Saturday, August 13, 2005

Capítulo 8: Snape victorioso por Patricio

Harry no podía mover ni un músculo. Estaba tumbado bajo la Capa de Invisibilidad sintiendo fluir la sangre de su nariz, húmeda y caliente, sobre su cara; escuchando las voces y los pasos en el pasillo. Su primer pensamiento fue que alguien, seguramente, comprobaría los compartimentos antes de que el tren partiera de nuevo. Pero enseguida le desanimó el darse cuenta de que, incluso si alguien miraba dentro del compartimento, ni le vería, ni le oiría. Su mayor esperanza era que alguien entrara y lo pisara.
Harry nunca había odiado a Malfoy tanto como tumbado allí, como una absurda tortuga sobre su espalda, la sangre cayendo de forma asquerosa en su boca abierta. Vaya situación más estúpida en la que se había metido … y ahora, los últimos pasos se alejaban, todos estaban moviéndose por el oscuro andén en el exterior; podía oír el arrastrar de los baúles y el sonoro farfullar de las voces.
Ron y Hermione pensarían que se había bajado del tren sin ellos. Una vez que llegaran a Hogwarts y se sentaran en sus sitios en el Gran Comedor, lo buscaran un par de veces por la mesa de Gryffindor y descubrieran finalmente que no estaba allí, él, sin ninguna duda, estaría a medio camino de vuelta a Londres.
Intentó hacer algún sonido, aunque fuera un gruñido, pero era imposible. Entonces recordó que algunos magos, como Dumbledore, podían realizar hechizos sin hablar, así que intentó convocar su varita, que se había deslizado desde su mano, diciendo las palabras ‘¡Accio varita!’ una y otra vez en su cabeza, pero no sucedió nada.
Creyó que podía escuchar el crujir de los árboles que rodeaban el lago y el lejano ulular de una lechuza, pero ninguna pista de que le buscaran, ni siquiera (se despreció a sí mismo por desearlo) voces aterrorizadas preguntándose dónde estaba Harry Potter. Un sentimiento de desesperanza se extendió por él al imaginar el convoy de carruajes tirados por thestrals rodando lentamente hacia la escuela y las carcajadas amortiguadas provenientes del carruaje en el que Malfoy se hubiera montado, donde podría relatar cómo le había atacado a Crabbe, Goyle, Zabini y Pansy Parkinson.
El tren arrancó provocando que Harry rodara a un lado. Ahora podía contemplar la polvorienta parte de abajo de los asientos en vez del techo. El suelo comenzó a vibrar a medida que la locomotora se ponía en marcha. El Expreso estaba marchándose y nadie sabía que él seguía dentro …
Entonces notó la Capa de Invisibilidad apartarse y una voz desde arriba dijo: ‘¿Qué hay, Harry?’
Hubo un destello de luz roja y el cuerpo de Harry se descongeló; pudo sentarse en una posición más digna, se limpió precipitadamente la sangre de la cara, amoratada, con la mano y levantó la cabeza para mirar a Tonks que sostenía la Capa de Invisibilidad que acababa de quitarle.
‘Deberíamos salir de aquí, rápido,‘ dijo mientras las ventanas del tren se nublaban con el vapor y empezaban a salir de la estación. ‘Vamos, saltaremos.’
Harry se apresuró tras ella por el pasillo. Tonks abrió la puerta del tren y saltó al andén, que parecía deslizarse bajo ellos mientras el tren ganaba velocidad. Él la siguió y se tambaleó ligeramente al aterrizar, pero se enderezó a tiempo de ver la brillante locomotora roja acelerar, tomar la curva y desaparecer de su vista.
El frío viento nocturno aliviaba su nariz palpitante de dolor. Tonks lo miraba; se sintió enfadado y avergonzado de haber sido descubierto en una posición tan ridícula. Silenciosamente, le devolvió la Capa de Invisibilidad.
‘¿Quién ha sido?’
‘Draco Malfoy,‘ dijo Harry amargamente’. Gracias por … bueno …
‘No hay problema,‘ dijo Tonks sin sonreír. Por lo que Harry podía ver en la oscuridad, todavía tenía el pelo de color parduzco y parecía tan triste como lo había estado cuando se había encontrado con ella en la Madriguera’. Puedo curarte la nariz si te quedas quieto.
A Harry no le hizo mucha gracia la idea; había pensado ir a ver a la señora Pomfrey, la enfermera, en la que tenía más confianza cuando se trataba de hechizos curativos, pero le pareció descortés decirlo así que permaneció completamente inmóvil y cerró los ojos.
‘Episkey,‘ dijo Tonks.
Harry notó un gran calor en la nariz y después un frío intenso. Levantó una mano y se tocó cuidadosamente. Parecía haberse curado.
‘¡Muchas gracias!’
‘Deberías volver a ponerte la Capa para que podamos caminar hasta el colegio,‘ dijo Tonks, aún sin sonreír. Al mismo tiempo que Harry se echaba la Capa por encima, ella agitó su varita; una criatura de cuatro patas inmensa y plateada salió de ella y se internó en la oscuridad como un rayo.
‘¿Era un Patronus?‘ preguntó Harry, que había visto a Dumbledore mandar mensajes de esa forma.
‘Sí, estoy mandando un mensaje al castillo para decir que estás conmigo o se preocuparán. Vamos, es mejor que no perdamos más tiempo.’
Echaron a andar hacia el camino que llevaba al colegio.
‘¿Cómo me encontraste?’
‘Me di cuenta de que no habías salido del tren y sabía que tenías esa Capa. Pensé que quizás estabas escondiéndote por alguna razón. Cuando vi que las persianas estaban bajadas en ese compartimento, pensé que debía comprobarlo.’
‘De todas formas, ¿Qué estás haciendo aquí?’ preguntó Harry.
‘Ahora estoy destinada en Hogsmeade, para dar más protección a la escuela,’ dijo Tonks.
‘¿Estás tú sola o …?’
‘No, Proudfoot, Savage y Dawlish están también aquí.’
‘¿Dawlish, el Auror que Dumbledore atacó el año pasado?
‘El mismo.’
Escalaron el desierto y oscuro camino siguiendo las rodadas, aún frescas, de los carruajes. Harry miraba a Tonks de reojo bajo la Capa. El año pasado había sido inquisitiva (hasta el punto de ser un poco pesada algunas veces), había reído con facilidad, había bromeado … Ahora, parecía mayor y mucho más seria y decidida. ¿Se debía todo eso a lo que había pasado en el Ministerio? Se sintió incómodo al imaginar que Hermione le habría sugerido decirle algo sobre Sirius para consolarla, que no había sido su culpa en absoluto, pero no podía verse a sí mismo haciéndolo. No es que la culpara por la muerte de Sirius; no era más culpa suya que de cualquier otro (y mucho menos que de él mismo), pero no le gustaba hablar de Sirius si podía evitarlo. Y así, avanzaron a través de la fría noche en silencio, con la larga Capa de Tonks susurrando en el suelo tras él.
Puesto que había viajado siempre en carruaje, Harry nunca se había dado cuenta antes de lo lejos que Hogwarts estaba de la estación de Hogsmeade. Por fin vio, con gran alivio, los altos pilares a cada lado de las puertas, cada uno coronado por un cerdo con alas. Tenía frío, hambre y bastantes ganas de dejar a la nueva y sombría Tonks detrás. Pero cuando sacó una mano para abrir las puertas, se dio cuenta de que estaban cerradas con cadenas.
‘¡Alohomora!‘ dijo con confianza apuntando con la varita al candado, pero nada sucedió.
‘Eso no funcionará,‘ dijo Tonks. ’El propio Dumbledore las embrujó.’
Harry miró alrededor, ‘podría escalar la pared,’ sugirió.
‘No, no podrías,‘ dijo Tonks rotundamente. ’Hay maldiciones anti-intruso en todas ellas. La seguridad se ha incrementado cien veces este verano.’
‘Está bien,‘ dijo Harry empezando a molestarse por su falta de ayuda, ‘supongo que simplemente tendré que dormir aquí afuera y esperar a que amanezca.’
‘Alguien bajará por ti,‘ dijo Tonks, ‘mira’.
Una linterna cabeceaba, en la distancia, al pie de los muros del castillo. Harry estaba tan contento de verla que sintió que podría incluso soportar las farfullantes quejas de Filch sobre su tardanza y los gritos sobre cómo se podría mejorar la puntualidad colgando regularmente a los alumnos de sus pulgares. No fue hasta que la brillante luz amarilla estuvo a tres metros de ellos y se hubo quitado su Capa de Invisibilidad para que pudiera vérsele, que reconoció, con una ráfaga de puro aborrecimiento, la nariz ganchuda y el pelo largo, negro y grasiento de Severus Snape.
‘Bien, bien, bien,‘ se rió Snape sacando su varita y golpeando el candado de forma que las cadenas retrocedieron serpenteando y las puertas se abrieron. ‘Es muy considerado de tu parte aparecer, Potter, aunque, evidentemente, has decidido que llevar el uniforme del colegio perjudicaría tu imagen.’
‘No pude cambiarme, no tenía mí …‘ empezó Harry antes de que Snape le cortara.
‘No hace falta que esperes, Nymphadora, Potter está bastante … ah … seguro, en mis manos.’
‘Esperaba que Hagrid recibiera el mensaje,‘ dijo Tonks frunciendo el ceño.
‘Hagrid llegaba tarde al banquete de inicio de curso, igual que Potter, así que me hice cargo yo. A propósito,’ dijo Snape retrocediendo para dejar pasar a Harry, ‘ha sido interesante ver tu nuevo Patronus.’
Cerró las puertas en su cara con un sonoro tañido y volvió a golpear las cadenas con la varita para que se deslizaran, tintineando, de vuelta a su posición.
‘Creo que te iría mejor con el anterior,’ dijo Snape con una malicia inconfundible en la voz. ‘El nuevo parece débil.’
Cuando Snape volvió a balancear la linterna, Harry vio, momentáneamente, una mirada de desconcierto y enfado en el rostro de Tonks. Después, volvió a estar cubierta en sombras.
‘Buenas noches,‘ dijo Harry mientras comenzaba a andar hacia el colegio con Snape. ‘Gracias por … todo.’
‘Nos vemos, Harry.’
Snape no habló durante un minuto más o menos. Harry se sentía como si su cuerpo estuviera generando oleadas de odio tan poderosas que le parecía increíble que Snape no pudiera sentirlas quemándole. Había aborrecido a Snape desde su primer encuentro, pero Snape se había colocado a sí mismo para siempre e irrevocablemente más allá de cualquier posibilidad de perdón por parte de Harry debido a su actitud hacia Sirius. Fuera lo que fuese lo que dijera Dumbledore, Harry había tenido tiempo para pensar a lo largo del verano y había concluido que el desprecio que Snape había mostrado hacia Sirius acerca de permanecer escondido mientras el resto de la Orden del Fénix combatía a Voldemort había sido, probablemente, un poderoso factor en la precipitación con la que Sirius había acudido al Ministerio la noche que murió. Harry se agarraba a esta idea porque le permitía culpar a Snape, algo que encontraba satisfactorio y, también, porque sabía que si alguien no lamentaba que Sirius estuviera muerto era el hombre que caminaba junto a él en la oscuridad.
‘Cincuenta puntos menos para Gryffindor por llegar tarde, me temo,’ dijo Snape, ‘y, déjame ver, otros veinte por tu atuendo Muggle. Sabes, no creo que ninguna Casa haya estado en cifras negativas tan poco después de empezado el curso: ni siquiera hemos tomado el postre. Quizás hayas batido un récord, Potter.’
La furia y el odio que bullían dentro de Harry parecieron arder al rojo vivo, pero hubiera preferido haberse quedado inmovilizado todo el camino de vuelta a Londres a decirle a Snape por qué llegaba tarde.
‘Supongo que querías hacer toda una entrada, ¿no es así?‘ continuó Snape. ‘Y sin ningún coche volador disponible pensaste que irrumpir en el Gran Comedor a mitad del banquete debería crear un efecto dramático.
Harry seguía en silencio aunque pensó que su pecho podría explotar. Sabía que Snape había ido a buscarlo por aquello, por los pocos minutos en los que podía pincharle y atormentarle sin nadie más escuchando.
Alcanzaron la escalinata del castillo y, al final, al abrirse las enormes puertas de roble hacia la extensa entrada enlosada, una ráfaga de charla y risa y de tintineo de platos y vasos les recibió a través de las puertas abiertas del Gran Comedor. Harry se preguntó si podría volver a ponerse la Capa de Invisibilidad y, de este modo, alcanzar su asiento en la larga mesa de Gryffindor (que, inconvenientemente, era la que estaba más lejos de la entrada) sin que nadie se diera cuenta. Sin embargo, como si hubiera leído la mente de Harry, Snape dijo: ‘Sin capa. Puedes andar de forma que todos te vean, que estoy seguro de que es lo que querías.’
Harry se giró y caminó derecho a través de las puertas abiertas: cualquier cosa para librarse de Snape. El Gran Comedor, con sus cuatro largas mesas de las Casas y la del profesorado en lo alto de la habitación, estaba decorado como siempre, con velas flotantes que hacían brillar y centellear los platos más abajo. Sin embargo, fue todo un borrón reluciente para Harry, que caminaba tan deprisa que estaba pasando la mesa de Hufflepuff antes de que la gente empezara a quedársele mirando y, para cuando se levantaba para echarle un buen vistazo, ya había localizado a Ron y a Hermione, se había apresurado entre los bancos hacia ellos y había conseguido colocarse entre los dos.
‘¿Dónde has … demonios, que le has hecho a tu cara?‘ dijo Ron, mirándole con ojos desorbitados como el resto de los que estaban cerca.
‘¿Por qué, qué le pasa?‘ dijo Harry cogiendo una cuchara e intentando verse en el reflejo distorsionado.
‘¡Estás cubierto de sangre!‘ dijo Hermione. ‘Ven aquí …’
Levantó la varita, dijo: ‘¡Tergeo!’ y la varita absorbió la sangre seca.
‘Gracias,‘ dijo Harry tocándose la cara, ahora, limpia. ‘¿Qué aspecto tiene mi nariz?’
‘Normal,‘ dijo Hermione ansiosamente. ‘¿Por qué no debería estarlo? Harry, ¿qué ha pasado? ¡Hemos estado muy asustados!’
‘Os lo contaré más tarde,‘ dijo Harry bruscamente. Era consciente de que Ginny, Neville, Dean y Seamus estaban escuchando; incluso Nick Casi Decapitado, el fantasma de Gryffindor, había venido flotando a lo largo del banco para escuchar a escondidas.
‘Pero …‘ dijo Hermione.
‘Ahora no, Hermione,‘ dijo Harry en una voz oscura y llena de significado. Esperaba que todos asumieran que había estado envuelto en algo heroico, preferiblemente con un par de Mortífagos y un dementor. Desde luego, Malfoy extendería su historia tanto como pudiera, pero siempre quedaba la posibilidad de que no llegase a oídos de demasiados Gryffindors.
Alargó la mano más allá de Ron para coger un par de patas de pollo y un puñado de patatas fritas pero, antes de que pudiera alcanzarlos, se desvanecieron y fueron reemplazados por los postres.
‘De todas formas, te has perdido la selección,‘ dijo Hermione mientras Ron se lanzaba hacia una gran tarta de chocolate.
‘¿Ha dicho el Sombrero algo interesante?‘ preguntó Harry cogiendo un trozo de tarta de melaza.
‘Más de lo mismo, en realidad … ha aconsejado que nos unamos para enfrentar a nuestros enemigos, ya sabes.’
‘¿Dumbledore ha mencionado a Voldemort?’
‘Todavía no, pero siempre se guarda el discurso de verdad para después del festín ¿no? No puede quedar mucho.’
‘Snape dice que Hagrid ha llegado tarde al banquete …’
‘¿Has visto a Snape? ¿Cómo ha pasado?‘ dijo Ron mientras devoraba el pastel.
‘Me encontré con él,‘ dijo Harry evasivamente.
Harry miró hacia la mesa del profesorado y sonrió a Hagrid, que estaba, de hecho, saludándole con la mano. Hagrid nunca había conseguido comportarse con la dignidad de la profesora McGonagall, jefa de la Casa Gryffindor, cuya cabeza quedaba en algún punto entre el hombro y el codo de Hagrid, ya que estaban sentados uno al lado del otro, y que miraba con desaprobación esa bienvenida tan entusiasta. Harry se sorprendió de ver a la profesora Trelawney, que impartía Adivinación, sentada al otro lado de Hagrid; raramente dejaba su habitación en la Torre y nunca la había visto en el banquete de inicio de curso anteriormente. Parecía tan rara como siempre, reluciente entre abalorios y chales larguísimos, sus ojos aumentados hasta un tamaño enorme por sus gafas. Puesto que siempre la había considerado casi un fraude, Harry había quedado muy impresionado al descubrir, al final del año anterior, que había sido ella quién había hecho la predicción que llevó a Lord Voldemort a matar a sus padres y a atacarlo a él mismo. Saber eso hacía que deseara aún menos su compañía, afortunadamente, este año iba a dejar Adivinación. Sus enormes ojos, como faros, giraron en su dirección y él dirigió precipitadamente su mirada hacia la mesa de Slytherin. Draco Malfoy estaba imitando el aplastamiento de una nariz entre estridentes risas y aplausos. Harry bajó la vista hacia su tarta de melaza, y sintió cómo ardía por dentro otra vez.
‘Entonces, ¿qué quería el profesor Slughorn?‘ preguntó Hermione.
‘Saber lo que sucedió realmente en el Ministerio,‘ dijo Harry.
‘Él y todos por aquí,‘ gimoteó Hermione. ‘La gente ha estado interrogándonos acerca de ello en el tren, ¿verdad, Ron?’
‘Sí,‘ dijo Ron. ‘Todos quieren saber si realmente eres ‘El Elegido’…’
‘Se ha hablado mucho acerca de eso incluso entre los fantasmas,’ interrumpió Nick Casi Decapitado inclinando su inestable cabeza hacia Harry de forma que se tambaleó peligrosamente en su gorguera. ‘Estoy considerado algo así como una autoridad en lo que a Potter se refiere; es ampliamente sabido que tenemos una relación amigable. Sin embargo, he asegurado a la comunidad de espíritus que no voy a atosigaros para conseguir información. ‘Harry Potter sabe que puede confiar en mí totalmente’ les dije. ‘Moriría antes de traicionar su confianza’.’
‘Eso no es decir mucho, teniendo en cuenta que ya está muerto,’ observó Ron.
‘Una vez más, demostráis la sensibilidad de un hacha mal afilada,‘ dijo Nick Casi Decapitado en tono ofendido y se elevó en el aire y se deslizó hacia el lejano final de la mesa de Gryffindor justo cuando Dumbledore se ponía de pie en la mesa del profesorado. La charla y las risas que resonaban en el comedor se apagaron casi instantáneamente.
‘¡Os deseo la mejor de las noches!’ dijo sonriendo ampliamente con los brazos abiertos como si quisiera abrazar la habitación entera.
‘¿Qué le ha pasado a su mano?’ jadeó Hermione.
No era la única en darse cuenta. La mano derecha de Dumbledore estaba tan ennegrecida y parecía tan muerta como había estado cuando había ido a recoger a Harry a casa de los Dursleys. Dumbledore interpretó correctamente los susurros que recorrían la estancia pero simplemente sonrió y cubrió la herida con la manga violeta y dorada.
‘Nada de lo que preocuparse,‘ dijo a la ligera. ‘Ahora … ¡a nuestros nuevos estudiantes, bienvenidos, a nuestros viejos estudiantes, bienvenidos otra vez! Otro año lleno de educación mágica os espera …’
‘Ya tenía la mano así cuando lo vi este verano,‘ le susurró Harry a Hermione, ‘aunque creía que ya se le habría curado … o que la señora Pomfrey lo habría hecho.’
‘Parece como si estuviera muerta,‘ dijo Hermione con una expresión de repugnancia. ‘Pero hay algunas heridas que no se pueden curar … antiguas maldiciones … y hay venenos sin antídoto …’
‘… y el señor Filch, nuestro conserje, me ha pedido que os informe de que todos los productos comprados en la tienda Sortilegios Weasley están terminantemente prohibidos.’
‘Aquellos que quieran jugar en los equipos de Quidditch de sus Casas deben dar su nombre a su Jefe de Casa como es habitual. Estamos buscando, además, nuevos comentaristas de Quidditch; los interesados deberán proceder de la misma forma.’
‘Este año, es un placer recibir a un nuevo miembro del profesorado, el profesor Slughorn,‘ Slughorn se puso de pie, con su calva brillando a la luz de las velas y con su gran barriga bajo el chaleco ensombreciendo la mesa, ‘es un antiguo compañero que ha accedido a regresar a su antiguo puesto de profesor de Pociones.
‘¿Pociones?’
‘¿Pociones?’
La palabra resonó por todo el Gran Comedor mientras la gente se preguntaba si había oído bien.
‘¿Pociones?‘ dijeron Ron y Hermione a la vez girándose para mirar a Harry. ‘Pero si dijiste…’
‘Mientras tanto, el profesor Snape,‘ dijo Dumbledore elevando su voz para que se oyera sobre los murmullos, ‘se hará cargo de la asignatura de Defensa Contra las Artes Oscuras.’
‘¡No!’ dijo Harry tan alto que muchas cabezas se giraron hacia él. No le importó; estaba mirando fijamente hacia la mesa del profesorado totalmente furioso. ¿Cómo podían darle el puesto de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras a Snape después de tanto tiempo? ¿Acaso no era conocido por todos que Dumbledore no se fiaba de él para ese cargo?
‘¡Pero Harry, dijiste que Slughorn iba a enseñar Defensa Contra las Artes Oscuras!’ dijo Hermione.
‘¡Creí que así era!‘ dijo Harry intentando recordar cuándo se lo había dicho Dumbledore, pero ahora que lo pensaba, no era capaz de acordarse de que Dumbledore llegara a decirle que iba a enseñar Slughorn.
Snape, que estaba sentado a la derecha de Dumbledore, no se levantó al oír su nombre; simplemente levantó una mano en perezoso agradecimiento al aplauso proveniente de la mesa de Slytherin, aunque Harry estuvo seguro de haber notado una mirada de triunfo en los rasgos que tanto odiaba.
‘Bueno, hay algo bueno,‘ dijo ferozmente. ‘Snape se habrá ido para el final del año.’
‘¿Qué quieres decir?‘ preguntó Ron.
‘Ese trabajo está maldito. Ninguno ha durado más de un año … de hecho, Quirrell murió en el proceso …Personalmente, voy a cruzar los dedos para que haya otra muerte …’
‘¡Harry!‘ le reprochó Hermione escandalizada.
‘Quizá simplemente vuelva a enseñar Pociones al final del año,‘ razonó Ron. ‘Ese tal Slughorn quizás no quiera quedarse mucho. Moody no quería.’
Dumbledore carraspeó. Harry, Ron y Hermione no eran los únicos que estaban hablando; todo el Gran Comedor se había llenado de conversaciones ante la noticia de que Snape había logrado, por fin, su gran deseo. Como si no se hubiera dado cuenta de la sensacional naturaleza de las noticias que acababa de dar, Dumbledore no dijo nada más sobre cambios en el profesorado, sino que esperó unos segundos para asegurarse un silencio absoluto antes de continuar.
‘Ahora, como todo el mundo en esta habitación sabe, Lord Voldemort y sus seguidores andan sueltos de nuevo y están ganando fuerza.’
El silencio se volvió más tenso mientras Dumbledore hablaba. Harry dirigió su mirada hacia Malfoy. Malfoy no estaba mirando a Dumbledore sino haciendo levitar su tenedor con su varita, como si las palabras del director no fueran merecedoras de su atención.
‘No puedo poner suficiente énfasis en lo peligroso de la actual situación ni en cuánto cuidado hemos de tener cada uno de nosotros aquí, en Hogwarts, para asegurarnos de permanecer a salvo. Las fortificaciones mágicas del castillo han sido reforzadas durante el verano, estamos protegidos de formas nuevas y más poderosas, pero debemos guardarnos escrupulosamente de la falta de cuidado por parte de cualquier estudiante o miembro del personal. Os urjo, por tanto, a acatar cualquier medida de seguridad que vuestros profesores pudieran imponeros, por muy molesta que os parezca, particularmente, en lo relativo a no estar fuera a deshora. Os imploro que, en caso de que notarais cualquier cosa extraña o sospechosa dentro o fuera del castillo, lo notifiquéis de manera inmediata a algún profesor. Confío en que os comportéis con la mayor consideración hacia vuestra seguridad y la de vuestros compañeros.’
Los ojos azules de Dumbledore barrieron el Gran Comedor antes de que sonriera de nuevo.
‘Pero, ahora, vuestras camas esperan, tan cálidas y confortables como podáis imaginar y soy consciente de que vuestra mayor prioridad es haber descansado adecuadamente para las clases de mañana. Digamos, por tanto, buenas noches. ¡Pip, pip!’
Con el habitual, y ensordecedor ruido de los bancos al deslizarse hacia atrás, cientos de estudiantes comenzaron a desfilar fuera del Gran Comedor hacia sus dormitorios. Harry, que no tenía ninguna prisa en mezclarse con la adormilada multitud, ni acercarse lo suficiente a Malfoy como para permitirle volver a relatar la historia del aplastamiento de su nariz, se quedó atrás fingiendo atar los cordones de sus zapatillas de deporte y permitiendo a la mayoría de los Gryffindors alejarse. Hermione se había precipitado hacia adelante para cumplir sus deberes de prefecta y guiar a los de primer año, no obstante, Ron permaneció con Harry.
‘¿Qué le ha pasado, de verdad, a tu nariz?‘ le preguntó una vez que se encontraron muy al final de la multitud que empujaba para salir del Gran comedor y muy lejos de cualquiera que pudiera escuchar.
Harry se lo contó. La fuerza de su amistad se vio reflejada en que Ron no se riera.
‘Vi a Malfoy bromeando con algo sobre una nariz,‘ se lamentó.
‘Sí, bueno, qué más da,‘ dijo Harry amargamente. ‘Escuché lo que estaba diciendo antes de que se diera cuenta de que estaba allí.’
Harry había esperado que Ron se quedara asombrado por los alardes de Malfoy. Sin embargo, Harry lo consideró pura cabezonería, Ron no pareció nada impresionado.
‘¿Cómo sabes que Voldemort no necesita a alguien en Hogwarts? No sería el primero …’
‘Me gustaría que dejaras de decir ese nombre, Harry,‘ le reprochó una voz a su espalda. Harry miró sobre su hombro para ver a Hagrid negando con la cabeza.
‘Dumbledore usa ese nombre,‘ se reafirmó Harry.
‘Sí, bueno, es Dumbledore ¿no?‘ dijo Hagrid misteriosamente.
‘¿Cómo te las has arreglado para llegar tarde, Harry? Estaba preocupado.’
‘Me retrasé en el tren,‘ dijo Harry. ‘¿Por qué llegaste tarde tú?’
‘Estaba con Grawp,‘ dijo Hagrid alegremente. ‘Perdí la noción del tiempo. Tiene una casa nueva en las montañas, Dumbledore lo arregló … una cueva grande y bonita. Es mucho más feliz de lo que era en el bosque. Estábamos teniendo una agradable charla.’
‘¿De verdad?‘ dijo Harry poniendo cuidado de no mirar a Ron; la última vez que había visto al medio-hermano de Hagrid, un cruel gigante con un especial talento para arrancar árboles de raíz, su vocabulario se había reducido a cinco palabras, dos de las cuales no podía pronunciar correctamente.
‘Sí, ha mejorado mucho,‘ dijo Hagrid orgullosamente. ‘Os sorprenderíais. Estoy pensando en enseñarle para que sea mi ayudante.’
Ron resopló con fuerza pero pudo hacerlo pasar por un estornudo violento. Habían llegado ya al lado de las puertas de roble de la entrada.
‘De todas formas, os veré mañana, la primera clase justo después de comer. Venid antes para que podáis saludar a Buck … es decir, Alasmarchitas.’
Levantando el brazo alegremente en señal de despedida, salió por las puertas y se internó en la oscuridad. Harry y Ron se miraron. Harry podría asegurar que Ron estaba experimentando el mismo presentimiento.
‘¿No vas a coger Cuidado de Criaturas Mágicas, verdad?’
Ron negó con la cabeza.
‘Ni tú tampoco, supongo.’
Harry negó también.
‘¿Y Hermione?‘ dijo Ron. ‘Ella tampoco, ¿no?’
Harry volvió a negar con la cabeza. Lo que iba a decir Hagrid exactamente cuando se diera cuenta de que sus tres estudiantes favoritos habían dejado su asignatura, no quería ni pensarlo.