerio, no puede hacer un Entantamiento Escudo decente,’ dijo George. ‘Por supuesto, no les han enseñado, Harry.’
’Correcto ... Bien, pensamos que los Sombreros Escudo eran un poco graciosos, ya sabes, atacan tu cabeza y tu mientras te proteges mientras lo usas y miras su cara cuando éste rebota. ¡Pero el Ministerio compró quinientos de estas cosas! ¡Y todavía estamos recibiendo pedidos en cantidad!’
’Por lo que nos hemos metido en una gama de productos como los Relojes Escudo, Guantes Escudo ...’
’... Quiero decir que éstos no ayudarían mucho en contra los Hechizos Imperdonables, pero por lo menos moderan los rayos ...’
’Y también hemos pensando en meternos en toda el área de la Defensa Contra las Artes Oscuras, porque es todo un negocio,’ continuó George con entusiasmo. ‘Es genial. Mira, Polvo Tenebroso Instantáneo, lo estamos importando desde Perú. Práctico si quieres escapar rápidamente.’
’Y nuestros Señuelos Detonadores son los que se venden como pan, mira,’ dijo Fred señalando a un número de objetos oscuros que miraban con peculiaridad con sus cuernos, y que hacían todo lo posible para no ser vistos. ‘Sólo debes dejar caer uno y éste saldrá corriendo y emitirá un grave sonido desde lo oculto, haciéndote reir si quieres.
’Práctico,’ dijo Harry, impresionado.
’Aquí tienes,’ dijo Georfe, tomando un par y lanzándocelos a Harry.
Una joven bruja con una cabellera rubia un tanto corta asomó su cabezo por la cortina; Harry vio que vestía ropa color magenta.
’Hay un cliente buscando un caldero de broma, Señor y Sra. Weasley,’ dijo ella.
Harry encontró muy raro escuchar a Fred y George decir ‘Señor Weasley,’ pero se lo alcanzaron a szncadas.
’Correcto, Veritu, ahí voy,’ dijo George inmediatamente. ‘Harry, toma lo que quieras, ¿bien? Todo gratis.’
’¡No lo haré!’ dijo Harry, quien ya había sacado su dinero para pagar los Señuelos Detonadores.
’No pagarás aquí,’ dijo Fred firmemente, apartando el oro de Harry.
’Pero.’
’No diste nuestro primer préstamo, no lo hemos olvidado,’ dijo George con severidad. ‘Llévate lo que quieras, y solo recuerda de comentarle a la gente dónde lo conseguiste, si te preguntan.’
George desapareció tras la cortina para atender a los clientes, y Fred dirigió a Harry atrás en la parte principal del negocio para encontrar a Hermione y a Ginny que todavía estaban con los Hechizos Patentados del Día Soñado.
’¿No han encontrado todavía nuestros productos especiales de Brujas Maravillas?’ preguntó Fred. ‘Síganme, señoritas ...’
Cerca de la ventana había un montón de productos rosas un poco violentos, los cuales tenían a su alrededor un grupo de chicas emocionadas que reían con entusiasmo. Tanto Hermione como Ginny se alejaron, con desconfianza.
’Aquí tienes,’ dijo Fred con orgullo. ‘Los mejores productos de pociones para el amor que encuentres en todo el Mundo.’
Ginny levantó sus cejas escpépticamente. ‘¿Funcionan?’ preguntó.
’Claro que funcionan, por más de veinticuatro horas cada vez, dependiendo del peso del chico en cuestión.’
’y el atracitivo de la chica,’ dijo George, reapareciento repentinamente de su lado. ‘Pero no los vendemos a nuestro hermana,’ agregó, poniéndose de repente un tanto severo, ‘no cuando ella ya tiene cinco chicos en camino.’
’Cualquier cosa que hayas escuchado de Ron es una gran mentira,’ dijo Ginny con calma, inclinándose para tomar un pequeño potte rosa del estante. ‘¿Qué es?’
’Garantiza diez seguros de desaparición de granos,’ dijo Fred. ‘Excelente para cosas desde forúnculos hasta puntos negros, pero no cambies de tema. ¿Estás o no saliendo con un chico llamado Dean Thomas?’
’Sí,’ dijo Ginny. ‘Y la última vez que recuerdo, él fue el único chico, y no cinco. ¿Qué son esos?’
Señalaba a un grupo de pelotas redondas de pelusas de tonos rosa y púrpura, todas girando en el fondo de una jaula y emitiendo fuertes chillidos.
‘Pygmy Puffs,’ dijo George. ’Puffskeins en miniatura, no hemos podido causar efecto con ellos todavía. ¿Y qué pasa con Michael Corner?’
’Lo dejé, era un mal perdedor,’ dijo Ginny, poniendo un dedo entre los barrotes de una jaula y mirando los Pygmy Puffs. ‘¡Son realmente atractivos!’
’Son justamente tiernos, sí,’ concedió Fred. ‘Pero estás cambiando de novios muy rápido, ¿o no?’
Ginny se volteó para mirarlo, con sus manos en sus labios. Había mucho de la Señora Weasley en su mirada, lo que a Harry sorprendió, a Fred no echó atrás.
’No es tu asunto. Y te lo agradeceré,’ agregó con furia a Ron, quien ya había aparecida bajo el codo de George, cargado de mercancías, ‘¡no cuentes cosas de mí a estos dos!’
’Eso cuesta tres Galeones, cinco Sickles y un Knut,’ dijo Fred, examinando las cajas en las manos de Ron. ‘Dame el dinero.’
’¡Soy tu hermano!’
’Y esas son nuestras cosas. Tres Galeones, nueve Sickles. Te perdono el Knut.’
’¡Pero no tengo tres Galeones, nueve Sickles!’
’Entonces será mejor que devuelvas estas cosas, y asegúrate de ponerlas en los estantes correctos.’
Ron arrojó las bolsas, y comenzó a maldecir, y amagó un gesto de mano ruda a Fred, todo esto lo vio la Sra. Weasley, quién había escogido ese momento para aparecer.
’Si te veo hacer eso otras vez, gafaré tus dedos,’ dijo ella en tono amenazador.
’Mami, me puedo llevar un Pygmy Puff?’ dijo Ginny al unísono.
’¿Un qué?’ dijo la Sra. Weasley cautelosamente.
’Mira, son muy dulces ...’
La Sra. Weasley se acercó para mirar los Pygmy Puffs, y Harry, Ron y Hermione tuvieron momentáneamente una visión impedida fuera de la ventana. Draco Malfoy cruzaba la calle solo. Mientras pasaba por el negocio de Chascos Mágicos de los Weasleys, miró sobre su espalda. Segundos después, se fue del alcance de la ventana y el trío lo perdió de vista.
’¿Deseando saber donde está su mamita?’ dijo Harry, con el ceño fruncido.
’Dale una esquivada a su madre si puedes,’ dijo Ron.
’¿Por qué?’ dijo Hermione.
Harry no dijo nad; estaba pensando demasiado. Narcissa Malfoy no le habría permitido a su apreciado hijo mostrarse apreciadamente; Malfoy habría hecho un gran esfuerzo por evitar que la agarren.
Harry, conociendo y aborreciendo a Malfoy, estaba seguro de que la razón no era nada inocente.
Miró alrededor. La Sra. Weasley y Ginny estaban todavía con los Pygmy Puffs. El Señor Weasley estaba examinando deleitadamente un paquete de naipes Muggles. Fred y George estaban ateniendo a los clientes. Del otro lado del vidrio, Hagrid estaba de espalfas a ellos, mirando a un lado y otro de la calle.
’Vallamos por aquí, rápido,’ dijo Harry, sacando su Capa de Invisibilidad de su bolso.
’Oh, no lo sé, Harry,’ dijo Hermione, mirando con sospecha a la Sra. Weasley.
’Vamos,’ dijo Ron.
Hermione vaciló por un momento, luego se metió bajo la capa con Harry y Ron. Nadie notó su desaparición; todos estaban interesados en los productos de Fred y George. Harry, Ron y Hermione salieron rápidamente hacia la puerta como pudieron, pero en el momento en que llegaron a la calle, Malfoy había desaparecido tan rápido como ellos lo habían hecho.
’Iba en esa dirección,’ murmuró Harry tan bajo como pudo, por lo que Hagrid, quien estaba tareareando, no pudo oírlos. ‘Vamos.’
Siguieron, mirando a izquierda y derecha, a las puertas y ventanas de los negocios, hasta que Hermione señaló algo.
’¿Es él, verdad?’ susurró Hermione. ‘¿Hacia la izquierda?’
’Gran sorpresa,’ susurró Ron.
Malfoy miró alrededor, y se metió en el Callejón Nocturno, y quedó fuera de vista.
’Rápido, o lo perderemos,’ dijo Harry, apurándose.
’¡Verán nuestros pies!’ dijo Hermione ansiosamente, cuando la capa se levantó un poco hacia sus rodillas; era mucho más difícil esconderse los tres bajo una capa en estos días.
’No importa,’ dijo Harry sin paciencia. ‘¡Solo apurémosnos!’
Pero el Callejón Nocturno, el lugar devoto de las Artes Oscuras, se encontraba completamente desierto. Miraron por las ventanas mientras pasaban, pero ninguno de los negocios pareció tener clientes dentro. Harry supuso que era un poco obvio este hecho en estos tiempos tan peligrosos y sospechosos, de comprar artefactos Tenebrosos o al menos, de ser visto comprándolos.
Hermione le dio un gran pellizco a la mano de Harry.
’¡Ouch!’
’¡Shh! ¡Miren! ¡Está allí!’ dijo en voz baja en el oído de Harry.
Habían llegado al único lugar al que Harry había visitado alguna vez en el Callejón Nocturno, y era Borgin y Burkes. Que vendían una gran variedad de objetos siniestros. Allí, a mitad de entre las cajas llenas de cráneos y viejas botellas, estaba Draco Malfoy, de espaldas a ellos, visible justo en la alta vitrina oscura en la que Harry se había escondido en su entonces para ocultarse de Malfoy y su padre. A juzgar por los movimientos de las manos de Malfoy, estaba hablando animadamente. El propietario del negocio, el Señor Borgin, un hombre de pelo grasiento, estaba parado de cara Malfoy. Tenía una cursiosa expresión de mezcla de resentimiento y miedo.
’¡Si sólo pudiésemos escuchar lo que están diciendo!’ dijo Hermione.
’¡Podemos!’ dijo Ron con emoción. ‘¡Vean!’
Sacó un par de cajas que sostenía y dejó caer la más grande.
’¡Orejas Extensibles, miren!’
’¡Fantástico!’ dijo Hermione, cuando Ron reveló las largas cuerdas de color carne y comenzó a acercarlas hacia la parte de debajo de la puerta. ‘Espero que la puerta no sea Imperturbable.’
’¡No!’ dijo Ron jubiloso. ‘¡Escuchen!’
Pusieron sus cabezas una al lado de la otras y escucharon desde el final de la cuerda, desde donde la voz de Malfoy podría ser escuchar fuerte y clara, como si una radio se hubiese prendido.
’… sabes cómo arreglarlo?’
’Posiblemente,’ dijo Borgin, en un tono que sugirió que estaba poco dispuesto a comprometerse. ‘Tendré que verlo, de todos modos. ¿Por qué no lo dejas en el negocio?’
’No puedo,’ dijo Malfoy. ‘Tiene que esta puesto. Sólo dime cómo.’
Harry vio cómo Borgin lamía sus labios nerviosamente.
’Bien, sin verlo, debo decir que es un trabajo muy difícil, quizás imposible. No puedo garantizar nada.’
’¿No?’ dijo Malfoy, y Harry sabía, por su tono, que Malfoy estaba burlándose. ‘Quizás esto te convensa.’
Se movió hacia Borkin y se bloquió la visión desde el gabinete. Harry, Ron y Hermione se movieron a un costado tratando de manterlo en vista, pero todo lo que pudieron ver fue a Borgin con una mirada de pánico.
’No le digas a nadie,’ dijo Malfoy, ‘y habrá retribución. ¿Conoces a Fenrir Greyback? Es un amigo de la familia. Pasará a visitarte pronto, para segurarse de que le estás dedicando toda la atención a este problema.’
’No habrá necesidad.’
’Ya está decidido,’ dijo Malfoy. ‘Bien, mejor que me vaya. Y no olvides de mantenerlo a salvo, lo necesitaré.’
’¿Quizás quieras llevarlo ahora?’
’No, por supuesto que no, tu hombre estúpido y pequeño, ¿cómo llevaría eso por la calle? Solo abstente de venderlo.’
’Por supuesto que no ... señor.’
Borgin hizo una reverencia tan grande como la que Harry había visto hacerle a Lucius Malfoy en aquél entonces.
’Ni una palabra a nadie, Borgin, y eso incluye a mi madre, ¿entendiste?’
’Naturalemente, naturalmente,’ murmuró Borgin, haciendo nuevamente una reverencia.
Un momento después, la campana de la puerta emitió un fuerte tintineo, cuando Malfoy abandonó el negocio con una mirada de estar satisfecho de sí mismo. Pasó tan cerca de Harry, Ron y Hermione, que sintieron que la capa aleteó por sobre sus rodillas nuevamente. Dentro del negocio, Borgin había quedado congelado; su sonrisa unctuosa se había desvanecido; se veía preocupado.
’¿Y qué era eso?’ susurró Ron, enrollando las Orejas Extensibles.
’No lo sé,’ dijo Harry, pensando. ‘Quería arreglar algo ... y quería reservar algo allí ... ¿Vieron qué selañó cuando dijo ‘ese’?
’No, estaba tras la vitrina.’
’Ustedes dos permanezcan aquí,’ susurró Hermione.
’¿Qué vas a ...’?
Pero Hermione ya se había salido de la capa. Se miró su pelo por el reflejo del vidrio, y luego entró en el negocio, haciendo que la campanilla sonara nuevamente. Ron se precipitó a acercar las Orejas Extensibles bajo la puerta y pasó una de las cuerdas a Harry.
’Hola, ¿horrible mañana, verdad?’ dijo Hermione radiante a Borgin, quien no respondió, pero encontró en ella una mirada sospechosa. Tarareando alegremente, Hermione se paseó entre el revoltijo de objetos en muestra.
’¿Está este collar en venta?’ preguntó, pausándose al lado de una caja con el frente de vidrio.
’Si tienes mil quinientos Galeones,’ dijo el Señor Borgin fríamente.
’Oh, eh, no, no tengo tanto,’ dijo Hermione, caminando,. ‘Y … ¿este tan amoroso cráneo?’
’Dieciseis Galones.’
’¿Está en venta entonces? No está … ¿encargado para alguien?’
El Señor Borgin la miró con estrabismo. Harry tenía la desagradable sensación de que sabía exactamente que Hermione ya lo sabía. Aparentemente Hermione sintió lo mismo porque de repente prestó especial atención a los vientos.
’La cosa esa está encargada, ese chico que estaba aquó hace un momento, Draco Malfoy, bien, es un amigo mío, y quiero regalárselo para su cumpleaños, pero si ya ha reservado algo, obviamente no quiero darle lo mismo, por lo que ... um ...’
Era una historia un poco pobre para la opinión de Harry, y aparentemente para Borgin también.
’Fuerda,’ dijo con tono amenazante. ‘¡Fuera!’
Hermione no esperó a que se lo dijera dos veces, pero se apuró hasta la puerta con Borgin a sus tacos. Cuando la campanilla tintineó otra vez, Borgin cerró de golpe la puerta tras ella y puso el cartel de ‘cerrado’.
’Ah, bien,’ dijo Ron, arrojando la capa sobre Hermione. ‘Intento fallido, pero estuviste un poco obvia.’
’Bueno, la próxima vez me puedes decir cómo se debe hacer, Maestro del Misterio,’ chilló ella.
Ron y Hermione discutieron todo el camino de regreso hasta los Weasley.
Las Resuellas de los Magos, donde estaban forzados a parar para no ser detectados por una Sra. Weasley tan ansiosa y un Hagrid quien ya había notado claramente sus ausencias. Una vez en el negocio, Harry sacó la Capa de Invisibilidad, la guardó en su bolso, y se unió a los dos otros que demandaron, en respuesta a las acusaciones de los Weasleys, que habían estado en la parte de atrás, y que ella no había visto bien.